La vida es una fiesta

La vida es una fiesta

Al primo Toño lo enterramos cada septiembre. Venimos haciéndolo desde que, en el 96, cogió su primera borrachera de verano (dicho esto literalmente, ya que le duró toda la estación). Durante el velatorio, María, la de la Jacinta, llora a moco tendido.  Nosotros nos palmeamos las espaldas, nos decimos cuánto le echaremos de menos y soltamos alguna lagrimita para que tía Eulalia se emocione. Por las dudas, deslizamos unas cuantas botellas de ginebra dentro del ataúd.

A finales de junio resucita. Siempre a las puertas del bar del pueblo. Donde María y toda la pandilla lo estamos esperando. Lo recibimos con los brazos abiertos e ipso facto brindamos a su salud, inaugurando oficialmente la temporada de fiestas de verano.

La vida es una fiesta

Ecología pura

En el verano, a la hora de la siesta, mamá nos mandaba al río a hacer pis. ¡No se os ocurra bañaros!, advertía. ¡Ni regresar antes de las cinco!, agregaba siempre cuando estábamos en la carretera de tierra ya.

¿Para qué teníamos que orinar en el río? Pues porque nuestro pis lo mantenía descontaminado. Eso nos decía.

Manolito, de la casa vecina, también venía a hacer pis al río con nosotros. Pero él decía que lo hacía para fastidiar a su padre, que lo mandaba a bañarse y le prohibía hacer pis en sus aguas para no contaminar.

Eso sí, él tampoco podía regresar antes de las cinco.

Entre sumisos y rebeldes amarilleábamos las aguas cristalinas y competíamos apuntando a algún blanco móvil.

Recuerdo que mamá nos recibía canturreando feliz, cuando se hacía la hora, y volvíamos a merendar.

La vida es una fiesta

Otro punto de vista

De pequeño, no aguantaba a Raquelita. En las tardes de verano, nuestras madres me la encargaban mientras tomaban algo en el bar, yo tenía que entretenerla.

La subía al tobogán fingiendo que era la torre Eiffel, o la montaba en el balancín y le hacía creer que cabalgábamos las praderas de Australia, o la empujaba en el columpio jugando a que volaba sobre el Gran Cañón. A ella le gustaba, pero terminaba cansándose. Era terca, caprichosa. Que si le compraba un helado, que tenía sed, que quería pis. Y allí íbamos los dos hasta la mesa del bar y bebíamos agua y entonces mi madre me decía:

– Llévala, cariño. Ya ves lo bien que se lo pasa contigo.

Nadie se preocupaba por cómo me la pasaba yo. Simplemente daban por sentado que cuidar de Raquelita era mi mayor aspiración en la vida. Y lo cierto es que mi única aspiración era tenerla bien lejos.

Parece mentira que ahora, cuando ya no hay madres en el bar tomando algo, ni toboganes a la vista, mis aspiraciones hayan cambiado tanto. Al fin me he decidido a interceptar el andar apresurado con que cada mañana a la misma hora se cruza conmigo en la avenida sin reconocerme. He llegado con diez minutos de antelación al punto exacto y la espero, flores en una mano, temblor en la otra. Ansiando que Raquel recuerde nuestras imaginarias expediciones estivales, y acepte viajar conmigo el resto de los veranos.

En el Diario Sur de Málaga

En el Diario Sur de Málaga

Hoy, mi relato Figura literaria, publicado en el Diario Sur de Málaga.

http://microrrelatos.diariosur.es/microrrelato/figura-literaria-71.html

Las canciones de verano, las canciones parásito que se ponen en modo On en tu cabeza cuando menos lo esperas, por algún lado tienen que salir…

Gracias Gabriel Pérez Martinez, por avisarme de la publicación y por haber compartido este espacio.

 

La vida es una fiesta

Figura literaria

Me hacía cosquillas que escribieras en las plantas de mis pies. Por eso las reservabas para los haikus. Los microrrelatos encajaban justo en mis articulaciones.
A mis pechos destinabas los poemas. Y tenían mis piernas la métrica exacta de tus sonetos.
Aprovechabas el largo de mis brazos para emborronar tus cuentos y la extensión de mi espalda para probar con el ensayo.
Quiero hacer de tu cuerpo todo un manuscrito, me habías dicho en la primera cita, al ritmo de la canción del verano. Y yo estaba encantada. Pero cuando te decidiste a escribir tu primera novela, a mí ya no me quedaba ni un renglón vacío.