Ganadora trimestral en Wonderland RNE 4

Ganadora trimestral en Wonderland RNE 4

Tengo el orgullo de que mi relato «De mañana» resultara ganador trimestral del concurso de microrrelatos organizado por el programa Wonderland de RNE 4 (Radio Nacional – Cataluña).

Quiero darle un agradecimiento especial a Rosa Gil por su simpatía y permanente atención, por estar al frente de un programa que promociona, impulsa y apoya la creación y el arte en general, y el género del microrrelato en particular. Es siempre un honor escuchar mi nombre los sábados por la tarde, y este sábado en especial como ganadora del trimestre.

Otro agradecimiento enorme a Jordi Muñoz y a su equipo de L’escola de escriptors de l’Ateneu de Barcelona, que además de darme la alegría de seleccionar mi cuento entre grandes relatos presentados por mis compañeros de final (difícil tarea ha de haber sido), me premian con un curso online de Microrrelatos en la Escuela de Escritura de Barcelona. Una recompensa que me hace muchísima ilusión, y que comenzaré con todas las ganas el 11 de abril.

No puedo dejar de mencionar a los dos compañeros que han recibido merecidos accesits por sus relatos: Anna Jorba Ricart y Rafa Heredero. Y al resto de ganadores semanales de este trimestre que han llegado a esta final y que cuentan con toda mi admiración y reconocimiento.

Aquí os dejo el audio del programa de hoy en el que me han hecho una entrevista en la que me he sentido muy cómoda gracias a la calidez y simpatía de Rosa y Jordi (a partir del minuto 28)

Dependiente

Dependiente

El tiempo todo lo cura, me decían los más allegados. Por eso fui a mi médico de cabecera y le pedí que me recetara horas en comprimidos. Los jarabes me resultan empalagosos, y las inyecciones… me aterran las agujas.

El facultativo insistió en que antes de recetarme nada, debía hacerme unos análisis. Sin previo aviso, me clavó un segundero en el brazo y extrajo una muestra.

– Lo suyo es complicado – diagnosticó cuando comprobó el alto nivel de glóbulos azul marino    – Corre usted riesgo de que se le obstruyan los días, y de eso al infarto de amaneceres, hay un paso.

– ¿Pero me va a recetar usted unas horas, o no? – pregunté angustiado – Mi mujer se ha marchado, harta de que no le dedicara tiempo. Es evidente que me faltan vitaminas, antioxidantes, o algo…

El médico cogió su recetario y comenzó a escribir. Recetas y recetas, una tras otra. Con una caligrafía  muy cuidada, sin levantar la vista y sin percibir mis signos de ansiedad.

Jugueteé con el calendario que tenía sobre su mesa. Avancé de abril a diciembre, y volví a retroceder. Revisé los festivos, conté cuántos días faltaban para mi cumpleaños, calculé cuántas horas necesitaría para olvidarla, intentando comprobar si lo conseguiría antes de navidad. Y entendí que no, que si el galeno no me recetaba una buena cantidad de tiempo extra, me sería imposible.

El doctor  terminó de escribir la pila de recetas  y me la acercó.

– Haga usted autorizar estas pruebas en su seguro, y hablamos

– ¿Pero no podrá usted recetarme mientras tanto aunque sea unos minutos?

El médico negó con la cabeza y miró impaciente su reloj pulsera.

Sin pensármelo dos veces, me abalancé sobre él y se lo arrebaté de la muñeca.

Pude huir sin que me detuvieran los guardias de seguridad. Desde entonces soy un fugitivo. Me inyecto tiempo en vena con el minutero de su Rolex de alta gama. No sé cuándo terminaré por agotarlo, aunque sé que será inevitable.

Incapaz de dosificarlo, de pensar más allá de las siguientes horas, termino sucumbiendo por una sobredosis.  El tiempo no todo lo cura. Nunca prestes atención a los consejos de tus allegados.

 

Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Laurent Rosset:

relojes

Como si tal cosa

Como si tal cosa

Ella habla por los codos. Otros lo consideran un defecto, pero para él resulta encantador. Sobre todo cuando la primavera trae consigo las mangas cortas y su voz se escucha más nítida y cantarina que nunca. Es escucharla, y perder la cabeza. Pero no le importa. Cuando ella se va, con los codos roncos de tanto hablar, busca su cabeza por toda la casa. A veces la ha dejado en un lugar visible: un estante, la mesa del televisor o el sofá.  Pero otras, le lleva horas descubrir que la ha apoyado en la almohada y se ha quedado dormida. Cuando al fin consigue despertarla y recolocársela sobre los hombros, ya es de día. Apaga las luces y se va. No importa a dónde, pero es que apagar las luces le provoca una necesidad irresistible de irse.

Mientras tanto ella, la de los codos parlantes, intenta llegar a su pueblo pero cada vez que se acerca a él, se queda dormida y se pasa tres. Hacia el este, hacia el oeste… Lo peor es cuando se los pasa hacia el norte. De inmediato lo pierde. Y cuando pierde el norte se cae del mapa por el mar Ártico. Nada contra corriente intentando alcanzar la orilla, donde él, el de la cabeza recolocada sobre los hombros, arma castillos de arena mientras la espera y desespera, solo un poco. Porque sabe que llegará, y sonriendo le tirará los galgos. Los lánguidos canes algo asustados por haber sido arrojados por el aire, llegarán como caídos del cielo aplastando sus castillos de arena. Él no se dará cuenta, porque al verla, el corazón le dará un vuelco. Y con él todo el cuerpo, por lo que haciendo el pino, la colmará de besos.

Ella, con los besos saliéndole por las orejas, por la nariz y por las puntas de los dedos, decidirá que ya no se quiere marchar. Se quedará clavada en el suelo, y él, cruzando el puente de su pino, le empinará los codos para escucharla decir por fin que sí.

 

Escrito para los Viernes Creativos donde la propuesta era la siguiente:

«Os propongo que juguéis con la frase hecha de vuestra elección, con su literalidad y las imágenes que sugiere, y creéis algo distinto. Retorced las palabras y aprovechad el jugo que suelten.»

captura pelotas

La boda del tío Juan – Finalista semanal en Wonderland RNE4

La boda del tío Juan – Finalista semanal en Wonderland RNE4

– Vivir del cuento, eso pretende la muy zorra– dice mi madre cuando llegamos a la iglesia.

– Siempre tan mal pensada – murmura papá.

Mi madre me lleva ante la novia que espera para entrar.

– Pero qué guapa… Dale un beso, cariño – me empuja hacia la mujer.

Retrocedo aterrado. Cuando digo que las zorras me dan miedo y que no la quiero besar, me cae tal cachete que termino con la pajarita en la nuca.

Suena la música. Mi madre, tan roja como su vestido, me coge de la chaqueta, y con los pies colgando, me obliga a entrar.

La boda del tío Juan – Finalista semanal en Wonderland RNE4

Dicotomía – Finalista semanal en Wonderland RNE4

Llamar  a la puerta para demostrarle respeto, y entrar aunque ella no conteste.

Pronunciar dos o tres frases condescendientes al bulto tembloroso bajo las cobijas, para terminar destapándola con una orden: Levántate.

Abrazarla consolando sus interminables lágrimas y propinarle un tirón de pelo cuando ella no pueda evitar un gesto de rechazo.

Pedirle que se siente para hablar tranquilamente, y empujarla sobre la cama cuando ella lo mire como si no entendiera su idioma.

Acariciarle los hombros, el pelo, la cara, para aparcar las manos cerradas sobre su cuello cuando ella se niegue a mirarlo a los ojos otra vez.