Gente

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Al abrir el contenedor se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas. No supo cómo llamar lo que encontró dentro. El transporte que estaban descargando traía mercancías, motores, maquinarias. Pero el amasijo de cuerpos ovillados y vencidos que halló, no se correspondía con ningún término de su vocabulario.

Presión migratoria, crisis de refugiados, emergencia humanitaria. Eufemismos, que como todos, había escuchado y aceptado como parte de una realidad ajena, lejana.

El olor nauseabundo alcanzó su estómago obligándolo a vomitar.  Juntó fuerzas para volver a mirar en el interior. Las palabras no le salían. No sabía cómo llamar aquello.

– ¡Gente! – gritó al fin alertando a sus compañeros. – ¡Ayudadme! ¡Aquí hay gente!

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Día de limpieza

Al abrir el contenedor se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas Y hasta sus apellidos, pensó satisfecho. Uno a uno fue arrojando sus diccionarios, sus tratados de morfología, las enciclopedias de sinónimos. Desde abajo, observó la ventana iluminada del salón de su casa. Pero no supo cómo se llamaba aquel rectángulo brillante en la oscuridad. Subió por las arrugas de la escalera y giró el artefacto metálico que llevaba en el extremo de su (¿cómo se decía brazo?) en el hueco dentado.

La impecable lámina de celulosa lo esperaba sobre el mueble de cuatro patas cuyo nombre era incapaz de recordar. Al fin, libre de prejuicios léxicos, se sentó a escribir.

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Frontera

Es verano. El mejor momento para intentarlo. Me lo repito cuando el traqueteo amenaza con obligarme a vomitar otra vez. Ya no hace calor. El calor es una masa que envuelve el entendimiento.  El olor a gasóleo, mis piernas entumecidas en una posición irreal. La cabeza pesa toneladas si intento sostenerla, y duele mares salados si la apoyo en el metal. Tengo que llegar. Lo he prometido. Nos detenemos: tiemblo. Mitad porque los músculos no responden, mitad porque el miedo sí lo hace. Escucho voces, la orden atroz: busca. El hocico olfatea mi pantalón inundado de orina. Todo ha terminado.

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Primera y última

El cigarrillo pasaba de mano en mano. Cuando se dio cuenta, ya era tarde para abandonar el grupo sin ponerse en evidencia. Estaba sentado sobre el respaldo de un banco del parque, entre Fito y Sebas, que reían por alguna tontería. Fito estaba dando su calada. El siguiente sería él. Intentó simular que se lo llevaba a los labios. Imposible engañar a nadie. Tuvo que aspirar. Tosió tanto que su estómago se estrujo y terminó vomitando la cena en el centro del corro. Tan dignamente como pudo, pasó el tabaco al siguiente, y se fue a casa sin decir palabra.

En la final semanal de Relatos con Banda Sonora – Cadena Ser

En la final semanal de Relatos con Banda Sonora – Cadena Ser

Hoy, mi relato “Nini” ha resultado finalista semanal en el concurso de microrrelatos Relatos con banda sonora organizado por Escuela de Escritores y La ventana de verano de la Cadena Ser.

Ha sido una final muy especial en la que he estado acompañada por dos grandes y reincidentes finalistas Nicolás Jarque y Asun Gárate. ¡Felicidades a ambos y mucha suerte Asun en la final del viernes!

Mi relato se ha inspirado en la canción Ojos de gata de Los Secretos.

Aquí podéis escuchar el podcast de mi participación en el programa.

 

¡Gracias a todos por los buenos deseos, el apoyo y la compañía!