por pcollazo | Dic 16, 2016 | En pocas palabras
Cuando el partido emergente llegó al fin al poder, lejos de apoltronarse en los escaños, sus representantes intentaron cambiarlo todo, porque eso era lo que habían prometido a los electores. Esas promesas incluían abolir tantas reformas y leyes que no había día en que no se votara la derogación de una ley, sobre todo si había sido promulgada por los partidos tradicionales que hasta entonces se habían alternado en una sucesión de aburridas y previsibles legislaturas.
Tanto se esmeraron los nuevos gobernantes, que por derogar terminaron derogando la Ley de la Gravedad, sin ponerse a pensar en manzanas caídas ni atracciones estelares.
Las consecuencias, este flotar sin ton ni son chocándonos unos contra otros, se nos han ido de las manos. Hace días que no consigo mandar a los niños al colegio porque cuando los encuentro y los cojo de la mano, no soy capaz de que acertemos atravesar la puerta de entrada. Tampoco les puedo preparar la merienda, con la leche todo el tiempo cayéndose para arriba cuando saco la taza del microondas. Nuestro perro ha decidido acostarse en el techo y nos mira desde arriba de la lámpara, y he dejado de lavar la ropa porque no hay forma de que se quede enganchada en la soga.
A pesar de todos estos inconvenientes, debo reconocer que ahora comprendo hasta qué punto mi vida necesitaba un cambio radical. Hace varios meses que mi marido se fue a la oficina y desde entonces no he sabido más de él. Tal vez se haya quedado orbitando alrededor de esa compañera que tantos celos me provocaba entonces, cuando la gravedad existía. Ahora que no estamos atados a tontas leyes físicas, entiendo lo absurda que he sido.
Perdonad, tengo que dejaros… – ¡Niños, os he dicho cien veces que no caminéis por las nubes que después me dejáis la casa llena de niebla!
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Mario Sánchez Nevado:

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por pcollazo | Nov 26, 2016 | Noticias
Ayer, 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, tuve la satisfacción de recibir el Primer premio e el IV Concurso de Relatos Breves «El folio en malva» organizado por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Castropol (Asturias).

Fue un entrañable acto, realizado en la Casa de la Cultura de Castropol, en que se puso de manifiesto la necesidad de seguir avanzando en la erradicación de la violencia hacia las mujeres.
Mi cuento «Hermano mayor» se ha hecho merecedor del primer premio por lo que he recibido una tablet y un interesantísimo libro que reúne edición completa en facsímil del periódico regional «El Aldeano» entre 1929 y 1933, una auténtica joya. El mayor de los premios, ha sido sin duda, la cálida bienvenida que me han dado desde la Concejalía de Igualdad y desde los clubes de lectura de las Bibliotecas de Castropol y Figueres. Un grato momento que agradezco especialmente a quienes organizaron esta velada. Un recuerdo que guardaré con mucho cariño.


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por pcollazo | Nov 26, 2016 | En pocas palabras, Premiados
Se oye el sonido de la verja de entrada que se abre cuando está oscureciendo. Mamá mira desde la ventana de la cocina. Si la figura oscura se tambalea mientras camina hacia la puerta, nos da la señal. Ha llegado con ese humor, dice. Y los niños nos echamos a temblar. Yo intento disimular ante los pequeños, pero el sonido de los pasos irregulares sobre la grava del camino, me eriza la piel.
Mamá me indica con la mirada que debo hacer lo que ya sé. Lo que hemos planeado para cuando llega con ese humor. Llevarme a mis hermanos al sótano y procurar que no hagan ruido. No cruzarnos con él, que ya está intentando embocar la llave en la cerradura. Eso le llevará algunos minutos. Los que tenemos para recoger los pijamas, las mochilas del cole, los ositos de las mellizas y bajar a la carrera.
No quiero dejarla sola. Sé lo que va a pasar. Y me siento un cobarde por huir junto con los pequeños. Aunque ella me haga creer que no estoy huyendo, que mi misión es evitar que ellos se pongan en el trayecto de un golpe, que sean testigos de los insultos, que vean en primera persona lo que no debería pasar.
