Los sorprendí a punto de sentarse a cenar. La fuente sobre la mesa estaba llena de perdices. Ella aún tenía ese brillo de estrellitas en la mirada y canturreaba las notas de un vals. Él había dejado la impecable chaqueta azul tirada con desidia sobre el sofá. Ella le sugirió que la colgara en su lugar. Él dijo desconocer cuál era tal sitio. Ella le explicó que su estatus de príncipe había caducado. Y que el azul de su sangre no lo eximía de sus obligaciones. Él, ofendido, hizo un comentario dando a entender que es evidente que un beso no hace princesa a nadie. A lo que ella replicó que el que nace rana, rana se queda. Él masculló un real insulto. Ella hizo añicos su zapato de cristal contra la mesa.
Cerré el libro. Nunca debí seguir leyendo más allá de la palabra Fin.
Relato seleccionado en la convocatoria Azul de Esta Noche te Cuento

Buenísimo.
¡Muchas gracias!
Este es de esos micros en que la última frase te pega un repentino empujón, que consigue que donde solo había una puerta, aparezcan de repente cien ventanas en las que cada uno puede meterse… o no. ¿Qué hay después de un fin?, ¿qué es un final?, ¿obligatoriamente debe ser feliz o infeliz?… Precisa y preciosa la idea, Patricia. Enhorabuena.
Por cierto, creo que no sabes (o al menos no lo has publicado por aquí), que fuiste finalista de diciembre en la Microbiblioteca.
Saludos
¡Muchas gracias por el comentario!
Sí, sabía lo de la Microbiblioteca pero se me pasó publicarlo. ¡Por suerte tengo un seguidor que está en todo como tú!! 🙂