Segundo premio en el I Certamen de Relatos Cortos IGUÑA – ANIEVAS

Segundo premio en el I Certamen de Relatos Cortos IGUÑA – ANIEVAS

Viaje relámpago a Cantabria para conocer a un grupo de gente por el que valieron la pena los kilómetros.

El Movimiento Cultural Iguña está formado por habitantes de ese fantástico valle Cántabro que tienen muchas cosas por aportar y lo hacen.

Ha sido un honor y un placer que mi relato Todo está en los libros obtuviera el Segundo Premio en el Primer Certamen de Relatos Cortos Iguña – Anievas organizado por este movimiento cultural con el apoyo de los ayuntamientos del valle y el gobierno de Cantabria.

Gracias Víctor por el trato cercano y cariñoso. Gracias Pauli por presentarme. Gracias a cada uno de los integrantes de la Asociación que han trabajado con mucho empeño para organizar un acto tan especial. Gracias a los alcaldes y a la Delegada del gobierno de Cantabria que me entregó el premio. A Paz y Miguel que unieron su música con la literatura haciéndonos pasar un rato espectacular. Gracias a la lluvia que se esperó hasta que terminara el evento. Pero sobre todo, gracias a todos y cada uno de los habitantes del valle, por ser tan acogedores, por compartir vuestra casa y abrirla para que muchos más tengamos la suerte de conocerla.

https://www.eldiariomontanes.es/region/besaya/cerca-relatos-lema-20210515130541-nt.html

Todo está en los libros

Todo está en los libros

Mamá decidió que este verano nos iremos de vacaciones al libro de geografía de mi hermano David. Él es mayor, y como ya terminó quinto, en su libro aparecen lugares con nombres raros y que quedan lejos, muy lejos.

David dice que él quiere irse a la sabana africana, que allí hay animales salvajes y se los puede ver de cerca. Pero a mi mamá le dan un poco de miedo los leones y esas cosas. ¿Qué os parece si nos vamos a Australia?, sugiere papá con el dedo marcando la página 53. Nos muestra una foto de dos koalas preciosos y casi logra convencernos, pero Laurita, la menor, es alérgica a los gatos y no sabemos si a los koalas también. ¿Los koalas son como gatos?, pregunto. No lo sé, pero tienen pelo y tu hermana no se lleva bien con tanto pelo, dice mi madre. La idea de Australia queda descartada.

¿Y si vamos al fondo del mar?, propongo entusiasmada cuando, avanzando páginas, aparece la fotografía de una costa. Son arrecifes de coral, dice David con su voz de sabelotodo. Pero tampoco este destino nos cuadra. En el fondo del mar no se puede respirar, y las mascarillas se nos mojarían.

Terminamos yendo a un pueblo de Cantabria que aparece en la página 87. Se llama Iguña y es precioso. Tiene callecitas angostas y al final, una plaza con fuente y todo.

Mamá opina que este año es mejor no irnos muy lejos. Que las cosas no están para grandes aventuras con la que está cayendo.

Eso lo dice porque el año pasado, que nos fuimos de vacaciones al libro de lengua de David, terminamos navegando en el barco de un tal Espronceda. Yo me mareé un montón y Laurita vomitó entre los diez cañones que tenía de un lado. Pero lo peor fue que papá tuvo que pelear con los piratas para que nos dejaran regresar a casa.

Y el anterior, en cambio, fueron unas vacaciones súper aburridas, la verdad. Como Laura era todavía bebé, nos fuimos a uno de sus libros de cuentos. Solo dibujos, nada escrito, todo rosa… Una lata. Un pato que hacía cuac, una rana que hacía croac, un cerdo que hacía oink. Esa era toda la diversión.

Esperemos que, en el pueblo de Cantabria las cosas sean un poco más tranquilas que en el barco pirata, pero más divertidas que en “La granja de Tobías”. Mala pinta no tiene. Según parece, hay un río que pasa cerca y además por las noches no hace tanto calor como en casa.

Mamá dice que se conforma con que no nos confinen. Pero yo me conformo con que podamos andar mucho en bici, con que vayamos a tomar un helado en la heladería que se ve al final de la plaza, y con que mamá, que nunca nos deja hacer cosas divertidas, nos permita llenar unos cuantos globos de todos los colores con el agua de la fuente.

Primer premio en el IV Certamen de microrrelatos Papel y Pluma

Primer premio en el IV Certamen de microrrelatos Papel y Pluma

Estos días he recibido una muy buena noticia. Mi microrrelato En sus zapatos ha obtenido el primer premio en el IV Certamen de microrrelatos Papel y Pluma.

Es un honor y me provoca mucho orgullo ser galardonada en mi ciudad, Alcobendas. Papel y Pluma es una asociación literaria que pone mucho esfuerzo en la difusión de la literatura y de la cultura. ¡Muchas gracias al jurado y a los integrantes de la asociación por vuestro trabajo!

