Deberías airearte un poco. Izarte estandarte cogida por los puños del mástil más alto. Dejar que el aire te penetre, que circule ávido por tus vasos sanguíneos. Y te limpie.
Has restregado tu cuerpo hasta no sentir la piel. Lo has sumergido en aceites y sales. En aromas y cremas. El olor no desaparece. Ni las huellas.
No soportas los espejos. Tampoco la condescendencia con que pronuncian tu nombre y te tocan el hombro. Deberías airearte un poco, dicen invitándote a pasar unos días en la montaña. Deberías airearte un poco, repiten por no saber qué decir. Aceptas el consejo. Abres la ventana. Saltas.

ay ay ay. què sìntesis, patricia. disculpá si siempre digo lo mismo. pero es que es tan apretado. y se siente tanto a ese personaje que està delimitado por tan pocas palabras. para colmo, esa segunda persona le da un toque más íntimo… gracias otra vez. marta sosa
Gracias, Marta. Un gusto tener una lectora como vos. Un abrazo