¿Me ayudas a alcanzar mi sueño REC?

¿Me ayudas a alcanzar mi sueño REC?

Aquí estoy, (¡otra vez! dirás y con razón) pidiéndote tu ayuda para alcanzar la final anual de Relatos en Cadena.

¿Por qué lo hago? Porque soy muy testaruda (eso ya lo habrás notado si me sigues hace un tiempo). Y también porque estoy rodeada de gente como tú, que me apoya, me alienta, me escribe diciéndome «te he escuchado». Y esa gente es muchísimo más numerosa e infinitamente más valiosa que algún personaje que, cargado de envidia, ha intentado hacerme bajar de este sueño en el pasado reciente.

Ya ves que a mí los obstáculos solo me hacen crecer. Y aquí estoy otra vez. Gracias a mí, que le pongo mucho empeño, pero gracias, sobre todo a ti, que me has hecho emocionar con tus mensajes de apoyo y has reforzado mis ganas y mi empuje.

He estado en las últimas cuatro finales anuales de Relatos en Cadena (aunque la última haya resultado fallida y me obligaran a bajarme unos días antes de llegar a la anhelada terraza). Contemos tres o contemos cuatro. El caso es que llevo cinco temporadas intentándolo. Desde entonces, he cumplido mi objetivo (llegar a la final anual) cuatro veces seguidas.

Pues aquí voy ¡a por la quinta! de la mano de mi relato Experta.

Uno de los votos que me ayudarán a llegar a esa final anual, es el voto popular. Que conseguiré si logro que mucha de la gente que me apoya, me vote. Como ya ha hecho en muchas ocasiones. Algo que nunca me cansaré de agradecer.

Si quieres apoyarme tienes que entrar a este link: https://escueladeescritores.com/concurso-votacion-rec/ y votar al Relato de la Semana 1 (siempre que te guste y además te guste más que los otros dos que son muy buenos). Al pie de la página verás los tres relatos.

Importante: si estás accediendo desde el móvil, ponlo en horizontal para que se vea bien toda la página.

Un voto, un empujón hacia mi sueño. ¿Cómo no te lo voy a agradecer?

En la primera final mensual de REC 2020/2021

En la primera final mensual de REC 2020/2021

Hoy, para empezar temporada, tuve la alegría de recibir la llamada de La Ventana. Alegría que se vio colmada cuando mi relato Experta consiguió pasar a la final mensual de Relatos en Cadena.

Como muchos sabéis, Relatos en Cadena es un concurso anual que organizan el programa La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.

Como mucho sabéis también, esto es un pequeño «desquite» para mí. Pero no me quedo con eso. Me quedo con que la perseverancia es en todo esto lo más importante.

Muchas gracias a tantas personas que me apoyan y me siguen y que siempre están allí para ayudarme a alcanzar mis sueños.

Podéis escuchar mi participación en este enlace a partir del minuto 40:12

Experta

Experta

Ese no es nuestro estilo de familia, masculla mi abuela cuando mamá dice que ya recogeremos la mesa mañana.

Entonces mamá, bufando, friega los platos y después se sienta a ver la tele.

Que cómo vamos a mirar esas series de tiros, protesta la abuela. Que los tiros, tiros traen y ya sabemos lo que pasa. Entonces mamá abandona resignada el sofá, se lava los dientes y se va a dormir sin escucharla sentenciar que, si te acuestas sin quitarte el maquillaje, amaneces momia.

La abuela se adueña del sofá farfullando que en esta familia nunca le hacemos caso. Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva.

Todo está en los libros

Todo está en los libros

Mamá decidió que este verano nos iremos de vacaciones al libro de geografía de mi hermano David. Él es mayor, y como ya terminó quinto, en su libro aparecen lugares con nombres raros y que quedan lejos, muy lejos.

David dice que él quiere irse a la sabana africana, que allí hay animales salvajes y se los puede ver de cerca. Pero a mi mamá le dan un poco de miedo los leones y esas cosas. ¿Qué os parece si nos vamos a Australia?, sugiere papá con el dedo marcando la página 53. Nos muestra una foto de dos koalas preciosos y casi logra convencernos, pero Laurita, la menor, es alérgica a los gatos y no sabemos si a los koalas también. ¿Los koalas son como gatos?, pregunto. No lo sé, pero tienen pelo y tu hermana no se lleva bien con tanto pelo, dice mi madre. La idea de Australia queda descartada.

¿Y si vamos al fondo del mar?, propongo entusiasmada cuando, avanzando páginas, aparece la fotografía de una costa. Son arrecifes de coral, dice David con su voz de sabelotodo. Pero tampoco este destino nos cuadra. En el fondo del mar no se puede respirar, y las mascarillas se nos mojarían.

Terminamos yendo a un pueblo de Madrid que aparece en la página 87. No sabemos el nombre, no lo pone. Pero tiene callecitas angostas y al final, una plaza con fuente y todo.

Mamá opina que este año es mejor no irnos muy lejos. Que las cosas no están para grandes aventuras con la que está cayendo.

Eso lo dice porque el año pasado, que nos fuimos de vacaciones al libro de lengua de David, terminamos navegando en el barco de un tal Espronceda. Yo me mareé un montón y Laurita vomitó entre los diez cañones que tenía de un lado. Pero lo peor fue que papá tuvo que pelear con los piratas para que nos dejaran regresar a casa.

Y el anterior, en cambio, fueron unas vacaciones súper aburridas, la verdad. Como Laura era todavía bebé, nos fuimos a uno de sus libros de cuentos. Solo dibujos, nada escrito, todo rosa… Una lata. Un pato que hacía cuac, una rana que hacía croac, un cerdo que hacía oink. Esa era toda la diversión.

Esperemos que en el pueblo de Madrid las cosas sean un poco más tranquilas que en el barco pirata, pero más divertidas que en “La granja de Tobías”. Mala pinta no tiene. Según parece, hay un río que pasa cerca y además por las noches no hace tanto calor como en casa.

Mamá dice que se conforma con que no nos confinen. Pero yo me conformo con que podamos andar mucho en bici, con que vayamos a tomar un helado en la heladería que se ve al final de la plaza, y con que mamá, que nunca nos deja hacer cosas divertidas, nos permita llenar unos cuantos globos de agua de todos los colores en la fuente.

Con sacarina

Con sacarina

El técnico del lavavajillas se ha robado la espumadera, digo para ponerlo a prueba. Él asiente. Comprobado: no me está atendiendo.

La cuarentena ha hecho estragos en la poca comunicación que teníamos. Ya no puedo sostener más esta situación. No consigo respirar y un viaje con fecha de inicio y sin fecha de fin, es justo lo que necesito en este extraño verano de nueva normalidad.

Me cuesta decírselo, pero sé que mientras deslice palabras domésticas, pondrá el piloto automático de escuchar. Me lanzo.

—Llevamos, detergente, cinco años juntos. El microondas ha sonado, debo marchar. Me he cansado de tus cucharadas de indiferencia, de que mi carrera encebollada sea menos importante que la tuya. He descolgado la ropa de la cuenta común. He aumentado su escote, llevándome hasta el descubierto. Espero que no te importe barrer las migas que han quedado allí. Todavía temo herirte con un abrelatas si te digo esto sin mascarilla. Me voy bayeta en mano. Aquí te quedas, con sacarina. Apaga el horno al salir.

Asiente otra vez sin mirarme. Arrastro la maleta hasta la puerta, mientras él protesta un penalti no cobrado gritándole al televisor.

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