Finalista semanal en Relatos en Cadena

Finalista semanal en Relatos en Cadena

Ayer he tenido un lunes de los bonitos, de esos en los que recibes la llamada de La Ventana para invitarte a asomarte durante la final semanal de Relatos en Cadena.

Mi microrrelato Fragmentos resultó ser uno de los tres finalistas semanales entre 1272 propuestas, lo que ya significa un gran orgullo.

Esta vez no ha podido ser, pero estos lunes junto al sol de La Ventana, son siempre una alegría.

Gracias a mi amiga y compañera de aventuras Elena Bethencourt por esa frase de inicio que tanto juego me dio.

Pues… aquí seguiremos intentándolo…

En este enlace, el audio a partir del minuto 37

Fragmentos

Fragmentos

Sufriendo lo indecible por amor, mamá había recortado todas las fotografías en las que aparecía papá. Por eso, su rostro fue desvaneciéndose en mi mente. Había intentado retenerlo sin conseguirlo.

Llegada la adolescencia ya no lo recordaba con nitidez. Un bigote, una barba, ¿o era una perilla? Odié a mamá. Porque la adolescencia era el momento de hacerlo, y por robarme la posibilidad de cotejar mis recuerdos.

Mucho después, cuando ella murió, descubrí su otro álbum de fotografías. Ese en el que guardaba los fragmentos robados a las oficiales. Sentí pena por ella. Pero más, por el desconocido que me miraba solitario desde aquellas páginas.

Segundo Premio en el I Concurso de Microrelatos de la RedPAL

Segundo Premio en el I Concurso de Microrelatos de la RedPAL

El miércoles 6 de noviembre tuve la suerte de darme un paseo por la maravillosa Granada con una excusa fantástica: la entrega de premios del I Concurso de Microrelatos de la RedPAL.

El evento formó parte del II Encuentro de la Red de Cuidados Paliativos de Andalucía, por lo que estuvimos acompañados de muchos profesionales que se ocupan de acompañar y a ayudar a pacientes y familiares en cuidados paliativos.

El tema del concurso, relacionado con los cuidados paliativos, dio lugar a que el acto se llenara de emoción tras la lectura de los seis textos finalistas.

Una gran iniciativa que ayuda a visibilizar un tema importante: el acompañamiento de las personas que se acercan a la muerte, para ayudar a ellas y a sus familias a transitar el camino del mejor modo posible.

He tenido el honor de que mi relato Cerca del Polo se llevase el segundo premio. Y la recompensa extra de conocer a algunos miembros del jurado: Ezequiel Barranco y Rocío de Juan, y de compartir alegría con otras dos premiadas Elena y Mar (¡qué bueno es encontraros y conoceros!).

La gente de la organización nos ha tratado genial y nos ha hecho pasar una tarde muy especial. Gracias a todos ellos.

En este enlace se puede seguir la ceremonia de entrega: https://www.youtube.com/watch?time_continue=37&v=g0xJYLY6vkw

Cerca del Polo

Cerca del Polo

Salió, sigilosa, a estirar las piernas. Nacho dormía abrazado a su pingüino de peluche.

— ¿Podemos irnos de aquí, mamá? – había dicho, en uno de los momentos en los que la medicación le había dado una tregua – ¡Mi pingüino necesita hielo!

Encendió un cigarrillo. Apoyada contra la pared exterior del hospital, observó los canastos llenos de ropa limpia. Recordó que allí mismo estaban el día en que había llegado a Urgencias con la alegría del inminente nacimiento. Seis años después, Nacho otra vez allí, pero para morir. Al menos eso afirmaban los médicos de rostros adustos.

Sin pensarlo, sobre una silla de ruedas, apiló gran cantidad de sábanas y toallas blancas y comenzó a empujar hacia el ascensor.

Cuando Nacho despertó, en su habitación se había instalado el Polo Sur. Él y su pingüino palmearon de alegría.

Herencia

Herencia

—Yo no puedo hacerme cargo

—Yo menos aún. Ricardito es alérgico…

—No esperaréis que yo, con un piso de treinta metros cuadrados…

Luna giraba sus atentas orejas mirando a uno y otro. Esperaba que alguien pronunciara la palabra mágica.

Pero durante unos tensos minutos no hablaron. Sentados en los sillones, nadie palmeaba un hueco libre a su lado para invitarla a subir, como él hubiera hecho.

Llamaron a la puerta.  Sus ladridos no fueron bien recibidos. Tuvo la esperanza de que él hubiera regresado. Aunque él nunca llamaba, él ponía la llave en la cerradura de un modo inconfundible.

Un hombre con olor a madera y hojas entró diciendo algo sobre llevarse muebles.

— ¿Usted no la querrá? Es mansa y educada. Nunca hace pis adentro y…

Luna volvió a mirar a unos y otros sin entender por qué él no estaba allí. Por qué nadie pronunciaba su nombre. Por qué ese individuo la miraba y negaba con la cabeza.

—Pues entonces no quedará otro remedio —dijo alguien mientras la cogía en brazos y la sacaba de su casa, sin darle tiempo a olisquear por última vez las zapatillas vacías que estaban junto a la cama.

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