Quimera

Quimera

Que mi hermano Toni termine la carrera es una quimera. Eso dice mi abuela. Pregunto qué significa quimera. Que Toni no es un genio y la ingeniería le queda grande, responde. Como una camiseta. Vamos, que ella no se lo cree.

Aunque la abuela dice que Toni pronto seguirá la huella de papá y nos abandonará, siempre está ahí. Él me enseñó a dibujar de un solo trazo circunferencias con compás, y me consoló diciéndome que nadie había puesto tanta garra como yo, cuando quedé último en la carrera intercolegial. Porque él estaba allí, y mamá trabajando. Y la abuela diciendo que cómo me apunto si no valgo para nada.

Pero hoy no. Hoy Toni no estaba. Cuando un policía llamó al timbre pidiendo hablar con mamá, Toni no estaba.

Que ya no volverá a estar, me dicen. Eso debe ser una quimera. Porque yo no me lo creo.

Puestas de sol

Puestas de sol

Mi madre fue siempre una optimista incorregible. Es capaz de encontrar el lado bueno de las peores cosas. Mi padre, en cambio, es el racional, el que tiene los pies sobre la tierra.

Cuando los cuadros de casa empezaron a desaparecer de las paredes, mamá nos dijo que papá los había llevado a la tintorería de cuadros para que los dejaran limpios y brillantes. Papá se los había llevado, sí, pero nunca regresaron. Como los muebles que uno a uno fueron saliendo de casa para no volver. Mamá decía que se habían ido una temporada de vacaciones, o que estaban en el hospital de muebles para que los repararan, o que habían salido a tomar el aire. Y nosotros, nos lo creíamos.

Lo más duro fue cuando desapareció la tele. Eso nos afectó a los niños. Acostumbrábamos a mirarla mientras merendábamos en la mesa de la sala. Pero ya no teníamos mesas ni sillas y tampoco tele. Mamá nos consoló diciendo que ya que tampoco teníamos techo, podíamos tomar la merienda recostados en el suelo y mirando las nubes. No estaba mal, después de todo. Solo que mis hermanas siempre veían flores y princesas y yo veía caballos y barcos piratas. Ni siquiera teníamos que pelearnos por elegir el programa que íbamos a mirar.

Un buen día,  se nos voló el balcón con todas las plantas de mi madre. Por un momento creí que se pondría llorar. Pero al final, sentada con los pies colgando, en el hueco que el balcón ausente había dejado en la sala, nos sentamos a contemplar el atardecer. Aplaudimos con gran entusiasmo cuando la esfera fulgurante fue posándose en los edificios y absorbida por las antenas parabólicas, se esfumó.

Todos menos mi padre, que cuando quedamos a oscuras, saltó desde el quinto piso y no regresó nunca más.

Ahora, todas las tardes, después de mirar las nubes, nos sentamos junto a mamá en el hueco del balcón, y mientras aplaudimos la puesta de sol, nos acordamos un poquito de él.

 

Quimera

Hogar

Al otro lado de la ventana, un caballito de madera, la chimenea encendida, mi goma Milán, biscocho de yogur, el delantal de mamá, las trenzas de Alicia, el cenicero de papá. Música en el tocadiscos, la piel blanca de Aurora, mis primeros vaqueros. Un abrazo apretado sobre mi uniforme de instrucción. Mi madre gritando “No piséis lo fregado”. Los envoltorios de navidad rasgados. Lágrimas emocionadas y cigarros de felicitación. Los zapatos de mis niños sobre el sofá con el inaudito consentimiento de los dueños de casa. Mi madre mirando sola la tele. Su sillón vacío.

Con los ojos nublados, alineo el cartel de “En venta”.

Quimera

Mayor

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina, mamá puso el grito en el cielo. Mi hermana Sara, sosteniendo aún las cerillas, la desafió a ir a buscarlo. Lo iba a necesitar. Mamá me dejó a cargo y salió por la ventana. Sara me sobornó con su mejor sonrisa batracia, todos sus helados del verano, y la mitad de sus porciones de turrón de navidad.

Cuando mamá regresó, las cosas se me habían ido de las manos. Sara usaba las cortinas chamuscadas como velo, y estaba a punto de casarse con nuestro hámster a quien había vestido de etiqueta envolviéndolo con la corbata de papá. Yo, que oficiaba de sacerdote, me quedé en blanco. A mamá volvió a escapársele el grito. Tuvo que ir de nuevo a por él.

Quimera

21 de diciembre

Como cada día, va directamente a la última página del periódico gratuito para leer el horóscopo. Amor: Estarás bien rodeado de las personas que te quieren. Disimula una carcajada porque está rodeado de gente, pero son todos desconocidos. Desde que se ha quedado sin trabajo su mujer lo ha abandonado y no le permite ver a los niños. Salud: mantén una dieta equilibrada. Dieta puede ser, pero equilibrada… Hace días que come arroz o pasta o pasta o arroz. Los escasos veinte euros que tiene en el bolsillo y que debe estirar hasta fin de mes, no le permiten más. Trabajo: sigue esforzándote y pronto ascenderás. Como no se refiera a la escalera de la oficina de empleos… Lleva cinco horas haciendo cola para que le sellen un papel. Tu número de la suerte:…  La fila empieza a avanzar.  Dobla el periódico y lo echa en una papelera. No lee el 543 que será el número que se llevará el premio gordo de la lotería de Navidad. Mejor. Él jamás invertiría sus últimos veinte euros en un décimo. Nunca ha creído en los horóscopos.