Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. La escucho cantar como todas las noches a través del tabique que separa su piso del mío. Nunca la he visto, sólo la imagino. Suave, ojerosa, menuda. Como su voz, que recorre el repertorio acostumbrado: ángeles traviesos, tortugas aventureras, teteras friolentas, gaviotas despistadas. Su niño ha de ser inquieto y le cuesta dormir. Apoyo la cabeza en la pared y me tapo con las mantas hasta la barbilla. Ha dejado de cantar. Ahora yo. Tal vez esta vez haya escuchado mis deseos. El tabique es muy fino y he deseado muy fuerte. Quizás, no me espere otra noche de insomnio.

Tus escritos siguen siendo insinuaciones infinitas… ¡Que el 2015 te siga inspirando historias! Un abrazo,
Feliz Navidad!
Muchas gracias, Pilar. Espero que el 2015 traiga también muchas cosas que contar y mostrar para ti.
Muchas felicidades y un gran abrazo.