Cuando encontraron el sumidero,  un gran orificio en medio del desierto, era demasiado tarde. El Atlántico completo, se había filtrado por él.

Lo único que podían hacer era intentar impedir que la inclinación natural terminara por desagotar allí mismo, el Pacífico, el Índico, y tras ellos todos los mares y océanos.

La vasta extensión entre continentes se había convertido en un árido desierto. El clima irreverente y caprichoso, se empecinaba en jugarles malas pasadas.

Muchas vidas fueron sacrificadas construyendo la represa para contener el agua que empezaba a escasear.  Pero cuando estuvo terminada, se apagó el sol.