por pcollazo | Ago 19, 2019 | En pocas palabras, Premiados
Había escrito cientos de veces “te quiero”. Quince en el espejo empañado, veintitrés en la contratapa del diccionario que ella nunca consultaba. Catorce a lo largo del zócalo, treinta en las páginas arrancadas del calendario durante el último mes. Escondió ocho entre las hojas del helecho, cinco debajo del felpudo y otros dieciséis en un bloque de hielo en el congelador.
Así, no traicionaba el pacto que tenían diciéndoselo y no se
traicionaba a sí mismo ocultándolo.
Ella, esperaba que algún día él leyera el “Yo tampoco” que se había tatuado en un sitio secreto de su anatomía.
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por pcollazo | May 12, 2019 | En pocas palabras
Las mañanas, si no llueve sobre la isla, son angustiantes. Vigilo con temor el cielo. Si una avioneta nos sobrevolara, podría localizarnos. Ella, en cambio, lo mira esperanzada. A diario le ayudo a reescribir la palabra SOS con hojas de palmera sobre la arena, pero en cuanto se distrae, me aseguro de que quede convertida en un amasijo de ramas que parezca natural.
No me animo a sincerarme, a decirle que ya no soy quien ella cree. La observo acercarse cargada de papayas y con los labios húmedos de leche de coco. Hago un esfuerzo para no besarla.
Simulando estar absorta, miro el horizonte.
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por pcollazo | Mar 30, 2019 | En pocas palabras
Durante los bombardeos Don Pedro tocaba el acordeón. Tiempo después supe que la melodía alegre y cautivadora que ejecutaba era la Danza húngara número cinco de Brahms.
Don Pedro era vecino del barrio aunque nadie sabía muy bien dónde vivía. Aparecía cuando las sirenas alertaban del peligro y corríamos a los refugios.
Allí esperábamos en la penumbra a que todo acabase. Y él, con su acordeón, entre apretujones, amenizaba la espera. Los niños dejábamos de llorar escuchándolo.
Luego, la señal indicaba que el peligro había cesado y un frágil alivio circulaba entre la gente. Don Pedro y su acordeón se mezclaban entre quienes pugnaban por salir a las calles de Madrid.
Años después, cuando preguntaba a mis padres si habían vuelto a saber de Don Pedro, ambos aseguraban que no había ningún Don Pedro. Que durante nuestras reclusiones forzadas, nadie tocaba el acordeón. Que lo habría soñado o imaginado.
Hace tiempo que ellos no están. Ya nadie puede negar su existencia.
Hoy lo he visto deambulando cerca del Retiro cargando su acordeón. Estaba como entonces. Desde mis ochenta y seis años, levanté la mano en gesto de saludo. Podría jurar que esbozó una sonrisa antes de desaparecer.
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por pcollazo | Mar 30, 2019 | En pocas palabras
Por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar, se preguntarían si fueran capaces de hablar. Pero no lo son. Los han dejado amordazados. Atados de pies y manos y con vendas sobre los ojos. Y no hay mordaza más irrefutable que la muerte.
En una fosa perdida, cerca del camino que va de Viznar a Alfacar se entremezclan los cuerpos vacíos, irreconocibles. Todos serían iguales en la llanura del olvido, si no fuera porque uno de ellos sigue pergeñando en silencio sonetos oscuros, casadas infieles, zapateras, inquebrantables solteras, sangrientas bodas.
A veces, cuando hay luna, en mitad de la noche se escucha un cante jondo que brota desde la tierra.
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por pcollazo | Mar 12, 2019 | En pocas palabras, Premiados
— ¿Me matarás?
—Juguémoslo a Piedra, Papel o Tijera —concedió el escritor.
Debí suponerlo, pensó el personaje cuando su propia piedra envuelta en papel lo aplastó.

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por pcollazo | Mar 9, 2019 | En pocas palabras
Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, mi cabeza está vacía. Y yo, que pretendía conquistarte con un examen brillante.
Paseas entre las mesas con tu andar desmadejado. El tacón de tu zapato izquierdo sigue estando flojo, y otra vez te has olvidado el paraguas.
Te frotas la nariz para reprimir un estornudo que tardará cuatro, tres, dos, ahí está, en estallar.
Como todos los martes, te has recogido el pelo. Opción A: vas al gimnasio los lunes. Opción B: los martes tenemos primera, madrugas demasiado.
Miras interrogante mi hoja en blanco.
— ¿Qué pasa, Pablo? ¿Estás desconcentrado?
Sonrío rojo de vergüenza. Si en lugar de preguntar antecedentes de la revolución francesa, preguntaras causas objetivas para enamorarse de ti…
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