por pcollazo | Feb 17, 2017 | En pocas palabras
Tenía que deshacerse de esa manía de buscarlo todo en Google. Las cosas se le estaban yendo de las manos. Si buscaba canciones de amor, se enamoraba del primer tonto que se le cruzaba. El tonto estaba en su sofá y ella buscaba información sobre embarazos. Al día siguiente, se hacía el test y ahí estaba su bebé en camino. Entonces indagaba acerca de estimulación temprana, y su hijo, empezaba ese mismo día la escuela primaria. Inevitable investigar sobre enfermedades infantiles. Resultado: el niño padecía varicela, resfriado y otitis a la vez.
Cuando llegó del cole diciendo que tenía que llevar imágenes de Halloween, ella escribió “hallow” con dedos trémulos en la barra del buscador. No pudo terminar la palabra.
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por pcollazo | Feb 3, 2017 | En pocas palabras
– ¿Y si le aprietas la barriga no dice los colores o los números en inglés? – preguntó Nacho muy serio.
Adela rió ante la extrañeza con que el niño miraba los muñecos que había bajado desde del estante más alto del armario.
– Pues no, ni en inglés ni en chino
Nacho la miró contrariado.
– ¿Y para qué servían entonces?
– Pues para jugar, cariño. Tu madre se pasaba horas sirviéndoles té en pocillos de plástico o llenándoles las cabezas de cuentas y palabras mientras hacía de profesora.
Nacho los tocaba casi con reverencia. Eran tan serios, tan duros y olían a lavanda diluida en el tiempo. La muñeca de pelo negro era mucho más grande que el oso de pantalón pirata y que el muñeco de cara extraviada.
– ¿Y por qué no se les doblan los brazos?
– Tal vez no necesitan doblarlos. O los doblan solo en la imaginación de los niños que juegan con ellos
Nacho no parecía muy convencido.
– ¿Podemos sacarlos de la maleta?
– Claro, cariño
Aquella tarde Nacho se olvidó de mirar en la tele su serie favorita y no quiso hablar con su madre cuando llamó para saber qué tal se estaba portando.
– Dile que no puedo – le dijo a su abuela – tengo al oso con dolor de tripa y a los niños con fiebre. Creo que tendré que darles más medicina…
Adela lo observó ir y venir alrededor de la cama mientras tomaba fiebres con un cepillo de dientes, auscultaba corazones con los cascos del móvil y escribía palabras ininteligibles en el block de notas que le había pedido.
– El doctor Ignacio está muy ocupado, y sí, se está portando muy bien
Nacho sonrió a su abuela y le pidió que sostuviera la mano de la muñeca mientras le aplicaba una ´vacuna en el brazo con la jeringa de su dedo índice.
Cuando la muñeca comenzó a llorar y a removerse sobre la camilla, la tranquilizó con tono profesional, diciendo que ya faltaba poco.
– Gracias, enfermera – pronunció muy serio – Es un caso grave y aunque no le guste, había que darle esa vacuna.
– De nada, doctor. ¿Ha visto usted cómo ha doblado los brazos cuando la ha pinchado?
– Perfectamente, enfermera. Lo he visto perfectamente
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Rosa Martínez:

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por pcollazo | Ene 27, 2017 | En pocas palabras
Nos casamos en el patio de atrás el día después de cumplir siete. Juanpi dijo que eso significaba que sería suya para siempre. Al terminar la boda, para que no se me ocurriera irme con otro, me vendó los ojos y dijo que lo esperara allí, que se tenía que ir a ver mundo.
Tuve que quitarme la venda cuando mi madre vino a buscarnos para la cena. ¿Dónde está tu hermano?, preguntó. Me encogí de hombros. Llevaba dos horas contra la pared y me dolían los pies. Las gallinas me habían picoteado los dedos confundiéndolos con granos de maíz, tanta había sido mi inmovilidad.
¿Cómo que a ver mundo?, preguntó tres veces mi tía a quien mi madre había hecho venir. Otras cinco lo hizo mi tío, y un par más un policía de los de verdad. Con las idas y vueltas, perdí mi ramo de novia y terminé llorando. Mamá y la tía lloraban conmigo. No porque hubieran perdido sus ramos, sino porque no entendían a dónde había ido Juanpi.
El caso es que Juanpi no ha vuelto a aparecer. Todavía, dos meses después, sale de vez en cuando en las noticias y la gente lo busca por todo el barrio. Como si el barrio fuera el mundo.
No me atrevo a confesar que antes de que se marchara nos casamos. Pienso que me echarían la culpa. El tío siempre dice que el matrimonio es un error Y mi amiga Pili, que está mal que los hermanos se casen. Que es pecado.
Por eso tampoco a nadie he contado que Juanpi se fue con el hombre aquel que siempre nos observaba a la salida del cole y que a veces nos ofrecía caramelos que nunca aceptábamos. Porque no se debe aceptar caramelos de gente que no conoces. Mi madre siempre nos lo dice.
Escrito para los Viernes Creativos, sin adjetivos, y a partir de esta fotografía de Alessandra Sanguinetti:

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por pcollazo | Ene 20, 2017 | En pocas palabras
Al final, terminaba llevándolos a todos al horno. Los rubios, los morenos, los de orejas grandes, los charlatanes, los regordetes, los flacuchos, y por supuesto los pelirrojos, sus preferidos. Los condimentaba con un poco de sal o con canela en rama y dos o tres hojitas de laurel. A veces los rebozaba con huevo y harina, pero otras, cuando quería comer más liviano, se conformaba con filetearlos y echarles un poco de ajo y perejil.
Todos lo conocíamos como “el ogro comeniños” y nos cuidábamos muy mucho de provocar su ira. Pero no siempre lo conseguíamos. Cuando te tocaba, no había nada que hacer.
El padre Arturo venía a sacarte de la cama en mitad de la noche y te llevaba cogido de la mano al despacho de atrás. Tus compañeros cerraban con fuerza los ojos mientras desfilabas entre las camas. Un poco para no verte, y el resto para parecer dormidos.
Cuando todo terminaba, regresabas y como habías tenido que prometer silencio, contabas aquello del horno. Aquello de los filetes rebozados. Aquello de que era mejor no gritar para que no enfadar aún más al ogro comeniños. Y aunque todos sabían que estabas mintiendo, simulaban creer los embustes. Después de todo, de la chimenea alta del internado solía salir un humo negro. Después de todo, era comprensible que nadie quisiera ser el primero en contar la verdad.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Jim Kazanjian

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por pcollazo | Ene 17, 2017 | Noticias
Ayer, lunes 16 de enero, he tenido el honor de participar en el programa «Palabras en vuelo» organizado por «Escritores de Rivas» como finalista de su Certamen de Microrrelatos Palabras Engarzadas, con mi relato «Quimera«.
La consigna era escribir un microrrelato que incluyera las palabras: quimera, trazo, garra, huella, genio.
Ha sido una velada muy agradable en la que resultó triunfador mi amigo Ángel Sáiz Mora con un excelente relato.
Enhorabuena a Ángel y mi agradecimiento a Escritores de Rivas por haberme distinguido una vez más seleccionando mi texto como finalista.

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