– ¿Y si le aprietas la barriga no dice los colores o los números en inglés? – preguntó Nacho muy serio.
Adela rió ante la extrañeza con que el niño miraba los muñecos que había bajado desde del estante más alto del armario.
– Pues no, ni en inglés ni en chino
Nacho la miró contrariado.
– ¿Y para qué servían entonces?
– Pues para jugar, cariño. Tu madre se pasaba horas sirviéndoles té en pocillos de plástico o llenándoles las cabezas de cuentas y palabras mientras hacía de profesora.
Nacho los tocaba casi con reverencia. Eran tan serios, tan duros y olían a lavanda diluida en el tiempo. La muñeca de pelo negro era mucho más grande que el oso de pantalón pirata y que el muñeco de cara extraviada.
– ¿Y por qué no se les doblan los brazos?
– Tal vez no necesitan doblarlos. O los doblan solo en la imaginación de los niños que juegan con ellos
Nacho no parecía muy convencido.
– ¿Podemos sacarlos de la maleta?
– Claro, cariño
Aquella tarde Nacho se olvidó de mirar en la tele su serie favorita y no quiso hablar con su madre cuando llamó para saber qué tal se estaba portando.
– Dile que no puedo – le dijo a su abuela – tengo al oso con dolor de tripa y a los niños con fiebre. Creo que tendré que darles más medicina…
Adela lo observó ir y venir alrededor de la cama mientras tomaba fiebres con un cepillo de dientes, auscultaba corazones con los cascos del móvil y escribía palabras ininteligibles en el block de notas que le había pedido.
– El doctor Ignacio está muy ocupado, y sí, se está portando muy bien
Nacho sonrió a su abuela y le pidió que sostuviera la mano de la muñeca mientras le aplicaba una ´vacuna en el brazo con la jeringa de su dedo índice.
Cuando la muñeca comenzó a llorar y a removerse sobre la camilla, la tranquilizó con tono profesional, diciendo que ya faltaba poco.
– Gracias, enfermera – pronunció muy serio – Es un caso grave y aunque no le guste, había que darle esa vacuna.
– De nada, doctor. ¿Ha visto usted cómo ha doblado los brazos cuando la ha pinchado?
– Perfectamente, enfermera. Lo he visto perfectamente
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Rosa Martínez:


Los niños y sus juegos, siempre dan mucho juego, nunca mejor dicho, aunque a ti te hace falta poco para sacar buen petróleo.
Un abrazo, Patricia
¡Gracias, Ángel!