por pcollazo | Nov 21, 2016 | Noticias
El viernes 18 de Noviembre, he tenido el honor de participar en la gala de entrega de premios del Certamen de Narrativa breve Jorge Maldonado, donde mi relato Bitácora resultó galardonado con el Segundo Premio entre 484 relatos presentados desde diversos puntos geográficos de España, Argentina, Colombia, etc.
El Certamen, organizado por el Ayuntamiento de Móstoles y la Asociación de mujeres Agua Viva, es un homenaje a la figura de Jorge Maldonado, argentino, dinamizador de la vida cultural del municipio de Móstoles desde los años ochenta hasta su muerte, acaecida en 2013. Gran amante de la literatura, los libros y la vida, en los diferentes puestos que ocupó durante su trayectoria profesional en la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Móstoles fue dejando la impronta de su carácter, pasión y enorme bagaje cultural.
Una grata sorpresa verme rodeada de muchos familiares y amigos argentinos de Jorge, que estaban allí brindándole este particular tributo. Además de asistir a una velada muy especial en que confluyeron la música, la palabra y el recuerdo.
Quiero agradecer al jurado por este premio y por sus halagadoras palabras, así como al Ayuntamiento de Móstoles esta iniciativa cultural tan importante.
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por pcollazo | Nov 21, 2016 | Cuentos enredados, Premiados
Como si fuera tonto o sordo o las dos cosas a la vez ¿abuelo quieres probar una torrija? ¿Y por qué me gritas, niña? pero no se lo digo… me mira ansiosa como preguntándome ¿aún te acuerdas de que soy Alba, no es cierto?… por eso le contesto: No, gracias, Albita, he comido demasiado… No disimula su sonrisa de alivio, como su madre que se acerca y me dice ¿está bien, suegro? Asiento, pero no lo estoy. Desde que me he perdido de camino de regreso desde el banco todo ha cambiado. Un despiste, insistí en hacerles entender pero no, que al médico de inmediato. Pero si ya me habéis encontrado y aquí estoy… Papá, insistió Julio. Tuvimos suerte de que justo pasara Marta por allí… No sé dónde era allí, pienso, y tampoco se lo digo… qué alivio cuando alguien me llamó Don Pedro ¡sí, ese soy yo! supe de inmediato. Como pisar terreno un poco firme después de tanto hundir los pies en el lodo… Desde ayer que me duele ese pie… yo creo que se me ha encarnado la uña… eso nunca pasaba cuando estaba María, ella siempre cuidándome, cortándome las uñas… ¿dónde está María? miro a mi alrededor buscándola y tres o cuatro personas me observan preocupadas… ¿necesitas algo, papá? dice el hombre de camisa de rayas…. ¿María? pregunto aunque de inmediato sé que no debí hacerlo… Papá, ya sabes que mamá… Asiento. Sí, ya sé que mamá nos dejó al final de la primavera pasada, cómo pude haberme olvidado.
Y ahora este matasanos que dice que tengo principio de Alzheimer… eso es mentira… y tú más quise decirle, pero me daba no se qué hacer quedar mal a mi hijo y a mi nuera que empezaron a hacer preguntas y a hablar de mí como si yo no estuviera presente.
Puede que estos episodios se empiecen a repetir con más frecuencia… yo me preguntaba si alguien le estaba prestando atención porque mi hijo lo miraba con los ojos nublados, y mi nuera me miraba a mí como con pena.
¿Le duele la cabeza? me preguntaba el de la bata blanca…. Bueno ¡por fin alguien que se entera de que estoy aquí! Sólo cuando a las urracas se les da por anidar en ella, contesto… la cara del galeno es un poema…. Que es broma, lo tranquilizo… sonríe no del todo convencido.
Abuelo, que vamos a ver la peli esa del tsunami… siéntate aquí a mi lado, dice Alba. Se la ve preocupada por mí, yo no quiero que se preocupe… y me siento a su lado aunque no estoy seguro de querer ver una película. Tengo mucho en qué pensar. ¿Este año no vais a la procesión? pregunta el chaval de gafas. Intentar recordar su nombre me produce un dolor sordo en la sien, por eso he dejado de intentarlo. No, cariño, el abuelo no está para procesiones dice su madre, que es mi nuera, eso es seguro. Me revuelvo inquieto en el asiento, Albita me mira preocupada y me toma la mano pensando que me impresiona la ola que acaba de barrerlo todo en pantalla… Abuelo, ¿prefieres que quitemos la película? niego con la cabeza en la penumbra de la sala, no quiero que vea que tengo los ojos húmedos. No quiero que mi memoria se disuelva en la arena cuando el mar suba apenas, cuando la oscuridad vaticinada sobre mí, venga a intentar borrarlo todo. Tengo que hacer algo para seguir entendiendo este mundo que poco a poco dejará de hablar mi idioma.