En sus zapatos

En sus zapatos

Como muchas otras veces, llegaron de madrugada portando una caja de zapatos. Me tocaba trabajar. Recurrían a mis servicios cuando un caso se les atascaba y era demasiado peligroso dejar pasar más tiempo.

Dijeron que se trataba de un cruento asesino en serie con tendencias caníbales. Ponerme en sus zapatos no iba a resultar agradable. Pero era el único modo que tenían de dar con él. No me podía negar.

En cuanto los calcé percibí un ardor en la garganta. Necesitaba escupir. Los policías miraron horrorizados la oreja que vomité sobre la mesa del salón. Me ordenaron que me los quitara, pero no podía. Como tampoco podía sacarme de la cabeza esa idea de hacerle creer a la sargento que me sentía enfermo, para conseguir que se me acercara.  

La tienda de Amanda

La tienda de Amanda

Cuando abrió las puertas de su tienda en el centro del pueblo la novedad dio la vuelta por todas sus callejuelas y se extendió rápidamente hacia los pueblos vecinos. Ahora, ya ha alcanzado fama más allá de la comarca y suelen formarse largas colas en el exterior del local.

Amanda no es una emprendedora más. No ha montado una panadería, una zapatería, ni una floristería. Amanda ha montado la primera tienda de compra venta de sueños para mujeres. Y no es que haya otra tienda de este rubro para hombres, es que la suya solo atiende a mujeres.

Compra sueños de princesas, amores de película, idealizadas figuras masculinas… Paga bien por ellos si se tiene en cuenta que no los revende jamás. Los guarda en atiborrados álbumes escrupulosamente ordenados para facilitar su futura búsqueda, en caso de que una soñadora arrepentida regrese a por ellos. Eso no ha pasado nunca durante el año que lleva abierta la tienda. Pero es la garantía con la que Amanda atrae a su clientela.

Después de tantos años de cultivar sueños rosados, de mariposas flotantes y corazones tornasolados por doquier, a las mujeres no les resulta tan fácil desprenderse de ellos. Pero basta una visita a la tienda, un repaso por sus anaqueles morados donde se exponen los sueños en venta, unas recomendaciones vertidas por Amanda ajustadas siempre al perfil de cada clienta, como para decidirse a comprar.

Los sueños no se pagan con dinero, ese es el lema de la tienda y está pintado en grandes letras violetas en el escaparate. ¿Con tarjeta?, pregunta alguna despistada mientras curiosea el género. A lo que Amanda niega con énfasis. Para comprar nuevos sueños debes vender aquellos que se te han quedado desfasados, pequeños, aquellos que ni siquiera son tuyos, sino que alguien te los ha impuesto, les explica.

Por eso compra sueños tapones, sueños velo, sueños atascadores, de esos que no hacen más que impedir a sus dueñas crecer y realizarse.

Y les vende sueños que algunas hubieran creído imposibles si no los hubieran visto tan nítidos y alcanzables en las estanterías de Amanda.

Los sueños en venta están organizados por temas en varios pasillos. Está el pasillo de los viajes, el de las carreras profesionales, el de las relaciones igualitarias, el de las grandes aficiones, el de las vidas sin modelos familiares preestablecidos y. como no, el de las fantasías eróticas.

Las clientas los recorren y pueden ojear tantos sueños como quieran antes de decidirse por alguno. Incluso pueden comprobar qué tal les sientan utilizando los probadores habilitados.

No es fácil decidirse por unos pocos, pero gracias a la paciencia y buen hacer de Amanda, todas las mujeres salen satisfechas y cargadas de coloridas bolsas repletas de sueños.

Un sueño impuesto por modelos y tabúes, por un sueño abierto y libre a estrenar. Esa es la tarifa.

Algunos hombres han acusado a Amanda de estar estafando a sus mujeres. Alegan que es evidente que hay trampa, porque si los nuevos sueños se pagan depositando sueños anticuados (sueños que quedan almacenados y no generan dinero a la dueña de la tienda), ¿cuál es el negocio? ¿Cuál es la ganancia de Amanda?

Hasta ha habido denuncias interpuestas ante Consumo para que clausuraran el local con mil excusas burdas. Pero las autoridades no han encontrado motivo alguno para hacerlo.

¿Qué gana Amanda? La respuesta es tan sencilla que resulta imposible de ver para muchos. Para todos esos que se creen dueños de los sueños de las mujeres con las que comparten vida, de todos los que no conciben que ellas sean capaces de soñar libremente.

No pueden entender que el sueño de Amanda fue y sigue siendo empoderar a otras mujeres, cuantas más mejor, hacer que cada una encuentre el suyo propio y lo persiga. Y que ella solo está trabajando día a día para alcanzarlo.

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