Aquellas pequeñas cosas

Aquellas pequeñas cosas

Para Joan Manuel Serrat, que sin saberlo ha desordenado la antología de mi vida

De vez en cuando la vida te besa en la boca y el Carrusel del Furo está esperándote para decirte cómo alucina un niño. Y hay niños silvestres, amores imposibles, camas anchas, mujeres sentadas para siempre en una estación esperando lo que ya no puede regresar. Pero eso no impide que la fiesta nos aglutine, subiendo la cuesta, como si la noche fuera de San Juan aunque sea mayo, y hayan pasado más de veinte años desde que teníamos veinte años.

En ese territorio, en que las palabras de amor se pronuncian con la voz de los quince años, y vuelan como una carta que se lleva el viento a ninguna parte, a ningún buzón, no hay sitio para los que usan la colonia y el olor para ocultar oscuras intenciones. Y sin embargo están presentes, sólo para que sepan que todos tenemos algo personal contra ellos. Que para la libertad tenemos más corazones que arenas en el pecho.  Y que caminando hacemos camino, cantando golpe a golpe, verso a verso, sin importar si desafinamos o no.

Porque para afinar ya está él ahí, llenando el escenario de poesía, la noche de estrellas, el aire de música. Bendita música a cuyos atardeceres rojos se han acostumbrado mis ojos.

Y con la resaca a cuestas, no hago otra cosa que pensar en tantas cosas como evocan esas canciones que me han acompañado durante toda la vida. Haciéndome creer que yo también he nacido un poco en el Mediterráneo, que yo también tuve diez años y un gato peludo funámbulo y necio.  Que yo también, y un poco gracias a ese señor pequeño que llena el espacio del teatro y tantos momentos de mi vida, suelo hacer como que espero a las musas mientras escribo. Porque ellas… Ellas siempre están de vacaciones.

Finalista en el II Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro

Finalista en el II Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro

Hoy he recibido la noticia de que mi microrrelato “Culpable”, que he presentado en el II Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro, organizado por «Vallecas todo Cultura», ha sido seleccionado entre los cinco finalistas.

Un nuevo motivo de satisfacción y orgullo para mí.

Me han invitado a concurrir a un acto en la librería Muga, que se celebrará el día 28 de mayo, durante el cual el jurado dará a conocer los relatos ganadores.

Esta vez, el desafío era escribir un microcuento de no más de 200 palabras que incluyera la palabra barrio.

Gracias a «Vallecas todo Cultura» por ofrecernos la oportunidad de participar.

Una vez que se expida el jurado, estaré autorizada a publicar mi cuento.

Un cuento peligroso – Tercer premio en el IV Concurso Fundación Camilo José Cela

Un cuento peligroso – Tercer premio en el IV Concurso Fundación Camilo José Cela

El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona. Si no fuera por el hueco en su frente y el hilillo de sangre que desciende por la comisura de su boca, se diría que está dormido.  Pero no es educado dormir en sitios públicos. Y sin duda nuestro viajero, es todo un caballero. Lo demuestran el brillo de sus zapatos, la nitidez de la raya de su pantalón Príncipe de Gales, el blanco inmaculado de su camisa.

Son sus manos de uñas refinadas y prolijas, las que sostienen el papel sobre el pecho que no sube y baja acompasadamente como cabría esperar si nuestra primera suposición, el viajero está dormido, fuera correcta.

El sobre desgarrado indica que el papel que sostiene, es una carta. Una revelación, suponemos.  Tal vez el motivo por el que el hombre de traje negro y pelo recortado, le ha disparado.

Delante de la figura oscura que permanece de espaldas, adivinamos sus brazos extendidos sosteniendo el arma apuntada aún hacia nuestro viajero, que como es de esperar, sigue echado boca arriba en la chaise-longue forrada de cretona.

Deberíamos (vosotros y yo) abandonar la escena. El hombre de traje negro parece haber percibido nuestra presencia y gira con los brazos aún extendidos. Yo ya lo he hecho. Confío en que gracias a vuestros buenos reflejos, vosotros también.

Un cuento peligroso – Tercer premio en el IV Concurso Fundación Camilo José Cela

Backup

Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Desde que se había extraviado regresando a casa, todos lo trataban como si fuera tonto. O sordo. El diagnóstico médico no ayudaba: su memoria se diluía. Como el estampado de una tela vieja. Pero él aún podía rellenar los huecos. No era tonto, no era sordo. Escuchaba lo que murmuraban a sus espaldas y dibujaba. Las caras de nietos, hijos, hermanos, amigos, detallando nombres y parentescos. La libreta era su salvavidas, le permitiría seguir siendo él en el futuro. A veces lloraba a solas. Cuando entendía que algún día no podría ni siquiera recordar que la llevaba en el bolsillo.

Un cuento peligroso – Tercer premio en el IV Concurso Fundación Camilo José Cela

Otro cuento de hadas

Seguía atrapado allí dentro, ella lo sabía. También conocía la forma de contener al monstruo e impedir que saliera. No darle motivos, tenerlo todo impecable cuando regresaba de batallar… sus banquetes preferidos, sonreír lo justo, evitando que él sospechara razones fuera de castillo para hacerlo. Peinarse el cabello lánguidamente, consultarle si sus vestidos eran apropiados.

El monstruo estaba atrapado dentro de su príncipe azul. Pero ella sabía manejarlo. Sin embargo, un día erró en algo sin saber en qué. Por eso se sintió culpable cuando el monstruo volvió para encerrarla en la torre más alta, magullada, aterrorizada. Una torpeza que no volvería a cometer.