Seguía atrapado allí dentro, ella lo sabía. También conocía la forma de contener al monstruo e impedir que saliera. No darle motivos, tenerlo todo impecable cuando regresaba de batallar… sus banquetes preferidos, sonreír lo justo, evitando que él sospechara razones fuera de castillo para hacerlo. Peinarse el cabello lánguidamente, consultarle si sus vestidos eran apropiados.

El monstruo estaba atrapado dentro de su príncipe azul. Pero ella sabía manejarlo. Sin embargo, un día erró en algo sin saber en qué. Por eso se sintió culpable cuando el monstruo volvió para encerrarla en la torre más alta, magullada, aterrorizada. Una torpeza que no volvería a cometer.