por pcollazo | Oct 4, 2021 | En pocas palabras, Premiados
El bosque estaba ahí,
esperando. Con sus sogas anudadas colgando de los árboles. Las había de todos
los colores, enganchadas a mayor o menor altura, con diámetro talla adulto o
niño. Para todo tipo de motivos: en forma de corazón para los despechados,
redondas como ceros para los arruinados, cuadriculadas para los calculadores, emulando
lágrimas para los depresivos crónicos.
El bosque estaba ahí, como última
salida. Por eso aguantábamos despidos injustos, sueldos de mierda, amores
perdidos, hijos descarriados, enfermedades, vacíos, ausencias y adicciones.
Porque el bosque estaba ahí. Y en cualquier momento podíamos ponernos a la cola
y pagar la entrada para acceder a él.
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por pcollazo | Oct 2, 2021 | En pocas palabras
Aquel día de verano de 1945, Cho y
Naoko iban a compartir un paseo por la ribera del río Ota al salir de la
fábrica. Ella se había esmerado en peinar su lacio cabello. Él había practicado
el discurso con que le declararía su amor.
Ambos faltaron a la cita y no
porque quisieran hacerlo. Unas pocas horas antes alguien, a kilómetros de
distancia, había decidido que nunca llegarían a formar una familia.
Ellos hubieran sido tus abuelos,
cariño. Yo hubiera sido tu madre, y ambas tendríamos el pelo liso de la abuela
Cho. Aquel hombre tan simpático que
siempre nos ronda, sería tu padre. Una
pena que nos dejaran así, olvidados. Ahora, con tantos como somos aquí, difícil
será tener otra oportunidad.
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por pcollazo | Oct 2, 2021 | En pocas palabras
Esperan impacientes que aquellos dedos vuelvan a empuñarlos.
Pero no regresan. Recostados contra los bordes del lapicero, se cuentan a sí
mismos, historias que justifican la tardanza que va tornándose en ausencia.
Saben que algo malo ha ocurrido. Hasta un lápiz puede entender que los gritos,
el ruido, los fogonazos, la urgencia, el llanto, son los causantes de la
oscuridad en que ha quedado sumido. Lo que no pueden entender es que la
oscuridad no termine. Lo que no pueden soportar, es su propio peso apoyado
durante tanto tiempo sobre la punta afilada.
Esperan. Hasta que las palabras se cuelan en la oscuridad, repetidas por miles de labios desde miles de sitios cercanos y distantes: “Je suis Charlie”
La mesa se ilumina y otros dedos, tristes pero decididos,
vuelven a sostener con autoridad y valentía sus gráciles cuerpos. Se dejan
transportar sobre el papel. Se dejan
usar como armas para luchar contra la barbarie. Saben que esa, aunque duela, es
la forma de resucitar.
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por pcollazo | Jul 24, 2021 | En pocas palabras
Usted decide un día escaparse media hora antes
del trabajo y comerse un helado de Vainilla de Madagascar y Chocolate Suizo, de
esos que hacen en la heladería artesanal que han abierto en la esquina.
Se lo promete a las ocho y cuarto, cuando
quince minutos después de llegar, ya se quiere ir o por lo menos encerrarse en
el baño hasta que sean las seis de la tarde (que el jefe ha decretado que este
verano no hay jornada intensiva).
Entonces contesta el teléfono e intenta convencer
al del seguro de que todavía no tiene el pago porque resulta que los clientes
están atrasados y el banco ha rechazado un cheque, y además le han venido
devueltos no sabe cuántos recibos. Y el del seguro le dice que sus problemas le
importan un cuerno, y que le diga a su jefe que, si no paga hoy mismo, la fábrica
queda sin cobertura; y usted piensa en Madagascar y le promete que hará todo lo
posible, aunque el otro no lo escucha porque ya hace rato que colgó.
Usted, Chocolate Suizo, cuando llega el jefe le
explica lo del seguro y se derrite por los gritos que lo acusan de inepto y
débil. Y, Vainilla chorreando, trata de hacerle entender que el del seguro tiene
razón y que estamos muy retrasados. Pero el jefe, con su mirada de Menta Granizada,
le dice que lo comunique, que él mismo arreglará lo del seguro. Usted se siente
algo aliviado, pero experimenta la seguridad de ser un imbécil.
A media mañana, mientras intenta cuadrar los extractos
bancarios, se acerca hasta su mesa Fruta de la Pasión con su minifalda ajustada
y sus tacones empinados. Y usted, inútil Vainilla de Madagascar, apenas si atina
a contestar con una sonrisa-monosílabo los comentarios que ella le hace. Y
cuando la ve salir observa sus piernas conos dorados y quisiera ser capaz de seguirla,
aunque más no fuera hasta el despacho de al lado.
Inmediatamente aparece Carlos Granizado de
limón que trae las últimas noticias de recursos humanos. Parece que el jefe
está planteando echar a dos o tres tarrinas, de las más pequeñas y usted se siente
en peligro. Granizado de limón no sabe mucho más, y por más que le pregunta
solo repite que en cualquier momento se va todo a la mierda y usted, Chocolate Suizo
al fin, termina tratando de consolarlo.
No hay tiempo para comer porque es necesario
atender al enésimo proveedor que reclama su pago y usted pegotea el teléfono,
pero ya no intenta explicarle nada.
Fresas con nata viene a traerle lo que hay que
autorizar urgente y se queda mirándolo con las mejillas arreboladas y los ojos
brillantes. Claro que usted no lo nota, porque nunca la ha observado con
atención. Entonces ella suspira por sus labios de vainilla y se va hasta
mañana.
Por suerte ya son casi las seis y usted se da
cuenta de que al final no ha podido escaparse media hora antes. Ficha la salida
y se va directo a casa porque ya se le fueron las ganas de tomar helado. Aunque
piensa que mañana seguro que lo hará. Eso sí, será mejor que lo planee con
tiempo, porque si no después se hace imposible salir temprano.
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por pcollazo | Jun 25, 2021 | En pocas palabras
La erupción empezó por los brazos, pero
pronto se extendió. Las palabras emergían desde debajo de toda su piel. Las
patas de las pes se clavaban en su epidermis, las alturas de las eles le hacían
cosquillas, las sílabas tónicas le pinchaban con los aguijones de sus acentos.
Pero lo peor eran los guiones de diálogo causantes de cientos de úlceras
rojizas a punto de explotar.
Que no pique, rogó, que no pique. Pero ya
había empleado sus tres deseos.
Lo de que me brotaran las palabras era una
metáfora, intentó explicarle al genio antes de empezar a rascarse sin control maldiciendo
sus sueños de gloria.
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por pcollazo | Jun 25, 2021 | En pocas palabras
Cuando
mi padre supo lo que le había hecho se puso como un basilisco. No tengo
calificativos, dijo furibundo, airado, colérico. Y tenía más razón que un
auténtico, real, legítimo y verdadero santo.
Cómo iba a tener calificativos si yo mismo, en pos de mis sueños de gloria,
se los había robado todos.
Para
ser un escritor exitoso, reconocido, célebre, ganador, como yo pretendía ser,
necesitaba tener un completo, heterogéneo y diverso stock de adjetivos.
Si
tan importantes eran para él, no los hubiera dejado allí desatendidos,
olvidados, desamparados entre sus humildes, modestos y oscuros escritos.
Ahora
la crítica lo ha catapultado otorgándole el título de “El escritor
minimalista”, mientras yo, ensombrecido, empequeñecido, humillado por su éxito,
sigo buscando una buena historia dónde encajar tanta extravagante grandilocuencia.
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