El día del apagón, del móvil que llevaba años sobre un mueble me brotó un hermano. Pelo enmarañado, mirada perdida. Supe quién era porque mamá corrió a abrazarlo y papá le reprochó desaparecer sin avisar.

Se sentó en el sofá. Mamá le hizo un sándwich. Él lo devoró en silencio. Dio un respingo cuando me acerqué y le aparté el pelo con curiosidad. Detrás de la maraña creí ver algo familiar. Tú has de ser la bebé, ¿no? Asentí, aunque ya tengo siete. Me senté en sus rodillas y estuvo cantándome arrorrós hasta que regresó la luz y tuvo que volver a marchar.