Segundo premio en el XXII Concurso de Relato Corto del Ayuntamiento de Monturque

Segundo premio en el XXII Concurso de Relato Corto del Ayuntamiento de Monturque

El sábado 23 de abril he tenido el honor de recibir el Segundo Premio en XXII Concurso de Relato Corto del Ayuntamiento de Monturque.

La satisfacción me la ha dado mi relato Con el Moldava en los ojos, que en un lapso de tiempo muy corto fue premiado en dos concursos.

Conocía Monturque y el cariño con su gente recibe a los galardonados, ya que he tenido la suerte de resultar premiada en la edición de 2016. Por eso, sabía que me harían pasar una estupenda tarde y noche, tal como ocurrió.

Recibir este premio tiene el incentivo adicional de visitar en forma exclusiva y con la guía más acogedora, el patrimonio cultural de esta localidad, que incluye nada menos que un conjunto de Cisternas Romanas que se conservan en un estado impecable y a las cuales se puede acceder y recorrer su interior. Una verdadera joya localizada en esta localidad y que sorprende aunque ya se la conozca.

El acto de entrega de premios fue cálido y acompañado por el excelente hacer del pianista cordobés Juan Antonio Sánchez, que nos deleitó con unas estupendas piezas de aire flamenco.

Mi enhorabuena a Manuel Izquierdo, que fue galardonado con el primer premio, y para Mónica Fernández, que recibió el áccesit local.

Muchas gracias al Ayuntamiento de Cultura por mantener una iniciativa como esta, que apoya la cultura, y a cada una de las personas que nos acompañaron este día (¡gracias Guadalupe y Patricia!), porque nos habéis hecho sentir como en casa.

Entre los finalistas de Marzo de la Microbiblioteca

Entre los finalistas de Marzo de la Microbiblioteca


El de la Microbiblioteca es un concurso de referencia en el mundo del microrrelato.

Por eso es un honor y te llevas una alegría enorme cuando uno de tus relatos llega a las deliberaciones finales del jurado. Y si eso pasa por tercera vez en una temporada, pues, la alegría y el orgullo son más grandes.

Esta vez, mi relato Vuelo (puedes leerlo aquí) ha resultado finalista en el mes de marzo. Mi enhorabuena a Sara Coca que ha resultado ganadora del mes. Y también al resto de finalistas entre los cuales hay nombres queridos y admirados.

Gracias a La Microbiblioteca por el apoyo tan valioso al género del microrrelato.

Vuelo

Vuelo

Aunque ya se habían extinguido, su imagen permanecía palpitando en nuestras retinas y permanecíamos recostados en la hierba mirando el cielo. Entonces, mamá decía que no podíamos quedarnos dormidos a la intemperie, que el rocío nos haría mal a los pulmones. Así que papá nos aupaba uno a uno y nos metía en la tienda de campaña.

La imagen de las Perseidas nos servía de cuento de buenas noches y nos dormíamos sintiéndonos mayores por haber aguantado hasta tan tarde.

Papá salía de la tienda, abrazaba a mamá y se quedaban mirando un rato más el cielo.

—Al agosto de mis siete años: 1983 —especifico sin dudar al técnico de la máquina del tiempo.

Finalista en Esta noche te cuento – Convocatoria Fríos y Comienzos

Finalista en Esta noche te cuento – Convocatoria Fríos y Comienzos

Esta temporada de Esta noche te cuento, ha empezado con una gran alegría para mí. Mi relato «Atardecer en el balcón» ha resultado seleccionado en la primera convocatoria del año, lo que me garantiza formar parte del recopilatorio 2022. Una convocatoria en la que la consigna era escribir inspirándonos en el frío o en los comienzos o en ambos.

Siempre es un gran orgullo estar entre los escogidos porque el nivel de Esta noche te cuento es muy alto. Una comunidad de escritores con gran talento y con no menos compañerismo.

Gracias Jams por tanto trabajo hecho con tanto cariño, gracias al jurado en pleno y a todos los que conforman esta particular familia.

La alegría se multiplica al ver tantos nombres queridos acompañando mi relato como seleccionados o como menciones. ¡Enhorabuena a todos ellos!

Atardecer en el balcón

Atardecer en el balcón

—Está empezando a refrescar —dices con la mirada perdida en las fachadas de enfrente.

Y yo, que no lo había notado, siento un escalofrío en cuanto tu mano se posa sobre tu falda. Como una mariposa moteada que en pleno vuelo hubiera decidido morir.

No te desplomas, tus brazos no caen inertes. Ni siquiera apoyas el mentón sobre tu pecho. Con la hidalguía de siempre, mantienes la cabeza erguida. Sostenida por la pared de ladrillos del balcón, o por tu tozudez. No has cerrado los ojos, nunca admitirías perderte nada. Ni siquiera tu muerte.

Acerco mi oreja a tu boca para cerciorarme de que no respiras y entonces tengo que decidir entre perdonarte u odiarte un poco más. Entre llorar como toda hija debería hacer, o explorar esta alegría cargada de alivio que se va instalando entre mis costillas.

Me siento otra vez a tu lado, como cada uno de los seiscientos veinticuatro atardeceres que llevo cuidándote.

Tarareo una nana, de esas que me cantabas de pequeña. El único recuerdo bueno que guardo de ti. Luego me pongo en pie y de puntillas, no va a ser cosa que cambies de idea, entro en el salón y cojo el teléfono.

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