Trastero

Trastero

Cuando empieza a contar otra vez sus batallitas de la época de la guerra, al abuelo lo metemos en su caja.

Mamá dice “Nacho, trae la caja del abuelo” y con eso yo ya sé lo que hay que hacer. La bajo del altillo, le sacudo la tierra, y la pongo abierta junto al sillón del abuelo.

Él, que está distraído relatando cómo se escondieron en el patio de la Aurora cuando los militares vinieron a por ellos, se pone de pie, se quita los zapatos, se dobla por la cintura y se mete en la caja sin quejarse. Sigue hablando, pero si cierro la tapa, casi ni se le oye.

Lo sacamos cuando vienen de visita las tías, o el cura de la parroquia llega preguntando por él porque le extraña no verlo en misa.

Al salir, sigue narrando alguna anécdota de las que ya escuchamos tantas veces,  pero te da un poco de ternura cuando lo vuelves a ver después de tanto tiempo. Eso sí, al cabo de unos días, se te pasa. Y estás esperando con ansia que tu madre te mande a buscar la caja otra vez.

 

Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía:

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Finalista en el Primer DoReMicros Viajero

Finalista en el Primer DoReMicros Viajero

La semana pasada he tenido el honor y el gusto de saber que mi relato «Desconectados» ha resultado finalista en el primer Concurso DoReMicros Viajero organizado por «Me suenan tus letras«, un evento literario periódico dirigido por escritores y para escritores. Gracias a la invitación de mi amigo Ignacio J Borraz que ha tenido la generosidad de ampliar el original DoReMicros presencial a esta versión viajera.

El lujo quedó completado por compartir final con mis admirados Rafa Olivares y Asier Susaeta, quien ha resultado ganador del certamen.

Un abrazo a todos ellos, organizadores y compañeros por vuestra generosidad.

Desconectados

Desconectados

Que se fuera la luz les pareció divertido. Buscaron aquellas velas aromáticas que tenían guardadas, pusieron la mesa en la terraza, y se dispusieron a cenar a la luz de la luna. Hicieron las fotos de rigor, esas con las que informarían la novedad a todos los amigos, se sonrieron cómplices y publicaron nuevos estados en sus respectivos perfiles. Una vez contestados los mensajes recibidos: ”hay que ver cómo se lo montan los recién casados”, “tortolitos”, “qué envidia dais”,  comenzaron a comer.

Ella sabía que debería estar encantada por la sorpresiva excusa para tener una velada romántica. Pero no lo estaba. Sin la televisión como testigo, la conversación sonaba forzada. De pronto fue consciente del desagradable ruido que él hacía al masticar.

Él, por su parte, no podía dejar de pensar en que pronto se quedaría sin batería en el móvil y no podría contestar las chanzas del grupo de whatsapp del trabajo.

Comieron de postre un silencio incómodo y desnatado. Al recoger, una silla que él había dejado en medio, según ella; la torpeza natural de ella, según él, fueron la causa de que la vajilla recién estrenara rodara por el suelo.

De allí, a la primera discusión, solo había un paso. Y ellos lo recorrieron ida y vuelta varias veces.

Comenzaban a cuestionarse si no habían cometido el peor error de sus vidas al casarse con unos desconocidos, cuando regresó la luz.

Se apresuraron a poner a cargar los móviles y encender la televisión. Sentados codo a codo en el sofá, volvieron a ser ellos mismos. Ella dio una seguidilla de Me gusta en facebook, él escogió sus emoticonos preferidos para acallar las burlas con que cuestionaban su silencio en el chat de grupo.

Una hora después, apagaban todas las luces para irse a dormir.

 

Confesión

Confesión

– Dos padrenuestros y cinco avemarías

– ¿Será suficiente? – él asiente incómodo. Es evidente que espera que me ponga de  pie de una vez.

Remoloneo, como repasando la galería de mis pecados para no dejarme ninguno sin confesar.

–  Ya te he perdonado, puedes marchar

– No hay nadie esperando fuera – digo – Podría quedarme un poco más y ayudarte a limpiar las imágenes de arriba

– Te he dicho que no puede ser

Lo miro mientras me paso la lengua por los labios.

–  Sabes que lo hago muy bien…

El rostro pálido está ahora rojo. Comienza a sudar. Sé que es cuestión de tiempo. Que apagará las luces de la capilla como para que ninguno de sus santos nos vea, que girará la imagen de la virgen de cara hacia la pared y cerrará la puerta principal aunque todavía no sean las ocho.

Hago amago de alejarme por el pasillo central.

– Espera – pronuncia con voz cargada de deseo.

Me vuelvo despacio.

– Te espero en la sacristía

Él trastea con la cerradura, las luces, y se persigna ante la virgen antes de ponerla de espaldas.  Luego se acerca con prisa mal disimulada.

Como siempre, lo estoy esperando con mis folios entre las manos. Cuando se sienta a mi lado, comienzo a leer.  Él me escucha, con los ojos cerrados durante casi dos horas. Sólo los abre cuando callo para coger aire, y al final, cuando mis últimas palabras quedan flotando en el aire entre nosotros.

– Sabes que no deberíamos hacer esto – dice mientras me acompaña hasta la puerta.

Verifica que la calle está desierta y me hace salir.

Yo asiento, como cada vez. Y le prometo que no habrá otra. Que no seguiré escribiendo. Que no volveré a tentarlo de este modo.

Ambos sabemos que no será así.  Pero nos separamos con la tranquilidad que dan los buenos propósitos.

Mañana tendré que volver.  A confesarme.

 

Escrito para los Viernes Creativos a partir de una propuesta de Ana Vidal: Pecados inconfesables y esta fotografía de Umberto Verdoliva

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Ganadora del certamen Relatos en Serie

Ganadora del certamen Relatos en Serie

Hoy he tenido la suerte y el honor de resultar ganadora del concurso Relatos en Serie organizado por el programa La Ventana de Verano (Cadena Ser) y Escuela de escritores.

Una final muy reñida con un empate que fue necesario romper, lo que habla sin duda de la calidad literaria de mis compañeros de final: Lorenzo Rubio, Pep Fuentes, Tíndaro del Val y Asier Susaeta.

Aquí podéis leer todos los relatos finalistas, y aquí escuchar el podcast de la final de hoy.

Mi relato «En el plano» estaba inspirado en la serie Los Simpsons. Debo agradecer a mis hijos que son los responsables de que esta serie se cuele de vez en cuando en casa.

Gracias a todos por la compañía y por estar siempre apoyando mis aventuras literarias.

los simpson