Hoy he tenido una oportunidad única que me ha hecho muchísima ilusión.

Abrazada a mi «En abril especialmente» entré en el estudio de la Ser, ya no con los nervios y la expectativa de una final anual sino con los nervios y la expectativa de presentar un hijo de palabras y papel ante la audiencia de un programa que ha significado tanto en mi historia en la escritura.

Como siempre, el equipo de La Ventana me ha hecho sentir en casa y acompañada en la aventura. Me he emocionado escuchando el comienzo de mi novela envuelto en la música de Serrat, he contestado con tanta firmeza como los nervios me permitieron las interesantes preguntas que me fueron lanzando, he disfrutado de la compañía a la distancia de Tomás del Rey que como siempre ha tenido las palabras justas y hasta he oficiado de jurado del concurso que tantas satisfacciones y enseñanzas me dio, mi querido REC.

¿Qué más se puede pedir? Yo diría que nada más, pero sin embargo, fue más lo que este día me ha regalado. Una deliciosa conversación con Carles Francino antes de empezar el programa, en la que me confesó que le había encantado mi novela, que la había leído del tirón, que estaba tan contento de «verme crecer». Su generosidad y calidez es bien conocida por todos los que hemos tenido la oportunidad de tratarlo. Para despedirnos, uno de sus abrazos gigantes y la alegría de sentir que tantos años de perseverancia han dado fruto. No solo en lo literario, sino también en lo personal.

Pinchando aquí podéis escuchar el podcast de este momento tan especial. O directamente dando Play:

Gracias, Carles Francino. Gracias La Ventana por permanecer siempre abierta y por la invitación a asomarme una vez más.

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