Se dirige a la jaula de los leones para demostrarle cuánto se equivoca.

– No tienen nada de fieras –dice dándose aires de importancia – Verás lo tonturrones que son…

Los leones, echados sobre una capa de paja maloliente, entreabren los ojos.

 – ¿Lo ves? No hay nada que temer.

Abre el candado, entra en la jaula. Uno de los leones sacude la melena y bosteza. Es la señal. Pero él no lo sabe.

 – Sube, sin miedo

La nueva contorsionista duda. Uno de los leones se pone en pie. Sin aviso previo tumba e inmoviliza  al domador. El otro, arrincona el cuerpo grácil de la chica. Tal como estaba planeado,  hincan los dientes al unísono.