Hoy tuve la alegría y el honor de ser reconocida con el primer premio en la séptima edición del Concurso de cuentos «Madrid Sky» organizado por el grupo literario Primaduroverales.
Mi relatoSoy lo prohibido fue reconocido por el jurado, que también otorgó el segundo y tercer premio a mis amigos Elena Bethencourt y Raúl Clavero, lo que me hace sentir muy orgullosa por la compañía de alto nivel con que se ha completado el podio.
Mi enhorabuena a ellos y a los otros cinco finalistas, de cuyos relatos hemos podido disfrutar durante la última semana a partir de las entrevistas que con tanto cariño nos han realizado los organizadores a todos los finalistas.
Muchas gracias al jurado, en especial a Domingo Jimenez Lacaci que hizo un comentario muy generoso sobre mi relato. Muchas gracias a quienes han realizado las lecturas, las entrevistas, y han conseguido que la ceremonia de hoy fuera emotiva y cercana a pesar de la virtualidad.
¡Gracias Primaduroverales! Vosotros lo habéis hecho posible contra viento y marea.
Rechazó el ofrecimiento mediante un gesto desdeñoso
de sus dedos, pero se quedó con la cerveza. María se encogió de hombros dibujando
un “como prefieras” entre las escápulas fruncidas.
Esa fue toda la conversación que conseguí sacarles.
Me quedé confuso, con los guiones de diálogo preparados y sin encontrar hueco
donde colocarlos.
Ella giró para regresar a la cocina. Eso me
obligaba a pensar rápidamente algo para hacerle hacer allí. Una cebolla,
decidí. Pelar cebollas siempre es un buen recurso. Ella llorará. El lector no
sabrá si debido al efecto irritante de la cebolla o a la indiferencia con que
él ha descartado su ofrecimiento. Eso me dará tiempo a pensar.
Se suponía que debían tener una discusión. Un
vuelco en la historia. Un intercambio memorable donde María le reprochara su enésima
infidelidad y Alejandro se viera obligado a tomar una decisión: ella o las otras.
Por eso, a pesar de que podía ser un poco
denigrante para María, la había obligado a acercarse al sofá llevándole una
lata de su cerveza preferida, para ofrecerle hablar. Quien tendría que haber
movido la primera ficha, era Alejandro. Pero qué podía pretender de un tío que
toda la vida no había mirado más allá de su propio ombligo, o de las faldas de
cualquier mujer que no fuera la suya.
Yo lo había creado así, ahora no podía
quejarme. Le eché un vistazo mientras ella pelaba la cebolla. Seguía tirado en
el sofá. Pensé que se me había ido un poco la mano con los rasgos negativos. No
tuve en cuenta que éstos con el tiempo se acentúan. Diez capítulos más y tendría
un irredimible hijo de puta.
En cambio, María… Ella era tan dulce y
comprensiva. Una mujer que había superado miles de problemas, y que merecía
algo mejor que un mamarracho con nombre de rey. En silencio, llevaba páginas enamorado
de ella.
Me acerqué a la cocina. María cortaba la
cebolla. Era tan delicada con todo lo que hacía. Imaginé esas manos, que
parecían bailar sobre la tabla de madera, acariciándome el pelo.
Contra todo pronóstico, ella no lloraba.
Canturreaba una melodía que me sonaba mucho, aunque no podía recordar qué
canción era.
Claro, cómo no te va a sonar si se la estás
haciendo canturrear tú, me dije. Apoyé los guiones de diálogo sobre la mesa.
Era evidente que no podría usarlos. Además, necesitaba mis brazos. Me acercaría
a María y la invitaría a bailar. Era un bolero. Lo que estaba cantando era un
bolero.
Puse mis manos sobre sus hombros. Ella siguió
entonando “Soy ese beso que se da sin que se pueda comentar. Soy ese nombre
que jamás fuera de aquí pronunciarás…”
Por más esfuerzos que hice, no conseguí que se
girara hacia mí. Ella no percibía mi presencia. Me odié por haber elegido un
narrador omnisciente y no uno protagonista o, aunque fuera, uno testigo.
Ella cogió la tabla y atravesándome la apoyó
sobre mis guiones de diálogo. Luego, se fue desvistiendo despacio, dejando un
reguero de ropa gris y desgastada hasta el baño. La escuché abrir la ducha
mientras seguía cantando “Soy el pecado que te dio, nueva ilusión en el amor…”.
