En la final mensual de REC (otra vez)

En la final mensual de REC (otra vez)

Hoy ha sido uno de esos lunes que más que lunes parecen domingos o sábados.

La mañana empezó con una llamada de la Escuela de Escritores, para decirme que tenía dos relatos en la final semanal, y debía quedarme con uno. Así, sin consultar con la almohada, tuve que elegir entre dos hijos: Cuatro mentiras o Herencia. Y elegir entre dos hijos es muy complicado. Que uno es más guapo, pero el otro más inteligente, pero mira los ojitos que pone este, ¿y qué me dices de la sonrisa pícara del otro?

Me decidí por Herencia, y tuve la suerte de que me llevara hasta la final mensual de Enero.

Pinchando Aquí (desde el minuto 38) podéis escuchar cómo fue todo.

¡Gracias a tanta gente que como siempre ha estado apoyándome y me ha enviado tantos mensajes cariñosos!

PD: en unos días nueva campaña para pediros el voto 🙂

Herencia

Herencia

Le obligaron a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos.

—Yo no puedo hacerme cargo.

—Yo menos aún, Ricardito es alérgico.

Luna giraba sus atentas orejas mirando a uno y otro.

Llamaron a la puerta.  Ladró. Tal vez él hubiera regresado. Pero no. Él nunca llamaba, él ponía la llave en la cerradura de un modo inconfundible.

Un hombre con olor a madera y hojas entró diciendo algo sobre llevarse muebles.

—¿Usted no la querrá?

El hombre negó con la cabeza.

—Entonces no quedará otro remedio —dijo alguien mientras la cogía en brazos y la sacaba de su casa, sin darle tiempo a olisquear por última vez los zapatos vacíos.

Cuatro mentiras

Cuatro mentiras

Le obligaron a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos de trabajar en el campo. El mayor los señaló con gesto despectivo.

—Tú ya no estás para estas cosas, papá

El pequeño pronunció sin reparos:

—Ni para estar solo en esta casa

Y la del medio agregó:

—Los niños estarán felices si vienes a vivir con nosotros.

Una, dos, tres mentiras: Había trabajado todo el día; no estaba solo, ella seguía en la casa; y para los chavales no era más que un viejo cascarrabias.

Pronunció la cuarta: cuando vuelva, no quiero veros aquí. Luego se puso en pie para ir al granero a dar de comer a las gallinas.

Epílogo azul

Epílogo azul

Los sorprendí a punto de sentarse a cenar. La fuente sobre la mesa estaba llena de perdices. Ella aún tenía ese brillo de estrellitas en la mirada y canturreaba las notas de un vals. Él había dejado la impecable chaqueta azul tirada con desidia sobre el sofá. Ella le sugirió que la colgara en su lugar. Él dijo desconocer cuál era tal sitio. Ella le explicó que su estatus de príncipe había caducado. Y que el azul de su sangre no lo eximía de sus obligaciones. Él, ofendido, hizo un comentario dando a entender que es evidente que un beso no hace princesa a nadie. A lo que ella replicó que el que nace rana, rana se queda. Él masculló un real insulto. Ella hizo añicos su zapato de cristal contra la mesa.

Cerré el libro. Nunca debí seguir leyendo más allá de la palabra Fin.

Relato seleccionado en la convocatoria Azul de Esta Noche te Cuento

En la primera final semanal 2020 de REC

En la primera final semanal 2020 de REC

Los deseos son a veces intangibles. Y es cierto que cuando obtenemos lo deseado, deseamos más.

En este caso, no puedo negar que me hubiera gustado que mi relato Deseos pasara a la final mensual de enero. Pero cuando lo escribí, me conformaba con que estuviera en la final semanal. Y ahí estuvo. Y lo cierto es que no me puedo quejar.

No tengo derecho a hacerlo después de haber estado en tres de las cuatro finales semanales de diciembre, en la mensual de diciembre y completar récord con esta primera semanal de enero.

Agradezco a La Ventana y a la Escuela de Escritores esta excusa que me obliga a escribir y a intentar superarme cada semana. Y a toda la gente que me acompaña antes, durante y después del programa. Personas que siempre tienen palabras de apoyo y de cariño y que hacen que todo valga la pena.

¡A seguir intentándolo!

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