Última crónica

Última crónica

Cuando encontraron el sumidero,  un gran orificio en medio del desierto, era demasiado tarde. El Atlántico completo, se había filtrado por él.

Lo único que podían hacer era intentar impedir que la inclinación natural terminara por desagotar allí mismo, el Pacífico, el Índico, y tras ellos todos los mares y océanos.

La vasta extensión entre continentes se había convertido en un árido desierto. El clima irreverente y caprichoso, se empecinaba en jugarles malas pasadas.

Muchas vidas fueron sacrificadas construyendo la represa para contener el agua que empezaba a escasear.  Pero cuando estuvo terminada, se apagó el sol.

Sensaciones fuertes – Un micro que vale un viaje a Futuroscope

Sensaciones fuertes – Un micro que vale un viaje a Futuroscope

Esta semana, escribir me ha dado una alegría extra porque es compartida en familia.

Mi micro «Sensaciones fuertes» ha resultado ganador en un concurso organizado por Fnac España:

Por lo que ¡nos vamos a Futuroscope! 

Ha sido muy divertido escribir montada en una atracción desconocida, de un parque de atracciones desconocido y en 300 caracteres convertir el vértigo en historia.

Este es mi relato que transcurre en una atracción muy particular, el Aerobar:

 

Sensaciones fuertes

Mi chica, vértigo. Su chico, idiotez crónica, me confesó montados en el Aerobar. Brindamos. Su sonrisa se coló bajo mi piel y en mi móvil. Junto con su número. Nos separamos al salir de la atracción. Cuando la atracción era ya imparable.

Volvimos a Futuroscope con nuestros niños.

 

 

¡Gracias Fnac y Futuroscope! ¡Allí vamos! 

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Receta para un desamor

Durante 72 horas: Dieta de olvidos

Prohibido

visualizar atardeceres

revisar fotografías viejas

afilar tijeras

bajar los libros del último estante

acomodar cajones

Controlar cada 8 horas

el pulso en las sienes

la vida simulada

las palabras disfraces

 

Se recomiendan:

caminatas diarias

sobre huellas de tinta

masaje localizado

a corazón abierto

 

Evitar

sueños descontrolados

despedidas

gafas de mirar de cerca

espejos

De persistir los síntomas

no volver a consultar

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Instrucciones para escribir un poema de amor

Olvida las golondrinas,

más aun si son oscuras

Olvida qué es poesía,

no se te ocurra preguntar

Apela a ese grano de arroz en la comisura de sus labios

Tampoco ahora, debes decirle que está allí

Deja que te cautive su modo de cerrar el paraguas

encharcando el suelo recién encerado

No preguntes

Escucha como si fuera la primera vez que te dice

que le encanta el chocolate

Y siéntate a su lado a mirar en la tele

eso que nunca elegirías mirar

Escríbele en las palmas con tinta invisible

el mapa del tesoro

Y ríete aunque no recuerdes cómo

Ríete hasta que te duela la tripa

Juntos y sin saber por qué

Observa la uña carcomida en su pulgar,

ese modo tan suyo de comer palomitas sin cerrar la boca,

su forma exagerada de estornudar

Y olvídalo

Como a las golondrinas

Más aún si son oscuras

Porque no volverán

Porque este momento compartido

no volverá

Pero cuando ya no la tengas

y quieras escribirle un poema de amor

serás tú quien regreses a él

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Segunda mano

Vendo o alquilo

amor con poco uso

luminoso

adaptable

orientación oeste

(Ideal atardeceres)

comunidad accesible

vecinos discretos

visitar con tarjeta

lunes alternos

de cuatro a seis

en otros horarios

Cerrado por melancolía

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Té de lluvia con pastas al viento

Cuando llueve, sacamos los cacharros de la cocina al patio para que se llenen. La abuela, que en su otra vida fue una dama inglesa, nos ha enseñado todos los secretos del té.  La temperatura exacta del agua, que como nos cortaron el  gas, conseguimos quemando los pocos muebles sobrevivientes. La mezcla de hojas a utilizar: tres del limonero de la vecina y cuatro del ligustro de la entrada. El toque dulce que disputamos picadura a picadura con las abejas.

Lo mejor: las pastas. Amasadas con lodo del camino y crocante de hormigas. Todo aromatizado al viento de tormenta. Una exquisitez.

A veces, los niños nos chupamos tanto los dedos, que terminamos arrancándolos de nuestras manos. La abuela nos acusa de estar pecando por gula y como auténtica dama inglesa no admite discusiones. No podéis tener tanta hambre, repite. Solo han pasado dos meses desde la última vez que llovió.