por pcollazo | Mar 12, 2016 | En pocas palabras, Premiados
– Vivir del cuento, eso pretende la muy zorra– dice mi madre cuando llegamos a la iglesia.
– Siempre tan mal pensada – murmura papá.
Mi madre me lleva ante la novia que espera para entrar.
– Pero qué guapa… Dale un beso, cariño – me empuja hacia la mujer.
Retrocedo aterrado. Cuando digo que las zorras me dan miedo y que no la quiero besar, me cae tal cachete que termino con la pajarita en la nuca.
Suena la música. Mi madre, tan roja como su vestido, me coge de la chaqueta, y con los pies colgando, me obliga a entrar.
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por pcollazo | Feb 27, 2016 | En pocas palabras, Premiados
Llamar a la puerta para demostrarle respeto, y entrar aunque ella no conteste.
Pronunciar dos o tres frases condescendientes al bulto tembloroso bajo las cobijas, para terminar destapándola con una orden: Levántate.
Abrazarla consolando sus interminables lágrimas y propinarle un tirón de pelo cuando ella no pueda evitar un gesto de rechazo.
Pedirle que se siente para hablar tranquilamente, y empujarla sobre la cama cuando ella lo mire como si no entendiera su idioma.
Acariciarle los hombros, el pelo, la cara, para aparcar las manos cerradas sobre su cuello cuando ella se niegue a mirarlo a los ojos otra vez.
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por pcollazo | Feb 26, 2016 | En pocas palabras
En época de poda, recortábamos los rascacielos, emparejábamos las antenas más altas, recogíamos las torres, los esqueletos de metal que iban cayendo sobre las calles, sobre las azoteas de los edificios más bajos, y dejábamos las ciudades listas para volver a brotar.
Era un trabajo agotador, porque requería permanecer inclinados durante horas y horas y los riñones se resentían. Pero el jefe no nos permitía descansar. Decía que éramos pocos para la cantidad de tarea que se acumulaba, y que no había tiempo para distracciones.
En la primavera, cuando en las ventanas de los edificios, los brotes empezaban a abrirse, era necesario no descuidar el riego. Estar atentos para evitar que una helada a destiempo lo malograra todo.
Pero la peor, era la época de la cosecha. Recoger con sumo cuidado los frutos que colgaban de los huecos de las ventanas, o se movían inquietos por las calles, o se escabullían veloces en las bocas de metro. Era un no parar de acarrear cubas y cubas repletas de ruidosos seres. Hombres trajeados, mujeres con tacones, niñeras con sus carritos de bebé, niños que iban al colegio. Todos mezclados, aplastándose entre sí, pugnando por escapar.
Los llevábamos ante el jefe y el decidía cuáles eran adecuados para sembrarlos en los nuevos terrenos, y cuales había que desechar arrojándolos al mar donde se convertían en comida para las gaviotas.
Después había que aplastar a los aptos, ponerlos a secar y dejarlos caer sobre la tierra expectante. Transcurrían años hasta que empezaban a echar tallo e iban pasando de ser un caserío modesto a convertirse en una aldea, un pueblo, una pequeña ciudad, para terminar siendo una urbe.
Yo, a veces me quedaba con algunos frutos en los bolsillos, y sin que el jefe lo supiera los llevaba a casa, donde mis padres los criaban en el pequeño terreno del fondo. Como ganado daban mucho mejor resultado que como cultivo. Era cuestión de saber cuidarlos. Lo cierto es que en casa jamás faltaron los chuletones y el jamón.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Joshua Flint:

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por pcollazo | Feb 25, 2016 | En pocas palabras, Noticias
Durante las últimas semanas he participado en este certamen con mucha ilusión. Me ha tocado quedarme con el trofeo de campeona, pero estoy segura de que no era la única merecedora. He leído muchos textos fabulosos, me he reído, he llorado y he pensado mucho, porque hay que ver los temas con los que se sale esta gente a la hora de escribir. Y cuando digo esta gente, me refiero a mis amigos y compañeros de ENTC (Esta noche te cuento). No puedo más que agradecer a todos: participantes, organizadores, jurados y otros amigos de ENTC que sin participar en la copa han estado leyendo y apoyando a los protagonistas. Y los protagonistas hemos sido todos. No sólo los que hemos ido pasando de ronda en ronda, sino todos los que hemos puesto ganas e ilusión en una competencia limpia y amistosa.
Quiero hacer un resumen de mi paso por la copa, porque creo que gracias a la motivación y las consignas que nos han regalado los organizadores, he escrito textos que no creí nunca que iba a escribir. He cambiado, y he vuelto a ser yo. ¡Cómo no voy a estar agradecida!
Primera ronda
La consigna: una fotografía de Chema Madoz

Camaleón
Toda la vida camuflándose como un camaleón, decía mi madre cuando hablaban de papá. Mi tía asentía con pena. Yo no entendía. Mi padre nunca cambiaba de color.
Tan perfecto que perdía aceite, se sorprendía mi tía.
Eso es mentira, mi padre es muy limpio, saltaba yo. Confinado a mi cuarto.
Ellas seguían cuchicheando mientras yo recordaba la gabardina de papá. Siempre impecable. Lloraba hasta dormirme. Y soñaba que mi padre llevaba una gabardina manchada de aceite y se camuflaba contra una pared mugrienta para poder verme. Entonces corría a abrazarlo y me ensuciaba también. Pero no me importaba.
Segunda ronda
La consigna: incluir estas tres palabras ÚLTIMO / AMAESTRAR / POLVO (cualquier tiempo, género o número)

