Se me acumulan los garbanzos después de cinco partidas de chinchón. Si pierdes, sacarás la basura todo el mes. Si pierdo, deberé aceptar que te rapes. Desafiante, frunces el ceño y apuestas tus últimos cuatro. Me recuerdas tanto a tu madre de pequeña… Acerco mis cuatro.
—Hagámoslo a todo o nada —dices.
Empujo mi pequeña fortuna hacia el centro de la mesa. Sonríes satisfecha. Con el mismo brillo que ella tenía en la mirada cuando era una adolescente y todo lo cuestionaba.
Dos horas después, me has desplumado. Tu madre llega del hospital. Se la ve cansada tras el tratamiento. Pero su sonrisa ilumina la cocina cuando te quitas tu eterna visera y te acaricias el cráneo brillante. Ahora os parecéis todavía más.

Entretejer tres personajes alrededor de una partida de chinchón, con tan pocas palabras, ya está al alcance de muy pocos. Pero además abordar un tema tan delicado, tan difícil (por miles de razones, ya sabes), de esta forma tan original, entrañable y… real, me parece admirable. Enhorabuena. Un placer leerte.
Muchas gracias, Alberto. Lo que es un placer es recibir este tipo de comentarios. Un abrazo