Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.
George Bernard Shaw
Cuando Sinestesia general era un gran castillo en el aire y yo bregaba por mantenerlo en pie, darle la forma deseada, llenarlo de ventanas con vistas y recovecos oscuros en que los lectores pudieran refugiarse, este momento parecía lejano.
Pero gracias a que la voluntad convierte los sueños
en irrenunciables, y a que me he encontrado en el camino mucha gente que me ha
animado a seguir soñando, ese castillo en el aire tiene hoy las bases que lo
sustentan y lo convierten en algo tangible.
Por eso tengo la alegría y el placer de presentaros mi libro Sinestesia general, una colección poco caprichosa de microrrelatos que se articulan alrededor de mi visión caprichosa del mundo.
Las miradas personales siempre son arbitrarias, más
aún lo es la de una sinestésica que aúna sonidos y colores para configurar
alrededor de ello, un pequeño universo a su medida.
Os invito a espiar el mundo con el prisma de esa
mirada peculiar y a la vez reconocible. Espero que encontréis las aristas que
os acerquen a ella, para que queráis quedaros a vivir en mi castillo con
vistas, y de vez en cuando, refugiaros en sus recovecos.
Quiero agradecer a tanta gente que me ha ayudado en
este camino: mi hermana Andrea, esforzada lectora cero que me ayudó en la
selección de los micros. Mis hijos que han leído, comentado, ayudado, a que
todo fluyera. Mi amigo Pepe Cano, que no dejó de animarme y escucharme durante
todo el proceso de construcción. El maestro Rafa Olivares, que me ha escrito un
prólogo tan generoso, que casi daba pudor publicarlo. Mi amiga Raquel González
Chico, que me dibujó las mejores vocales que podría haber soñado para separar
las estancias de mi castillo. Toda esa familia de escritores que me ha
preguntado cuándo llegaría este momento, que me ha animado, que no me ha permitido
desfallecer: Entecianos, amigos de REC, Microjusteros y más compañeros que he
conocido en el mundillo de los concursos literarios, donde hay gente muy
valiosa y con gran generosidad.
Y por supuesto, quiero hacer llegar un agradecimiento enorme a la editorial Platero Coolbooks que ha confiado en mí para sacar adelante este proyecto que hoy se ha convertido en una realidad.
La presentación del libro será el 11 de octubre en Alcobendas. Ya os contaré detalles porque será un placer veros allí. Mientras tanto, AQUÍ podéis echar un vistazo a mi Sinestesia general y espero que enamoraros de él como para llevároslo a casa.
Ayer fue el gran día de la final de Relatos con Banda Sonora, el concurso organizado por el programa La Ventana del Verano de la Cadena Ser y la Escuela de Escritores.
Una experiencia apasionante, como siempre, participar del programa en directo desde los estudios de la Ser en Madrid, donde me recibieron con mucho cariño y me hicieron sentir muy cómoda a pesar de los nervios.
Pude compartir conversación muy interesante con Jorge Dioni (profesor de la Escuela de Escritores) y con Roberto Sánchez (conductor del programa y quien pone esa fantástica y cálida voz), y conocer al famoso Manu (la persona que te alegra las mañanas de los lunes cuando te llama para decirte que un relato tuyo ha sido seleccionado).
En la terraza de la Ser llovía, pero dentro del estudio, como siempre, la calidez y el buen hacer primaban. Si además toca llevarse el premio, pues qué más se puede pedir…
Quiero felicitar y agradecer a mis compañeros de final Beatriz Díaz Rodríguez, María del Carmen Caamano y Gabriel Pérez Martinez por el compañerismo y el entusiasmo con que se asomaron junto a mí a esta Ventana de Verano.
Hoy he tenido la alegría de que mi relato Pacto de silencio, inspirado en la canción Je t’aime moi non plus, fuera seleccionado para competir en la final semanal de este concurso y resultara vencedor, con lo que accederá a la gran final del próximo lunes 26.
