por pcollazo | Mar 6, 2020 | En pocas palabras
Se
me acumulan los garbanzos después de cinco partidas de chinchón. Si pierdes,
sacarás la basura todo el mes. Si pierdo, deberé aceptar que te rapes.
Desafiante, frunces el ceño y apuestas tus últimos cuatro. Me recuerdas tanto a
tu madre de pequeña… Acerco mis cuatro.
—Hagámoslo
a todo o nada —dices.
Empujo
mi pequeña fortuna hacia el centro de la mesa. Sonríes satisfecha. Con el mismo brillo que ella tenía en la
mirada cuando era una adolescente y todo lo cuestionaba.
Dos
horas después, me has desplumado. Tu madre llega del hospital. Se la ve cansada
tras el tratamiento. Pero su sonrisa ilumina la cocina cuando te quitas tu
eterna visera y te acaricias el cráneo brillante. Ahora os parecéis todavía
más.
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por pcollazo | Mar 1, 2020 | En pocas palabras, Premiados
Se me acumulan las
lentejas desde que confesé a la vecina, que echo de menos los guisos de mi
madre. Se ha erigido en paladina legumbrera y cada día me toca el timbre con un
táper lleno entre sus manos ajadas. Le digo que no debería molestarse y le
devuelvo los recipientes vacíos. Ella permanece en el vestíbulo, como si no se
atreviera a seguirme hasta la cocina. En realidad, se queda mirando la foto de
mi padre colgada en la pared. Los ojos se le nublan. Cómo te le pareces, dice.
Y yo empiezo a entender
por qué papá nunca quería comer lentejas en casa.
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por pcollazo | Mar 1, 2020 | En pocas palabras, Premiados
Lo cierto es que no sabíamos qué hacer con él.
Se llamaba James y era un mayordomo inglés, muy circunspecto y con levita.
Había aparecido una mañana de lunes junto a las mesas de la sala de lectura.
Cojeaba un poco a causa del golpe. Podía haberse caído desde cientos de
novelas.
Tuvimos que dejarlo suelto en el pasillo de
literatura inglesa y confiar en que encontrara su hogar.
Pero no fue así. Los crímenes empezaron a
sucederse cada noche. La belleza era su debilidad. Las víctimas, todas hermosas
muchachas, aparecían atrozmente asesinadas entre dos estantes o colgando desde
las páginas de un libro entreabierto. Con una letra capital clavada en el
pecho, o un guion de diálogo cercenando sus esbeltos y nacarados cuellos.
Tenía una particular preferencia por las
heroínas de grandes clásicos, cierta inclinación por las jóvenes rusas, y un
modo sistemático y cruel de llevar a cabo sus ataques. Tuvimos que descatalogar
varios títulos. Urgía restituirlo a su sitio.
Al final, hubo que contratar los servicios de un tal Holmes que resolvió el caso con gran profesionalidad. El mayordomo pertenecía a una típica novela de misterio, donde, por supuesto, era el asesino.
Relato seleccionado en la primera convocatoria del 2020 de Esta noche te cuento, sobre el tema «La belleza»
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por pcollazo | Ene 13, 2020 | En pocas palabras, Premiados
Le obligaron
a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos.
—Yo no puedo
hacerme cargo.
—Yo menos
aún, Ricardito es alérgico.
Luna giraba
sus atentas orejas mirando a uno y otro.
Llamaron a
la puerta. Ladró. Tal vez él hubiera
regresado. Pero no. Él nunca llamaba, él ponía la llave en la cerradura de un
modo inconfundible.
Un hombre
con olor a madera y hojas entró diciendo algo sobre llevarse muebles.
—¿Usted no
la querrá?
El hombre
negó con la cabeza.
—Entonces no
quedará otro remedio —dijo alguien mientras la cogía en brazos y la sacaba de
su casa, sin darle tiempo a olisquear por última vez los zapatos vacíos.
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por pcollazo | Ene 13, 2020 | En pocas palabras, Premiados
Le obligaron
a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos de trabajar en el campo. El mayor
los señaló con gesto despectivo.
—Tú ya no
estás para estas cosas, papá
El pequeño
pronunció sin reparos:
—Ni para
estar solo en esta casa
Y la del
medio agregó:
—Los niños
estarán felices si vienes a vivir con nosotros.
Una, dos, tres
mentiras: Había trabajado todo el día; no estaba solo, ella seguía en la casa;
y para los chavales no era más que un viejo cascarrabias.
Pronunció la
cuarta: cuando vuelva, no quiero veros aquí. Luego se puso en pie para ir al
granero a dar de comer a las gallinas.
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por pcollazo | Ene 10, 2020 | En pocas palabras, Premiados
Los
sorprendí a punto de sentarse a cenar. La fuente sobre la mesa estaba llena de perdices.
Ella aún tenía ese brillo de estrellitas en la mirada y canturreaba las notas
de un vals. Él había dejado la impecable chaqueta azul tirada con desidia sobre
el sofá. Ella le sugirió que la colgara en su lugar. Él dijo desconocer cuál
era tal sitio. Ella le explicó que su estatus de príncipe había caducado. Y que
el azul de su sangre no lo eximía de sus obligaciones. Él, ofendido, hizo un
comentario dando a entender que es evidente que un beso no hace princesa a
nadie. A lo que ella replicó que el que nace rana, rana se queda. Él masculló
un real insulto. Ella hizo añicos su zapato de cristal contra la mesa.
Cerré el libro. Nunca debí seguir leyendo más allá de la palabra Fin.
Relato seleccionado en la convocatoria Azul de Esta Noche te Cuento
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