Nos perdemos en las escaleras que bajan. Me aseguro de que pasen todos: Lucas, Esteban y las mellizas. Y después, echo una última mirada a mi madre. Para rogarle que me deje permanecer con ella. Y defenderla, o al menos aguantar juntos el chaparrón. Pero ella solo dice “Vete”, y me cierra la puerta del sótano en la nariz para ir a abrirle la de entrada, porque sabe que cuanto más lo intente él sin conseguirlo, más furioso se pondrá.
En esas noches, cuando terminan los gritos, y los peques ya se han dormido agotados de tanto llorar, subo las escaleras sigiloso. Papá duerme tirado en el sofá o en la cama, y mamá… Mamá se abraza las piernas sentada siempre en el mismo rincón de la cocina, sobre el suelo de baldosas salpicadas de rojo, con el rostro hundido entre las rodillas. No me escucha llegar, y yo no me animo a hablarle. No quiero que levante la cabeza y tener que ver las lágrimas rodando imparables por sus mejillas.
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por pcollazo | Nov 21, 2016 | Noticias
El viernes 18 de Noviembre, he tenido el honor de participar en la gala de entrega de premios del Certamen de Narrativa breve Jorge Maldonado, donde mi relato Bitácora resultó galardonado con el Segundo Premio entre 484 relatos presentados desde diversos puntos geográficos de España, Argentina, Colombia, etc.
El Certamen, organizado por el Ayuntamiento de Móstoles y la Asociación de mujeres Agua Viva, es un homenaje a la figura de Jorge Maldonado, argentino, dinamizador de la vida cultural del municipio de Móstoles desde los años ochenta hasta su muerte, acaecida en 2013. Gran amante de la literatura, los libros y la vida, en los diferentes puestos que ocupó durante su trayectoria profesional en la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Móstoles fue dejando la impronta de su carácter, pasión y enorme bagaje cultural.
Una grata sorpresa verme rodeada de muchos familiares y amigos argentinos de Jorge, que estaban allí brindándole este particular tributo. Además de asistir a una velada muy especial en que confluyeron la música, la palabra y el recuerdo.
Quiero agradecer al jurado por este premio y por sus halagadoras palabras, así como al Ayuntamiento de Móstoles esta iniciativa cultural tan importante.
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por pcollazo | Nov 21, 2016 | Cuentos enredados, Premiados
Como si fuera tonto o sordo o las dos cosas a la vez ¿abuelo quieres probar una torrija? ¿Y por qué me gritas, niña? pero no se lo digo… me mira ansiosa como preguntándome ¿aún te acuerdas de que soy Alba, no es cierto?… por eso le contesto: No, gracias, Albita, he comido demasiado… No disimula su sonrisa de alivio, como su madre que se acerca y me dice ¿está bien, suegro? Asiento, pero no lo estoy. Desde que me he perdido de camino de regreso desde el banco todo ha cambiado. Un despiste, insistí en hacerles entender pero no, que al médico de inmediato. Pero si ya me habéis encontrado y aquí estoy… Papá, insistió Julio. Tuvimos suerte de que justo pasara Marta por allí… No sé dónde era allí, pienso, y tampoco se lo digo… qué alivio cuando alguien me llamó Don Pedro ¡sí, ese soy yo! supe de inmediato. Como pisar terreno un poco firme después de tanto hundir los pies en el lodo… Desde ayer que me duele ese pie… yo creo que se me ha encarnado la uña… eso nunca pasaba cuando estaba María, ella siempre cuidándome, cortándome las uñas… ¿dónde está María? miro a mi alrededor buscándola y tres o cuatro personas me observan preocupadas… ¿necesitas algo, papá? dice el hombre de camisa de rayas…. ¿María? pregunto aunque de inmediato sé que no debí hacerlo… Papá, ya sabes que mamá… Asiento. Sí, ya sé que mamá nos dejó al final de la primavera pasada, cómo pude haberme olvidado.
Y ahora este matasanos que dice que tengo principio de Alzheimer… eso es mentira… y tú más quise decirle, pero me daba no se qué hacer quedar mal a mi hijo y a mi nuera que empezaron a hacer preguntas y a hablar de mí como si yo no estuviera presente.