En el cuarto descubrí su maleta llena sobre la
cama. No podía dejarla ir. Si lo hacía, escribiría su propia historia. Una
historia ajena a mí. Corrí hasta la sala. Sacudí a Alejandro por los hombros.
Él tampoco percibía mi presencia, y aunque la hubiera percibido, de nada hubiera
servido. Estaba muerto, con la lata de cerveza entre las manos. Tarde lo
comprendí todo.
Sentado en el sofá empecé a sollozar mi
fracaso. Las ruedas de la maleta sobre la tarima me alertaron de que era hora
de despedirme de María. La vi salir, radiante, con el pelo mojado y cerrar la
puerta con firmeza.
Me asomé por la ventana hacia la calle que yo mismo había creado para verla fundirse en un abrazo con un desconocido. Un personaje que yo nunca había puesto allí.
Solo puedo agradecer. Agradeceros cada uno de los 175 votos con que me habéis dado el empujón definitivo hacia mi objetivo de alcanzar esta «cuarquinta» final anual consecutiva de Relatos en Cadena, el concurso organizado por el programa La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.
Agradeceros todos esos mensajes de aliento. Todos esos tréboles y esos corazones que me habéis hecho llegar durante todo el día. Agradeceros ese mensaje repetido con que os habéis alegrado de mi triunfo: «se ha hecho justicia poética».
Me gusta la justicia, y más aún la poética. Mi relato Experta me ha servido de pasaporte para sacarme la última partícula de espinita que pudiera tener clavada. Ya no hay espinas, estamos a mano.
Ser reconocida en los concursos es un aliciente que me empuja a seguir escribiendo. Pero no es el único. Por esta temporada, ya no será para REC… ¡Pero hay tanto otros buenos motivos para escribir!
Si queréis escuchar la final mensual, podéis hacerlo en este enlace a partir del minuto 19.
Aquí estoy, (¡otra vez! dirás y con razón) pidiéndote tu ayuda para alcanzar la final anual de Relatos en Cadena.
¿Por qué lo hago? Porque soy muy testaruda (eso ya lo habrás notado si me sigues hace un tiempo). Y también porque estoy rodeada de gente como tú, que me apoya, me alienta, me escribe diciéndome «te he escuchado». Y esa gente es muchísimo más numerosa e infinitamente más valiosa que algún personaje que, cargado de envidia, ha intentado hacerme bajar de este sueño en el pasado reciente.
Ya ves que a mí los obstáculos solo me hacen crecer. Y aquí estoy otra vez. Gracias a mí, que le pongo mucho empeño, pero gracias, sobre todo a ti, que me has hecho emocionar con tus mensajes de apoyo y has reforzado mis ganas y mi empuje.
He estado en las últimas cuatro finales anuales de Relatos en Cadena (aunque la última haya resultado fallida y me obligaran a bajarme unos días antes de llegar a la anhelada terraza). Contemos tres o contemos cuatro. El caso es que llevo cinco temporadas intentándolo. Desde entonces, he cumplido mi objetivo (llegar a la final anual) cuatro veces seguidas.
Pues aquí voy ¡a por la quinta! de la mano de mi relato Experta.
Uno de los votos que me ayudarán a llegar a esa final anual, es el voto popular. Que conseguiré si logro que mucha de la gente que me apoya, me vote. Como ya ha hecho en muchas ocasiones. Algo que nunca me cansaré de agradecer.
Si quieres apoyarme tienes que entrar a este link: https://escueladeescritores.com/concurso-votacion-rec/y votar al Relato de la Semana 1 (siempre que te guste y además te guste más que los otros dos que son muy buenos). Al pie de la página verás los tres relatos.
Importante: si estás accediendo desde el móvil, ponlo en horizontal para que se vea bien toda la página.
Un voto, un empujón hacia mi sueño. ¿Cómo no te lo voy a agradecer?
Hoy, para empezar temporada, tuve la alegría de recibir la llamada de La Ventana. Alegría que se vio colmada cuando mi relato Experta consiguió pasar a la final mensual de Relatos en Cadena.
Como muchos sabéis, Relatos en Cadena es un concurso anual que organizan el programa La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.
Como mucho sabéis también, esto es un pequeño «desquite» para mí. Pero no me quedo con eso. Me quedo con que la perseverancia es en todo esto lo más importante.
Muchas gracias a tantas personas que me apoyan y me siguen y que siempre están allí para ayudarme a alcanzar mis sueños.
Podéis escuchar mi participación en este enlace a partir del minuto 40:12
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