No creo que pueda pedirse mucho más para ser un lunes por la tarde, majestad – pronuncié temblorosa.
– ¡Insiste!, llevas semanas sin darme un buen vaticinio
– Es que Marte…
– ¡Basta de excusas!
Acaricié las runas como escuchándolas con los dedos. Aunque estaban mudas, insistí teatralmente en un punto.
– ¿Qué? – inquirió él – ¿qué tienes?
Entorné la mirada mientras con una mano en alto le exigía silencio. Eso siempre daba resultado.
– Mañana, alteza. Mañana será el día- pronuncié con la soltura otorgada por la repetición.
Después de seis años en las mazmorras, ese momento diario era lo único que me recordaba que aquel hombre enjuto y desgreñado seguía siendo mi rey.

Me gustó mucho este texto, Patricia!
Está muy bien trabajado.
Va un abrazo.
¡Muchas gracias, Leo!