En época de poda, recortábamos los rascacielos, emparejábamos las antenas más altas, recogíamos las torres, los esqueletos de metal  que iban cayendo sobre las calles, sobre las azoteas de los edificios más bajos, y dejábamos las ciudades listas para volver a brotar.

Era un trabajo agotador, porque requería permanecer inclinados durante horas y horas y los riñones se resentían. Pero el jefe no nos permitía descansar. Decía que éramos pocos para la cantidad de tarea que se acumulaba, y que no había tiempo para distracciones.

En la primavera, cuando en las ventanas de los edificios, los brotes empezaban a abrirse, era necesario no descuidar el riego. Estar atentos para evitar que una helada a destiempo lo malograra todo.

Pero la peor, era la época de la cosecha. Recoger con sumo cuidado los frutos que colgaban de los huecos de las ventanas, o se movían inquietos por las calles, o se escabullían veloces en las bocas de metro. Era un no parar de acarrear cubas y cubas repletas de ruidosos seres.  Hombres trajeados, mujeres con tacones, niñeras con sus carritos de bebé, niños que iban al colegio. Todos mezclados, aplastándose entre sí, pugnando por escapar.

Los llevábamos ante el jefe y el decidía cuáles eran adecuados para sembrarlos en los nuevos terrenos, y cuales había que desechar arrojándolos al mar donde se convertían en comida para las gaviotas.

Después había que aplastar a los aptos, ponerlos a secar y dejarlos caer sobre la tierra expectante. Transcurrían años hasta que empezaban a echar tallo e iban pasando de ser un caserío modesto a convertirse en una aldea,  un pueblo, una pequeña ciudad, para terminar siendo una urbe.

Yo, a veces me quedaba con algunos frutos en los bolsillos, y sin que el jefe lo supiera los llevaba a casa, donde mis padres los criaban en el pequeño terreno del fondo. Como ganado daban mucho mejor resultado que como cultivo. Era cuestión de saber cuidarlos. Lo cierto es que en casa jamás faltaron los chuletones y el jamón.

 

Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Joshua Flint:

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