El concurso, organizado por La Ventana de Verano (Cadena Ser) y la Escuela de Escritores, propone canciones a partir de las cuales se deben inspirar los relatos de no más de cien palabras.
En este enlace, podéis escuchar mi participación (a partir del minuto 33).
La canción en que se basa mi relato es una canción icónica de 1969 que tras una apariencia inofensiva, escondía un delicioso himno a la libertad sexual, motivo por el que fue censurada en media Europa.
¿Me oyes? Los ecos del lunes 8 de julio aún
retumban en las paredes del alma. A veces se me antoja que todo lo vivido
aquella jornada ha sido algo de La otra dimensión.
Lo sé, soy una nostálgica, pero me gusta rescatar
las risas, los nervios, la complicidad que se generó en el grupo de diez locos
soñadores que nos juntamos en la codiciada terraza de la Ser.
Hubiera querido ordenar sin pestañear que no pestañearan. Y
que así el momento durara para siempre. Hubiera querido conocer la variación del
conjuro “meigas de la noche, ninfas del día… devolvednos la alegría”
si eso nos hubiera asegurado que ganábamos los diez.
Pero no hizo falta. María ganó. Los diez ganamos. Ocho de nosotros, el incorporar a nuestros mundos de letras a dos personas maravillosas. Todos, el acuñar el término RECentecianos (Relatos en Cadena – Esta noche te cuento) y emparentar con un lazo ya no virtual estos dos sitios en los que se cuecen grandes letras. Es que tenemos nuestros Corazoncitos.Para que luego digan que los monstruos somos nosotros 🙂
Ahí están mis compañeros RECentecianos, sin imaginarse lo que he venido a decirles.
Cruzándose Whatsapps a todas horas. Es que los vínculos que se forjan en
verano no se rompen aunque llegue El último día de vacaciones.
Yo intento concentrarme en mis libros, pero aquí estoy, esperando que acabe el truco, porque todo lo que ha pasado me ha parecido mágico. Aunque haya sido muy real.
Poco antes de aquella primera final anual de hace dos años, hice un poco de historia. Y ahora toca retomarla, porque la ocasión lo merece.
Envié mi primer relato a este concurso durante su séptima edición, el 5 de marzo de 2014, y ese primer relato quedó finalista semanal. No pasó a la final mensual, pero esa primera llamada provocó en mí un giro como escritora.
Escribo desde que puedo recordar. No me acuerdo de mí misma sin escribir. Pero hasta aquel marzo del 2014, no me había planteado el desafío de plasmar una historia en 100 palabras. Sí, era una neófita en esto del microrrelato.
Ahora, cinco años después, acumulo muchos lunes felices por la llamada de La Ventana y atesoro dos visitas a la terraza de la Ser que se convertirán en 3 el próximo lunes. En resumen:
7 finales semanales
5 finales mensuales
3 finales anuales
Unos números que marean un poco. Pero que tienen una explicación: mucho empeño y esfuerzo (a cabezadura no me gana nadie) y el apoyo de muchos de vosotros que me habéis votado, me habéis alentado y me habéis hecho sentir que tenía que seguir intentándolo.
No sé qué pasará el lunes. No sé si mi Perseidas resultará elegido o no. Pero lo más importante es que estaré rodeada de gente muy querida, 8 de los 10 finalistas somos de una tribu escritora de raza Enteciana, y sé que los nervios se diluirán en la alegría compartida.
Si queréis acompañarnos a través de las ondas, lo podéis hacer sintonizando la Cadena Ser o en play.cadenaser.com.
Habrá un programa especial el lunes 8 de julio entre las 18 y 19:20 hora española (restad 5 horas amig@s argentin@s) en el que estaremos en directo los finalistas.
En estos días he tenido el honor de que José Jesús Rueda acogiera en su casa de «A voz en cuento – Literatura con los ojos cerrados» mi relato Rigor mortis.
Un relato que me ha dado muchas alegrías, a las que ahora se suma una más. La de escucharlo estupendamente narrado por la voz de José Jesús.
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