por pcollazo | Abr 27, 2015 | En pocas palabras
Pintando aquellos extraños bisontes en la pared del salón, se ganó el mayor de los castigos de sus cinco años de vida.
– Pero tú en qué estabas pensando, hijo – dijo su padre en el tono más severo que pudo. Su madre permanecía brazos en jarra y mirada acusadora, esperando que dijera algo más. – Que sea la última vez – agregó él entonces.
El castigo fue fraudulentamente suavizado por su padre. Tiempo después entendió por qué. Cuando buscando un sitio discreto, encontró las pinturas en la pared oculta tras la biblioteca. Al final, esa manía suya de pintar animales y manos en los muros, era hereditaria.
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por pcollazo | Abr 23, 2015 | En pocas palabras, Premiados
A cada vuelta del tambor de la lavadora, unas cuantas letras desaparecen, mientras los trozos de papel flotan caprichosos, siguiendo una cruel coreografía. Sentada sobre las baldosas frías, ella observa el devenir de te quieros, besos recónditos, abrazos borroneados, que giran sin remedio. A su lado, la caja de madera vacía, presencia la escena, con la boca abierta en una grotesca mueca. Con el centrifugado, ya sólo quedan pequeños cúmulos de celulosa, que se unen y separan aleatoriamente, pero conforman una masa pegajosa una vez escurridos. Entonces, ella, abre la lavadora y rasgándose en pedazos, va metiéndose en su interior.
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por pcollazo | Abr 20, 2015 | En pocas palabras, Premiados
Lo único que quiero es ser transparente. Que cuando él abra la puerta de mi cuarto no me vea, y me llame a gritos y revise bajo la cama, en el armario, tras las cortinas, para comprobar que contra toda lógica, ya no estoy aquí.
Sé que vendrá en cuanto mi madre haya cerrado la puerta de calle. Por eso, cuando ella me da el beso de rigor antes de irse a trabajar, la miro suplicante y digo que me duele mucho la tripa.
Ella se preocupa como lo hace siempre, pero últimamente, ya no me cree. Me recomienda irme a dormir. Lo que necesitas es descansar, dice. Y se va, se le hace tarde.
Tengo poco tiempo, y en un destello, pienso que para ser transparente, bastará con traspasar el cristal. Con integrarme en su textura, en la sinfonía acompasada de sus partículas.
Los conocidos pasos y la voz obscenamente melosa se acercan por el pasillo. Me impulso contra el ventanal que separa mi cuarto de la calle donde la vida transcurre nueve pisos por debajo.
Algunas esquirlas duelen, pero no tanto. Veo acercarse los focos, el asfalto, las copas de los árboles. Transparente, floto. Me dejo caer.
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por pcollazo | Abr 11, 2015 | En pocas palabras
Se dirige a la jaula de los leones para demostrarle cuánto se equivoca.
– No tienen nada de fieras –dice dándose aires de importancia – Verás lo tonturrones que son…
Los leones, echados sobre una capa de paja maloliente, entreabren los ojos.
– ¿Lo ves? No hay nada que temer.
Abre el candado, entra en la jaula. Uno de los leones sacude la melena y bosteza. Es la señal. Pero él no lo sabe.
– Sube, sin miedo
La nueva contorsionista duda. Uno de los leones se pone en pie. Sin aviso previo tumba e inmoviliza al domador. El otro, arrincona el cuerpo grácil de la chica. Tal como estaba planeado, hincan los dientes al unísono.
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por pcollazo | Abr 11, 2015 | En pocas palabras
Seguía atrapado allí dentro. Apenas dormía en un hueco sombrío entre dos contactos de wasap. El resto del tiempo deambulaba entre chats, tuits, publicaciones de facebook, bandejas de entrada e imperdibles de youtube. De vez en cuando se pasaba por el apalabrados, y en casi todos los cuandos recalaba en candy crush.
Eso te tiene atrapado, le repetía en soniquete la voz de su madre. Él la miraba como se mira a un habitante de tierras lejanas. Pronto dejó de escucharla. Dejó de salir, dejó de comer.
Su suicidio en directo fue trending topic mundial durante días. Claro que él, nunca llegó a saberlo.
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por pcollazo | Abr 5, 2015 | En pocas palabras
No creo que pueda pedirse mucho más para ser un lunes por la tarde, majestad – pronuncié temblorosa.
– ¡Insiste!, llevas semanas sin darme un buen vaticinio
– Es que Marte…
– ¡Basta de excusas!
Acaricié las runas como escuchándolas con los dedos. Aunque estaban mudas, insistí teatralmente en un punto.
– ¿Qué? – inquirió él – ¿qué tienes?
Entorné la mirada mientras con una mano en alto le exigía silencio. Eso siempre daba resultado.
– Mañana, alteza. Mañana será el día- pronuncié con la soltura otorgada por la repetición.
Después de seis años en las mazmorras, ese momento diario era lo único que me recordaba que aquel hombre enjuto y desgreñado seguía siendo mi rey.
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