Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz, trazó una línea delgada sobre el rostro de su madre. Se alejó para estudiar el efecto. La fotografía le devolvió impávida una imagen familiar desde la pared.
Ella lo sorprendió cuando pasaba por el pasillo con los brazos cargados de ropa recién planchada.
-¿Qué haces, Juan?
– Nada, má
– ¿Seguro?
Puso su mejor cara de inocente y ella siguió de largo. El corazón le latía a toda prisa. No quería decirle que echaba de menos las fotos de su padre que ella había quitado de toda la casa. Era como confesarle, que también lo echaba de menos a él.

Mencanta!