Omnívoros
Mi hermana Lucía se jacta de haber amaestrado a nuestros peces de colores para que muevan sus colas al verla. Lo cierto es que saben que ella les da de comer. Por cada pizca de ese hediondo alimento que les echa sobre el agua, se traga otra. Es su secreto, pero yo lo sé.
Como sé que mi hermano Luis desayuna el polvo que se acumula bajo el frigorífico, y que mi madre engulle telarañas cuando cree estar sola.
Ignoro si lo hacían antes de que papá y yo muriéramos intoxicados el último invierno. Pero supongo que no.
Tercera ronda
La consigna: un título muy coplero “La lumbre de tu cigarro”

La lumbre de tu cigarro
– ¿Papá, vienes a dormir?
– Ahora, cariño.
Me acurruco bajo las cobijas plagadas de letras. Titulares, anuncios, horóscopos. He encontrado un tesoro de esos que nos obliga a trasnochar a la lumbre de tu cigarro ¡Un crucigrama!
– Aries – simulo leer cuando entras en nuestra casa de cartón – Hoy: sorpresa cuadriculada.
Tu rostro adusto se ilumina. Del bolsillo extraes nuestro preciado boli. Sentada sobre tus piernas, digo el nombre del río de Italia (dos letras) y la lengua provenzal (cinco vertical). Tu cigarro se consume, la modorra me abraza. Con delicadeza me cubres con una capa espesa de periódicos.
Cuarta ronda
La consigna: una fotografía de José Francisco Álvarez

Piedra libre
En la plaza, todos miran hacia arriba esperando el pregón. Con mis primos jugamos a las escondidas entre las piernas de los adultos. Mi madre ha prometido llevarnos a la feria cuando termine la parte aburrida. Me toca contar. Ojos cerrados, apoyo la frente sobre su bolso. Me giro. Solo veo pantalones, zapatos, cinturones, bolsos. Me cuelo entre unas piernas abiertas, otras, otras más. Desde un extremo, alguien me hace señas para que me acerque. Creo que me dará una pista para encontrarlos. En cambio, coge mi mano prometiendo llevarme a la feria.
Pronto comprendo que nunca lo hará.
Semifinal
La consigna: agregar un capítulo a un clásico “Alicia en el país de las maravillas”

La cebra cabreada
– ¡Eh, niña!
Alicia giró topándose con una cebra de rayas rojas. Dio un respingo.
– ¿Nunca has visto una cebra?
– Sí, pero…
– Haberte girado al otro lado, para ver a la cabra.
Alicia probó. Giró a derecha e izquierda: cebra, cabra, cebra, cabra.
Prefirió a la cebra.
– ¿Por qué rayas rojas? – preguntó.
– A preguntas necias, oídos tontos
– Será sordos…
– Tontos…
– Sordos…
La cebra se convirtió en cabra. Bufaba enfadada, cuando llegó el conejo.
– ¿No sabes que no debes hablar con extraños?
Llevo haciéndolo todo el día, pensó Alicia. Y lo siguió.
Final
La consigna: el cuento debe terminar con la frase “vivíamos todos en la misma casa”.

Desahucio
Hay que recibirlos como se merecen, decía mamá. Y empecé a dormir en el sofá. Mi primo Arturo y sus padres se convirtieron en dueños de mi reino de ponis y princesas, que fueron desterrados al sótano.
La crisis, decía la abuela, que había ocupado el cuarto de la plancha con su altar lleno de vírgenes y velas. Ser solidarios, repetía papá cuando yo protestaba porque no me dejaban ver la tele.
Lo único bueno era que no me podrían castigar por lo del tío. Siempre decían que no debía permitir que una persona ajena me tocara, y ahora ya vivíamos todos en la misma casa
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por pcollazo | Feb 22, 2016 | Noticias
El sábado 20 de febrero, he tenido la suerte de participar en la I Maratón de microrrelatos Valencia escribe – Massalfassar. Ha sido una experiencia extraordinaria. Escribir en un tiempo limitado (20 minutos), un texto con determinadas pautas (un comienzo dado o un final) es un juego muy divertido. Y si juegas a un juego que te gusta en muy buena compañía, pues mucho mejor.
He podido conocer personalmente a gente cuyas letras admiro, me asombran, y me dan un poco de envidia también. Rafa Olivares, Juan Pérez y Nicolás Jarque (que oficiaba de anfitrión) hicieron que no me importara caer en la segunda ronda.

Os dejo links a los dos textos con los que he participado en la maratón.
Primera ronda: un microrrelato que comience con la frase “Estaba perdidamente enamorado de ella” Ecuación de primer grado
Segunda ronda: un microrrelato que termine con la frase “Que sea lo que dios quiera” No por mucho madrugar
Me he traído de Valencia el alma llena de buenos momentos, la alegría de comprobar que mis admirados compañeros son de carne y hueso, y este madroño que ya he plantado en mi balcón y que siempre me recordará esta aventura. ¡Gracias Valencia Escribe! Y el año que viene, quiero más…

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