Médico – Nanorrelato finalista en el certamen «Con pocas palabras basta»

Médico – Nanorrelato finalista en el certamen «Con pocas palabras basta»

Llegaba a casa con el corazón estrujado. Pero cada mañana lo planchaba con esmero para entregarlo en la siguiente guardia.

Hoy me han comunicado desde la Biblioteca Municipal de Villamalea, que mi nanorrelato «Médico» ha resultado finalista en su certamen «Con pocas palabras basta». Se trataba de escribir un relato de entre 10 y 20 palabras que tuviera como temática la pandemia de Coronavirus.

Muy agradecida al jurado y a la organización, que me ha tratado con mucho cariño.

El maestro rojo

El maestro rojo

Como a todos, lo llevamos al frontón para fusilarlo. Pidió beber un poco de agua. Un último deseo algo extraño, pero el sargento accedió. Otros pedían un cigarro, un beso de alguna mujer que sollozaba entre el público, y hasta apelaban a la piedad del sargento, que no tenía ninguna.

Le acercaron un cazo de metal, dejó caer un buen chorro dentro de su boca, hizo una especie de gárgara y luego escupió.

Era el maestro del pueblo. Algunos chavales lloriqueaban en primera fila. Nosotros solo esperábamos que nos ordenaran disparar.

—Tus últimas palabras —exigió el sargento.

El reo empezó a hablar, hablar, hablar…

Explicó la regla de tres simple, la compuesta. Recitó los nombres de todos los ríos de España de norte a sur. Conjugó el verbo vivir en todos los modos, tiempos y personas. Repasó las reglas de acentuación de las palabras llanas, agudas y esdrújulas.

Cada vez que el sargento levantaba la mano en ademán de interrumpirlo lo conminaba con gesto severo a volver a su pupitre.

Siguió con todas las tablas de multiplicar, los nombres de los polígonos regulares, las partes de la célula y la clasificación de los seres vivos.

El cura se durmió, el pelotón se dispersó, los soldados rasos ascendimos y el sargento se jubiló. Pero él allí sigue dando clases desde el 36. 

Redacción tema libre

Redacción tema libre

Mi profe se llama Ana. Casi nunca nos manda redacción tema libre. Supongo que porque cuando lo hace la volvemos loca preguntando sobre qué podemos escribir.

Yo estaba esperando que algún día lo hiciera para poder escribir sobre ella. Esta vez no fue ella quien nos la puso, sino la profe del otro quinto, que la está reemplazando. Es que Ana sigue pachucha. Eso dijo la directora y bajó los ojos cuando pregunté si iba a tardar mucho en volver.

Porque yo quiero que sea Ana la que me corrija esta redacción, porque Ana es la única profesora mágica del mundo. Y, además, si tengo alguna falta, me la marcará, pero no me bajará puntos. Porque ella dice que lo más importante de una redacción es que nos dejemos llevar, que escribamos todo lo que se nos ocurra y que no atemos a la imaginación.

Por eso, yo imagino que la profe Ana es mágica. Y tiene poderes secretos. Porque siempre sabe responder a todo lo que le preguntamos y nunca se enfada.

Cuando nos recibe por la mañana sabe cómo ha dormido cada uno: choca los cinco de Lucas, que se cree muy mayor. Nos abraza a los que sabe que nos gustan los achuchones. Revuelve pelos. Acomoda camisetas, les hace bromas a los que traen cara de dormidos y sobre todo sonríe. Siempre sonríe.

Después, si por ejemplo toca mates, nos explica los problemas con tanta gracia, que no parecen problemas. Y al acabar siempre nos dice que todos los problemas tienen solución y si no, dejan de ser problemas. Eso es verdad, ¿no? Porque, que la profe Ana esté enferma es un problema. A mí no me gusta no verla cada día. Y su solución es muy fácil: que se mejore y venga a clase. Y lea esta redacción y sonría, pero no como hace cuando llegamos a la mañana, sino de esa otra forma que usa cuando alguien responde una tontería (por ejemplo, que la unidad fundamental de todos los seres vivos es la cédula) y ella le dice que se ha equivocado, pero que equivocarse es el primer paso para aprender.

Y no es que yo me esté equivocando: la profe Ana es mágica. Pero va a sonreír con su sonrisa de las equivocaciones, porque es la misma que usa cuando algo le da vergüenza, o cuando hay algo que no nos quiere decir. Como el último día, que antes de irnos dijo que no iba a poder venir a clase por un tiempo. Que tenía que pelear un poco contra unas células rebeldes. No con unas cédulas, claro. Eso no tendría ningún sentido. Nos dijo lo de las células, pero cuando le preguntamos si estaba enferma (que somos niños, pero no tontos), sonrió con su sonrisa de las equivocaciones, le brillaron los ojos y luego dijo que recogiéramos, que ya era hora de irnos a casa.

Ya llevo dos páginas del cuaderno y todavía no puse lo más importante: que a mi profe Ana la quiero hasta las nubes. Ahora me río, porque sé que cuando llegue aquí, a este renglón en el que estoy haciendo la mejor letra que tengo, se va a poner roja y va a levantar la vista y buscará mi mirada con una sonrisa. La de las equivocaciones. O la otra.

Entre los finalistas de diciembre de La Microbiblioteca

Entre los finalistas de diciembre de La Microbiblioteca

El de la Microbiblioteca es un concurso de referencia en el mundo del microrrelato.

Por eso es un honor y te llevas una alegría cuando te enteras de que uno de tus relatos ha llegado a las deliberaciones finales del jurado. Eso a pasado con mi Delivery en el mes de diciembre/2020.

El saber que un año más estaré entre las páginas de su exquisito recopilatorio anual es motivo de orgullo.

Gracias a La Microbiblioteca por la dedicación con que apoyan el género del microrrelato.

Delivery

Delivery

Esto no es lo que hemos pedido, dijo ella cuando desenvolvió la sábana y vio la carita del bebé. El futuro padre espió sobre su hombro y coincidió. No estaban preparados para criar un niño como ese. Dudaron. Llevaban años esperando ese niño que sería la joya de sus vidas y ahora les traían algo así…

La cigüeña, que aguardaba en el alféizar los diez minutos de cortesía, deseaba que al fin estos lo aceptaran. Llevaba semanas tratando de ubicarlo sin éxito, y cada vez pesaba más. Pero el hombre abrió la ventana y depositó el bulto junto a sus zancas. El ave atravesó con su largo pico el nudo en los extremos de la sábana y levantó vuelo. Otro encargo que tendría que dejar en el barrio de chabolas.

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