por pcollazo | Dic 28, 2014 | En pocas palabras
Recluida en el pozo seco, pronto se callará. Es cuestión de no prestarle atención. Mirar para otro lado. Cuando aparece una imagen de niños con el vientre hinchado y los brazos de alambre, cambiar de canal. Acallarla, bajarle el volumen.
Mi conciencia ha de ser más rebelde que las convencionales, porque todas sus recomendaciones no han funcionado. Ha venido a despedirme con los brazos cruzados y el rostro serio. Que no me voy a la guerra, le he dicho. Casi, evitó contestar. Ahora, sobre las nubes que camuflan el relieve africano, me siento aliviada porque la conciencia no pesa. El miedo, sí. Y las ganas. Pero mucho menos.
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por pcollazo | Dic 21, 2014 | En pocas palabras
Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. La escucho cantar como todas las noches a través del tabique que separa su piso del mío. Nunca la he visto, sólo la imagino. Suave, ojerosa, menuda. Como su voz, que recorre el repertorio acostumbrado: ángeles traviesos, tortugas aventureras, teteras friolentas, gaviotas despistadas. Su niño ha de ser inquieto y le cuesta dormir. Apoyo la cabeza en la pared y me tapo con las mantas hasta la barbilla. Ha dejado de cantar. Ahora yo. Tal vez esta vez haya escuchado mis deseos. El tabique es muy fino y he deseado muy fuerte. Quizás, no me espere otra noche de insomnio.
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por pcollazo | Dic 21, 2014 | En pocas palabras
Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Los chicos ponen las manos a modo de orejas cuando se gira a escribir en la pizarra. Las chicas me codean invitándome a festejar la chanza. Las risas contenidas recorren el pasillo. Se ríen de sus dientes prominentes, del pelo cayéndole enmarañado por la espalda. Como una crin, dicen. “La caballo” hace como que no se entera. Se vuelve y señala la ecuación con un dedo manchado, expectante. Levanto la mano. “Adelante, María” dice sin fijarse en mis mejillas rojas. Tropiezo con una mochila antes de llegar al frente. Mis ojos quedan a la altura de sus pies. Ella me ayuda a incorporar mi orgullo herido. No percibo las risas. Solo su mirada tierna, y me termino de enamorar.
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por pcollazo | Dic 15, 2014 | En pocas palabras
Habíamos hecho un pacto secreto. Moriríamos juntos. Por eso, cuando aquella bala te alcanzó, me incliné sobre tu cuerpo tembloroso y te arrastré hasta el callejón, donde nadie pudiera vernos. Te asiste con fuerza a mi nuca y clavaste tus uñas en mi pelo negro, como lo hacías a veces, pero con una desesperación nueva. Te quite la mata de pelo rubio que te tapaba los ojos. Estoy listo, te dije. Tú, simplemente asentiste. Pasaron treinta eternos segundos durante los cuales cerré los ojos. Tu cuerpo acunado entre mis brazos comenzó a pesar cada vez menos y cuando por primera vez maullaste, miré confundido las almohadillas de tus patas, los largos bigotes, el pelo anaranjado que te había brotado por todo el cuerpo. No supe que me había convertido en gato, hasta que me vi reflejado en tu mirada.
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por pcollazo | Dic 14, 2014 | En pocas palabras
Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad.
Recuperó la imagen de su padre vestido de rojo. Ella fingiendo creer que el auténtico Papa Noel había entrado por el balcón. Él fingiendo creer que ella se lo creía.
Rehízo la sonrisa asombrada de Alba cuando la base del árbol aparecía cubierta de paquetes y no se explicaba cómo ni en qué momento había sucedido.
Trazó el perfil de Julián esperándola en la cama para entregarle en privado su regalo.
Aún quedaba nochevieja por delante. La compasión disimulada de los amigos. La obligación de pintarse una sonrisa en la cara y aguantar hasta la una.
Decidió no despertar.
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por pcollazo | Dic 14, 2014 | En pocas palabras
Deberías airearte un poco. Izarte estandarte cogida por los puños del mástil más alto. Dejar que el aire te penetre, que circule ávido por tus vasos sanguíneos. Y te limpie.
Has restregado tu cuerpo hasta no sentir la piel. Lo has sumergido en aceites y sales. En aromas y cremas. El olor no desaparece. Ni las huellas.
No soportas los espejos. Tampoco la condescendencia con que pronuncian tu nombre y te tocan el hombro. Deberías airearte un poco, dicen invitándote a pasar unos días en la montaña. Deberías airearte un poco, repiten por no saber qué decir. Aceptas el consejo. Abres la ventana. Saltas.
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