Mucho me temo que vienen a rescatarme. No me han escuchado gritar por la ventana que no te dejaría sola. El jefe indica por el megáfono que debo saltar. Diez pisos más abajo los uniformes me hacen señas frenéticas alentándome. Los curiosos son apenas puntos arremolinados alrededor del camión rojo. Me aparto de la ventana. Te escucho toser. No te dejaré, repito y levanto la cobija para acurrucarme contigo. Recuerdo tu voz borrapesadillas reconfortando mis noches difíciles. Intento cantar. Abrazo fuerte tu cuerpo inmóvil. Una lágrima silenciosa te atraviesa la mejilla justo antes de que la puerta ceda y las llamas no me dejen verte más.