Tengo que concentrarme en una estrategia, en algo que me asegure no perderme por completo. Un ovillo de lana que me permita transitar el camino de regreso cuando lo necesite. Quiero seguir sabiendo cómo se llama Albita y que su mamá es mi nuera, aunque se parece tanto a mi hermana Amalia cuando era joven, o a mi madre…
Tengo un plan. Escribiré, lo escribiré todo. Bastará con un cuaderno, un boli y tiempo. No sé cuanto tengo, pero el plan es genial, me digo.
Amalia, le digo a mi nuera que me mira sorprendida. Alguien pausa de inmediato la película…. Papá, ella es Martina, mi esposa ¿te acuerdas? dice el hombre de camisa de rayas… Julio, eso es…. Claro, le digo. ¿Me darías un poco de agua? Las luces se encienden, todos buscan algo que hacer. Amalia o Martina se apresura a ponerme un vaso de agua entre las manos… ¿Abuelo, puedo hacer algo por ti? pregunta Albita. Bebo varios sorbos y le sonrío. Sí, puedes, mi niña, sí puedes….
Desde ese momento Alba me ayuda con mis anotaciones. Ha buscado fotos de todos y las hemos pegado en mi cuaderno, “mi bitácora” la llamamos en secreto. Hemos anotado nombres, fechas, lugares.. De vez en cuando repasamos los nombres y ella me los pregunta, y si no me acuerdo, me dice la primera sílaba y yo pienso y pienso hasta que soy capaz de dibujar otra vez mi huella en la arena y recordarlo.
Sé que llegará un momento que no seré capaz de volver a dibujar mi huella, y mi mundo quedará completamente sumergido en el tsunami. Mi bitácora no servirá de nada entonces. O servirá de mucho. Será mi tabla de salvación, aunque no pueda entenderla, podré sobrevivir asido a ella.
Releeré esa primera página en que Alba ha apuntado con su prolija caligrafía “Este cuaderno pertenece a Pedro, mi abuelo. El hombre más maravilloso del mundo, y su objetivo es que él recuerde que lo queremos. Aunque nuestras caras le parezcan desconocidas, él para nosotros no lo es. Nunca lo será”
A veces, por las noches, pienso que tal vez llegará un momento en que no recuerde cómo leer, y mi bitácora ya no me sirva. Pero por la mañana, cuando Alba, me da un beso antes de salir y me pregunta si recuerdo nuestro secreto, me tranquilizo. Puede que yo algún día no lo recuerde, pero ella, ella siempre lo recordará por mí.
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por pcollazo | Nov 19, 2016 | En pocas palabras
Tras la ventana, la pata de una mosca, las hojas del rosal, mi balcón en invierno, la reja blanca, la calzada húmeda, un coche azul, un niño con mochila, el barrio desperezándose, la ciudad, los suburbios, el campo desteñido, la playa, el océano, la silueta lejana de otro continente. Su costa, el acantilado, la carretera, una aldea, un pueblo, tu ciudad. La calzada agrietada, un coche azul, un niño sin mochila, una reja blanca, tu balcón en verano, el rosal, las alas de una mosca, sus patas en tu ventana. Y tras ella, tú. Que no piensas ya en mí.
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por pcollazo | Nov 12, 2016 | Noticias
Esta semana he recibido otra buena noticia: mi relato Otra carrera, ha obtenido el primer premio en el IV Concurso de microrrelatos San Silvestre Salmantina.
Quiero agradecer al jurado esta distinción, así como también las halagadoras palabras que me han dedicado al comunicarme el premio.
Quiero agradecer también a Jero Hernández, que nos animó a los participantes de Esta noche te cuento a participar.
Otra gran alegría que no hace más que fortalecer mi decisión de seguir corriendo carreras.
¡Gracias a todos por el constante apoyo!
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por pcollazo | Nov 12, 2016 | En pocas palabras, Premiados
Apagó el despertador mucho antes de que sonara. Se deslizó despacio fuera de la cama para no perturbar a la oscura figura extendida a su lado. Lo hizo por costumbre, porque en realidad sabía que no despertaría. Hurgó en el fondo del cajón y extrajo el dorsal. Allí había permanecido oculto para que él no pudiera prohibirle participar. La sonrisa culpable se convirtió en risa de satisfacción cuando se miró al espejo, preparada ya. Las mallas de color brillante que no tenía permitido usar, el impensable top, las zapatillas recién compradas.
Acomodó su pelo largo en una coleta. Usó una capa precisa de maquillaje para disimular con maestría el último golpe. Sabiendo que era exactamente eso: el último. No se despidió del cuerpo inerte de la habitación.
Al salir de casa, el cielo de Salamanca le confirmó que ese era el día. Ya podía correr su siguiente carrera.
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