Hoy he tenido una oportunidad única que me ha hecho muchísima ilusión.
Abrazada a mi «En abril especialmente» entré en el estudio de la Ser, ya no con los nervios y la expectativa de una final anual sino con los nervios y la expectativa de presentar un hijo de palabras y papel ante la audiencia de un programa que ha significado tanto en mi historia en la escritura.
Como siempre, el equipo de La Ventana me ha hecho sentir en casa y acompañada en la aventura. Me he emocionado escuchando el comienzo de mi novela envuelto en la música de Serrat, he contestado con tanta firmeza como los nervios me permitieron las interesantes preguntas que me fueron lanzando, he disfrutado de la compañía a la distancia de Tomás del Rey que como siempre ha tenido las palabras justas y hasta he oficiado de jurado del concurso que tantas satisfacciones y enseñanzas me dio, mi querido REC.
¿Qué más se puede pedir? Yo diría que nada más, pero sin embargo, fue más lo que este día me ha regalado. Una deliciosa conversación con Carles Francino antes de empezar el programa, en la que me confesó que le había encantado mi novela, que la había leído del tirón, que estaba tan contento de «verme crecer». Su generosidad y calidez es bien conocida por todos los que hemos tenido la oportunidad de tratarlo. Para despedirnos, uno de sus abrazos gigantes y la alegría de sentir que tantos años de perseverancia han dado fruto. No solo en lo literario, sino también en lo personal.
Pinchando aquí podéis escuchar el podcast de este momento tan especial. O directamente dando Play:
Gracias, Carles Francino. Gracias La Ventana por permanecer siempre abierta y por la invitación a asomarme una vez más.
El próximo lunes 6 de mayo entre las 18:00 y las 19:00 hs tendré el gusto y el honor de volver a asomarme a La Ventana, ese programa que tantas alegrías me dio durante más de siete años, hasta llegar a la más grande de todas, que fue ganar la edición 2022/2023 de Relatos en Cadena.
Tengo tanto que agradecer a este espacio, que me ha impulsado a escribir microrrelato, a crecer, a perseverar, a volverlo a intentar una y otra vez.
Ahora, una vez conseguido aquel sueño, Carles Francino y su equipo me regalan uno nuevo: participar de la sesión La Ventana de los Libros, ya no como participante de Relatos en Cadena, sino como escritora invitada para hablar de mi novela En abril especialmente.
Estoy emocionada, nerviosa, agradecida, entusiasmada, alegre, entusiasta, temblorosa, decidida, motivada, fantástica, complacida y una lista de cien adjetivos más (todos los que no se usan en los microrrelatos han venido a acompañarme en estas horas previas).
Gracias a Carles Francino y a la Cadena Ser por mantener La Ventana siempre abierta para mí. Allí estaré envolviéndome de aire fresco, palabras y literatura. ¡Os espero!
Aquí estoy otra vez, otro año. Es posible que creas haber leído esto antes. Y sí, has leído algo muy parecido. Y sé que tal vez me has ayudado en las seis ocasiones anteriores. Por eso me atrevo a pedirte que me acompañes también en esta.
Mi relato Sueños rebeldes ha alcanzado la final mensual de septiembre de la nueva temporada de Relatos en Cadena. Y ahora le falta dar un pasito más para llegar a la final anual. Sería la séptima consecutiva que alcanzo. Puedes llamarlo perseverancia, pero en realidad es terquedad.
Uno de los votos que me ayudarán a llegar a esa final anual, es el voto popular. Que conseguiré si logro que mucha de la gente que me apoya, como tú, me vote. Si ya lo has hecho en otras ocasiones, nunca me cansaré de agradecértelo. Y si es la primera vez ¡Bienvenid@ y gracias a ti también!
Hoy mi microrrelato «El bosque de los suicidas» ha resultado seleccionado entre los tres finalistas semanales y ha pasado a la final mensual de Relatos en Cadena, el concurso organizado por el programa La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.
La llamada de los lunes, siempre alegra el día, y más aún si resulta que te aseguras una nueva llamada el último lunes del mes.
Muchas gracias a tod@s l@s que me habéis deseado suerte, y me habéis acompañado a través de las ondas.
En unos días, sí, no os salvaréis de eso, os pediré que me apoyéis con vuestros votos siempre que mi relato os parezca merecedor de pasar a la final anual.
Podéis escuchar mi participación en el programa a partir del minuto 36 en este link:
El bosque estaba ahí,
esperando. Con sus sogas anudadas colgando de los árboles. Las había de todos
los colores, enganchadas a mayor o menor altura, con diámetro talla adulto o
niño. Para todo tipo de motivos: en forma de corazón para los despechados,
redondas como ceros para los arruinados, cuadriculadas para los calculadores, emulando
lágrimas para los depresivos crónicos.
El bosque estaba ahí, como última
salida. Por eso aguantábamos despidos injustos, sueldos de mierda, amores
perdidos, hijos descarriados, enfermedades, vacíos, ausencias y adicciones.
Porque el bosque estaba ahí. Y en cualquier momento podíamos ponernos a la cola
y pagar la entrada para acceder a él.
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