por pcollazo | Nov 8, 2014 | En pocas palabras
Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz, el rastro de chocolate delataba su actividad prohibida en la cocina.
– ¿Tú no habrás probado el pastel de tu hermana, no?
Negó en un vuelo de flequillo y se apresuró hacia la puerta.
– A las nueve aquí. Y límpiate esa boca… Pero mamá, nada – recriminé aún antes de que pronunciara el pero que asomaba bajo su bigote.
Tenía doce años y los tendrá siempre. He repasado esa escena miles de veces, buscando indicios, deseando haber intercalado un te quiero, un cuídate. Desde entonces, en los cumpleaños de Sara, las velas no se encienden en el pastel.
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por pcollazo | Nov 2, 2014 | En pocas palabras
Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz, trazó una línea delgada sobre el rostro de su madre. Se alejó para estudiar el efecto. La fotografía le devolvió impávida una imagen familiar desde la pared.
Ella lo sorprendió cuando pasaba por el pasillo con los brazos cargados de ropa recién planchada.
-¿Qué haces, Juan?
– Nada, má
– ¿Seguro?
Puso su mejor cara de inocente y ella siguió de largo. El corazón le latía a toda prisa. No quería decirle que echaba de menos las fotos de su padre que ella había quitado de toda la casa. Era como confesarle, que también lo echaba de menos a él.
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por pcollazo | Nov 2, 2014 | En pocas palabras
Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz, pintó sendos remolinos en el cromo de Fili, el más buscado de la liga, el que tanto costaba conseguir. Mi madre abrió muchos los ojos e intentó disculparlo cuando lo vio. – Ya sabes que tu hermano es muy pequeño y … Con la palabra en la boca siguió mis pasos impetuosos por el pasillo. Sabía que aquello no terminaría bien. Y tenía razón.
Reconozco en su rostro blanco la cicatriz sobre la ceja con la que entonces vengué su falta y quisiera no reconocerla. Asiento con la cabeza. – Es él – digo antes de que vuelvan a taparlo con la sábana.
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por pcollazo | Oct 27, 2014 | En pocas palabras
Le deseé que tuviera un buen turno. Ocupó su puesto e hizo pasar al siguiente. La cola atravesaba la entrada. Los mismos rostros fantasmales de cada mañana. La misma pesadez en los pies. Las mismas expresiones vacías. Día tras día les decíamos que nada podíamos hacer, y día tras día, regresaban. Resignados. Ordenados. Sólo protestaban quienes quedaban fuera cuando cerrábamos la puerta, como yo estaba haciendo. Las quejas airadas arreciaron en el exterior y el alivio entre los que habían entrado justo a tiempo. No hay más plazas, repetía mi compañero. Al menos lo intentamos, parecían decir sus miradas huecas cuando giraban y dócilmente, regresaban al cementerio.
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por pcollazo | Oct 18, 2014 | En pocas palabras
Mucho me temo que vienen a rescatarme. No me han escuchado gritar por la ventana que no te dejaría sola. El jefe indica por el megáfono que debo saltar. Diez pisos más abajo los uniformes me hacen señas frenéticas alentándome. Los curiosos son apenas puntos arremolinados alrededor del camión rojo. Me aparto de la ventana. Te escucho toser. No te dejaré, repito y levanto la cobija para acurrucarme contigo. Recuerdo tu voz borrapesadillas reconfortando mis noches difíciles. Intento cantar. Abrazo fuerte tu cuerpo inmóvil. Una lágrima silenciosa te atraviesa la mejilla justo antes de que la puerta ceda y las llamas no me dejen verte más.
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por pcollazo | Oct 18, 2014 | En pocas palabras
Mucho me temo que vienen a rescatarme. Pablo da vueltas la habitación buscando la pistola con la que lleva tiempo sin amenazarme. Suéltame y te ayudo, le digo. Me mira con esos ojos de pena. Está nervioso, como al principio. La onda perfectamente engominada, le ha caído sobre la frente y parece un niño desvalido. Quisiera despejarle los ojos con una caricia camuflada como hago siempre mientras duerme.
La ha encontrado en el armario donde guardamos las provisiones. Los uniformes han irrumpido ya. El rojo sorpresivo empapa el pelo de Pablo, que ha musitado un te quiero mirando mis ojos nublados justo antes de apretar el gatillo.
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