Fragmentos

Fragmentos

Sufriendo lo indecible por amor, mamá había recortado todas las fotografías en las que aparecía papá. Por eso, su rostro fue desvaneciéndose en mi mente. Había intentado retenerlo sin conseguirlo.

Llegada la adolescencia ya no lo recordaba con nitidez. Un bigote, una barba, ¿o era una perilla? Odié a mamá. Porque la adolescencia era el momento de hacerlo, y por robarme la posibilidad de cotejar mis recuerdos.

Mucho después, cuando ella murió, descubrí su otro álbum de fotografías. Ese en el que guardaba los fragmentos robados a las oficiales. Sentí pena por ella. Pero más, por el desconocido que me miraba solitario desde aquellas páginas.

Segundo Premio en el I Concurso de Microrelatos de la RedPAL

Segundo Premio en el I Concurso de Microrelatos de la RedPAL

El miércoles 6 de noviembre tuve la suerte de darme un paseo por la maravillosa Granada con una excusa fantástica: la entrega de premios del I Concurso de Microrelatos de la RedPAL.

El evento formó parte del II Encuentro de la Red de Cuidados Paliativos de Andalucía, por lo que estuvimos acompañados de muchos profesionales que se ocupan de acompañar y a ayudar a pacientes y familiares en cuidados paliativos.

El tema del concurso, relacionado con los cuidados paliativos, dio lugar a que el acto se llenara de emoción tras la lectura de los seis textos finalistas.

Una gran iniciativa que ayuda a visibilizar un tema importante: el acompañamiento de las personas que se acercan a la muerte, para ayudar a ellas y a sus familias a transitar el camino del mejor modo posible.

He tenido el honor de que mi relato Cerca del Polo se llevase el segundo premio. Y la recompensa extra de conocer a algunos miembros del jurado: Ezequiel Barranco y Rocío de Juan, y de compartir alegría con otras dos premiadas Elena y Mar (¡qué bueno es encontraros y conoceros!).

La gente de la organización nos ha tratado genial y nos ha hecho pasar una tarde muy especial. Gracias a todos ellos.

En este enlace se puede seguir la ceremonia de entrega: https://www.youtube.com/watch?time_continue=37&v=g0xJYLY6vkw

Cerca del Polo

Cerca del Polo

Salió, sigilosa, a estirar las piernas. Nacho dormía abrazado a su pingüino de peluche.

— ¿Podemos irnos de aquí, mamá? – había dicho, en uno de los momentos en los que la medicación le había dado una tregua – ¡Mi pingüino necesita hielo!

Encendió un cigarrillo. Apoyada contra la pared exterior del hospital, observó los canastos llenos de ropa limpia. Recordó que allí mismo estaban el día en que había llegado a Urgencias con la alegría del inminente nacimiento. Seis años después, Nacho otra vez allí, pero para morir. Al menos eso afirmaban los médicos de rostros adustos.

Sin pensarlo, sobre una silla de ruedas, apiló gran cantidad de sábanas y toallas blancas y comenzó a empujar hacia el ascensor.

Cuando Nacho despertó, en su habitación se había instalado el Polo Sur. Él y su pingüino palmearon de alegría.

Naturaleza salvaje

Naturaleza salvaje

Los fuimos rodeando. Los machos vigilantes desde las inmediaciones, las hembras saliendo al encuentro de las víctimas. Nos comimos algunos, para no defraudar a los televidentes. Aunque costó mucho porque sabían a plástico y barniz. Fueron una gacela, una cebra bebé, y dos crías de ñu.

Terminada la faena, los espectadores ya estaban todos concentrados en sus siestas de sofá.

Sin hacer ruido, para que no nos sorprendieran y se perdiera la magia, descolgamos el telón de fondo que tenía los baobabs pintados, plegamos los arbustos, quitamos la alfombra de hierba artificial y montamos el decorado de la carrera de bicis.

Luego, nos marchamos a nuestras jaulas, a esperar la ración diaria de carne. No era muy abundante, pero al menos era de verdad.

Presentamos Sinestesia General

Presentamos Sinestesia General

Ayer Sinestesia General dio sus primeros pasos en el mundo real. Se desprendió con recelo de mi mano y se largó a caminar.

Por suerte, como testigos de lujo de ese momento, estábamos rodeados de gente amiga, de gente querida, de manos expectantes que lo esperaban al final del recorrido para acogerlo y llevárselo a casa.

Gracias al trabajo inestimable de mi amigo Ernesto Ortega, lució como una verdadera estrella. Y gracias al cariño de un público entregado, que creo que no esperaba encontrarse con una presentación de este estilo, se fue soltando la melena y apenas si me dijo adiós antes de irse con tanta gente extraña para él.

Tengo que agradecer una vez más al Ayuntamiento de Alcobendas que no solo me cedió el espacio, también me ayudó en todo lo que estuviera a su alcance, en la difusión del evento y en esos pequeños detalles que hicieron que todo engarzara a la perfección. Especialmente al alcalde Rafael Sánchez Acera, que me ha acompañado personalmente a la presentación.

Debería pasarme el día repartiendo agradecimientos: a la editorial Platero Coolbooks que ha confiado en mí para llegar hasta aquí; a Rafa Olivares, mi generoso prologuista; a Raquel González Chico y sus vocales mágicas; a mi presentador de lujo, Ernesto Ortega; a mis lectores en vivo (Miriam, Alberto, Fede); y a toda esa gente que llenó la sala del Centro Cultural Pablo Iglesias y me lo hizo todo tan fácil: familiares, amigos de letras y de los otros, compañeros; gente que hoy, gracias al estupendo trabajo de Ernesto, me conoce un poco más.

Hasta los que no pudieron estar presentes lo estuvieron (Andrea sabés que es así) y me lo hicieron saber con cariñosos mensajes.

¿Qué más se puede pedir? Pues… seguir inventando historias, seguir jugando con los colores de las palabras, pero sobre todo, seguir aprendiendo, que de eso se trata este asunto de escribir.