Puede que estos episodios se empiecen a repetir con más frecuencia… yo me preguntaba si alguien le estaba prestando atención porque mi hijo lo miraba con los ojos nublados, y mi nuera me miraba a mí como con pena.
¿Le duele la cabeza? me preguntaba el de la bata blanca…. Bueno ¡por fin alguien que se entera de que estoy aquí! Sólo cuando a las urracas se les da por anidar en ella, contesto… la cara del galeno es un poema…. Que es broma, lo tranquilizo… sonríe no del todo convencido.
Abuelo, que vamos a ver la peli esa del tsunami… siéntate aquí a mi lado, dice Alba. Se la ve preocupada por mí, yo no quiero que se preocupe… y me siento a su lado aunque no estoy seguro de querer ver una película. Tengo mucho en qué pensar. ¿Este año no vais a la procesión? pregunta el chaval de gafas. Intentar recordar su nombre me produce un dolor sordo en la sien, por eso he dejado de intentarlo. No, cariño, el abuelo no está para procesiones dice su madre, que es mi nuera, eso es seguro. Me revuelvo inquieto en el asiento, Albita me mira preocupada y me toma la mano pensando que me impresiona la ola que acaba de barrerlo todo en pantalla… Abuelo, ¿prefieres que quitemos la película? niego con la cabeza en la penumbra de la sala, no quiero que vea que tengo los ojos húmedos. No quiero que mi memoria se disuelva en la arena cuando el mar suba apenas, cuando la oscuridad vaticinada sobre mí, venga a intentar borrarlo todo. Tengo que hacer algo para seguir entendiendo este mundo que poco a poco dejará de hablar mi idioma.
Tengo que concentrarme en una estrategia, en algo que me asegure no perderme por completo. Un ovillo de lana que me permita transitar el camino de regreso cuando lo necesite. Quiero seguir sabiendo cómo se llama Albita y que su mamá es mi nuera, aunque se parece tanto a mi hermana Amalia cuando era joven, o a mi madre…
Tengo un plan. Escribiré, lo escribiré todo. Bastará con un cuaderno, un boli y tiempo. No sé cuanto tengo, pero el plan es genial, me digo.
Amalia, le digo a mi nuera que me mira sorprendida. Alguien pausa de inmediato la película…. Papá, ella es Martina, mi esposa ¿te acuerdas? dice el hombre de camisa de rayas… Julio, eso es…. Claro, le digo. ¿Me darías un poco de agua? Las luces se encienden, todos buscan algo que hacer. Amalia o Martina se apresura a ponerme un vaso de agua entre las manos… ¿Abuelo, puedo hacer algo por ti? pregunta Albita. Bebo varios sorbos y le sonrío. Sí, puedes, mi niña, sí puedes….
Desde ese momento Alba me ayuda con mis anotaciones. Ha buscado fotos de todos y las hemos pegado en mi cuaderno, “mi bitácora” la llamamos en secreto. Hemos anotado nombres, fechas, lugares.. De vez en cuando repasamos los nombres y ella me los pregunta, y si no me acuerdo, me dice la primera sílaba y yo pienso y pienso hasta que soy capaz de dibujar otra vez mi huella en la arena y recordarlo.
Sé que llegará un momento que no seré capaz de volver a dibujar mi huella, y mi mundo quedará completamente sumergido en el tsunami. Mi bitácora no servirá de nada entonces. O servirá de mucho. Será mi tabla de salvación, aunque no pueda entenderla, podré sobrevivir asido a ella.
Releeré esa primera página en que Alba ha apuntado con su prolija caligrafía “Este cuaderno pertenece a Pedro, mi abuelo. El hombre más maravilloso del mundo, y su objetivo es que él recuerde que lo queremos. Aunque nuestras caras le parezcan desconocidas, él para nosotros no lo es. Nunca lo será”
A veces, por las noches, pienso que tal vez llegará un momento en que no recuerde cómo leer, y mi bitácora ya no me sirva. Pero por la mañana, cuando Alba, me da un beso antes de salir y me pregunta si recuerdo nuestro secreto, me tranquilizo. Puede que yo algún día no lo recuerde, pero ella, ella siempre lo recordará por mí.
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