por pcollazo | Sep 16, 2014 | En pocas palabras, Premiados
Para JFC, que me regaló su idea
Para última hora. Sin excusas. La voz de su jefe le retumba en los oídos. Surcos de sudor recorren su espalda bajo el mono engrasado. Los guantes le quedan grandes y la avería también. Repasa cada conexión, cada encastre. No encuentra el fallo. No entiende por qué el maldito motor… Esta vez ha hecho un ruido distinto al darle al contacto. Vuelve atrás paso a paso, deshaciendo el camino y probando. Sabe que está a punto de hallarlo y husmea el terreno como un sabueso. Estar a punto significa hora y media de asfixiante angustia. Las miradas de los compañeros, los pasos sentenciosos de su jefe, el silencio. Cuando lo encuentra, tiene apenas veinte minutos para armarlo. El sudor es un océano que baja desde su nuca y deriva en dos cauces idénticos por la parte posterior de las piernas. Ya está, jefe. Son las ocho y cuarto. Sus compañeros bromean junto a los grifos del fondo. Su jefe mira el coche con incredulidad.
Se quita los guantes, las paredes azules giran a su alrededor. Percibe las risas de los que compiten absurdamente por mojarse entre sí con el grifo abierto. Sin mirarlos, camina hasta su vestuario agradecida de no tener que compartirlo. Cierra la puerta y se deja caer usándola como respaldo. Una sonrisa asoma entre la maraña de pelo, grasa y sudor que le cubre el rostro.
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por pcollazo | Sep 13, 2014 | En pocas palabras
Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir, pero nos seguimos sentando en nuestros mullidos sillones para aplaudir a propios y abuchear a ajenos, sin importar lo que dijeran. No habíamos visto venir el primer estallido, y sin embargo nos acusaban de haber activado la bomba en aquel entonces lejano en que las burbujas sólo eran pompas de jabón y la gente se creía nuestras promesas de plenitud. Qué trabajo tan injusto, nos decíamos en charlas de pasillo, palmeándonos mutuamente las espaldas. No imaginábamos que la verdadera bomba, activada por indignados dedos, nos sorprendería una mañana de lunes aletargados en nuestros escaños. Tampoco a esa, supimos verla venir.
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por pcollazo | Sep 13, 2014 | En pocas palabras
Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, las botas sonaron agoreras sobre los adoquines. Las manos manchadas de tiza contuvieron el aliento cuando la orden marcial retumbó en el callejón. Sabían que vendrían a buscarlos, pero no pensaron que ocurriría tan pronto.
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por pcollazo | Sep 8, 2014 | En pocas palabras
Y regresé al cielo de mis rayuelas de infancia. Saltando a la pata coja pisé la nube dibujada con tiza. Y volví a montar en bici, a llenarme la boca de algodón de azúcar, a abrazarte con dedos pegajosos, y a gritar ¡mírame abuela, mírame! desde lo alto del tobogán más alto. Recordé cuando mirábamos esa estrella desde donde el abuelo nos cuidaba. Ojalá pudiera pensarte en una luz titilante, o en un cielo de tiza. Pero en el camino he perdido tu mirada. Y ahora, que la noticia me alcanza como un disparo traicionero, no recuerdo cómo se hacía para llorar.
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por pcollazo | Sep 8, 2014 | En pocas palabras
Y regresé al cielo. Y te busqué entre millones de rostros cetrinos que buscaban a su vez. Pero aquí no estás, o yo no supe encontrarte. Debí darte mis señas antes de que murieras. En cambio, me quedé mirándote. Debatiéndome entre la tristeza de verte agonizar y la alegría de saberte pronto a mi lado después de tanta espera. No conté con esto. Con tantísima gente aquí, coincidir es casi un milagro. Y los milagros, en el cielo, no existen.
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por pcollazo | Ago 26, 2014 | En pocas palabras
Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, los cronopios campaban a sus anchas y el mundo giraba ochenta veces alrededor de un día. Los autonautas abandonaban la Autopista del sur. Desorientados, porque ya nadie les enseñaba cómo subir una escalera o cómo dar cuerda a los relojes. El tiempo se había detenido. Los parques discontinuos, las casas tomadas, se inundaban de diabólicas babas. La noche boca arriba anunciaba el final del juego. Julio había muerto.
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