Es verano. El mejor momento para intentarlo. Me lo repito cuando el traqueteo amenaza con obligarme a vomitar otra vez. Ya no hace calor. El calor es una masa que envuelve el entendimiento.  El olor a gasóleo, mis piernas entumecidas en una posición irreal. La cabeza pesa toneladas si intento sostenerla, y duele mares salados si la apoyo en el metal. Tengo que llegar. Lo he prometido. Nos detenemos: tiemblo. Mitad porque los músculos no responden, mitad porque el miedo sí lo hace. Escucho voces, la orden atroz: busca. El hocico olfatea mi pantalón inundado de orina. Todo ha terminado.