Suma conciencia

Suma conciencia

Las besa con suma conciencia para no equivocarse: a la Virgen Descalza, en los pies, reverenciando su fatigoso caminar para salvar a su pueblo; a Santa Todoria, en las manos, teñidas de la sangre vertida por los demás. Después, las retira de su mesilla de noche. A una, la coloca en un cajón, y a la otra sobre el armario, donde no se ve. No dentro, porque lo de sacar una santa del armario, le suena mal. Luego, abotona su sotana, pensando en cuánto le gusta a ella desabrocharla poco a poco. Se peina frente al espejo, gira las estampitas, y la invita a pasar.

Segundo premio en el VIII Concurso de Relato Calle del Sol (Sol Cultural)

Segundo premio en el VIII Concurso de Relato Calle del Sol (Sol Cultural)

El día 15 de diciembre pasado, he tenido la suerte y el honor de que mi cuento «Brecha idiomática» recibiera el Segundo premio en el VIII Concurso de Relato Calle del Sol organizado por Sol Cultural de Santander.

Basado en una magnífica fotografía «Nocturna 3»  de Héctor de los Ojos Barroso (Revilla de Camargo – Cantabria) galardonada con el primer premio en XIII Concurso de fotografía organizado también por Sol Cultural.

Muchas gracias a los organizadores. Me han comentado, que en la entrega de premios (en la que no pude estar presente) mi relato ha sido magníficamente leído.

Estos premios son un verdadero orgullo, pero sobre todo un aliciente para seguir luchando por mis sueños.

¡Gracias a todos por las felicitaciones y alegría que he recibido al anunciarlo!

 

Segundo premio en el VIII Concurso de Relato Calle del Sol (Sol Cultural)

Brecha idiomática – Segundo premio en el VIII Concurso de Relatos Sol Cultural

Mis vecindongos de al lado son insoportunables. Cada noche dispicurren a los gróticos. “Me marcho” amenizca él, a lo que ella rospende: “Quédate”. Al día songuiente es ella la que grotica “Me marcho” mientras él suplicia angustoniado “Quédate”. Indentendibles.

Yo los escucheco porque es más adivertidoso que visionisar la tele. Al final, entre pitorros y flautingas, surrusos y gemidios, no nos durmitinamos hasta la madrugosca.

Por las mandañanas, me los cruzo en el elevandante. Siempre acaramelosos, sobandiantes besoquiéndose hasta llegar a la vegeta bajonosa. Tengo que soliciantarles permósico para salir del elevandante. No los compriniendo. Será porque habloteramos distintos idiómicos.

 

Basado en la fotografía Nocturna 3 de Héctor de los Ojos Barroso.

MICRO-RELATOS 2015

Amenazas

Amenazas

Mi madre es de esas madres que amenaza, amenaza y amenaza con hacer cosas que uno sabe que nunca hará en realidad.

Por ejemplo te dice: “La próxima vez que dejes el baño todo mojado, te lo voy a hacer secar con la lengua” o “Si se te ocurre volver a pronunciar esa palabrota te voy a hacer lavar la boca con lejía”. Claro que esto no se lo cree nadie. Aunque tengas ocho años como yo. Cualquiera se da cuenta de que si te lavas la boca con lejía te quedas blanco como un fantasma, y a ninguna madre le gusta tener un hijo pálido. Porque en la puerta del cole les dicen: “Tu hijo está muy paliducho ¿lo has hecho ver?” Esas cosas a mi madre la enfadan un montón. Aunque sonríe y contesta un escueto “tienes razón”, después hace todo el camino de regreso a casa murmurando “pero quien se habrá creído esa metida… no sabré yo si tengo que llevar a mi hijo al médico o no”.

Por eso, en general, las amenazas de mamá, por repetidas y poco creíbles, caen en saco roto. No surten el efecto buscado. Al final, para provocar el efecto, termina dándote un coscorrón en la nuca o mandándote a la cama sin cenar.

Otra de sus típicas amenazas es: recoge tu cuarto, porque cuando entre, todo lo que vea en el suelo, lo arrojo por la ventana. Es cierto que en este caso, algún antecedente fuera de la regla general de amenazas vanas, teníamos.  Una vez me tiró por la ventana todos mis cromos repe de la liga. Y en otra ocasión, mi hermana tuvo que bajar a toda prisa a por su plancha del pelo, que milagrosamente sobrevivió a la caída y funciona bien aunque ahora hace mucho más ruido.

Hoy mi madre nos ha dejado solos porque tenía que ir a ver a los abuelos (he de decir que los abuelos están muertos, pero ella insiste en que va a verlos cuando los visita en el cementerio). Dejarnos solos, es en realidad dejarme al cuidado de mi hermana mayor.  Cosa que ella, se encarga de recalcar en cuanto mi madre cruza el umbral de la puerta para salir.

Hoy, ni bien mi madre se ha ido, mandó un whatsapp y a los cinco minutos Richi, el tonto de su novio, se presentó en casa.

– Enano, tú te pones a jugar a la Play y nos dejas en paz. No te mueves de la sala si no quieres que cuando llegue mamá me invente que has estado diciendo palabrotas y mirando vídeos de los que te tiene prohibidos.

No me pareció mal acuerdo. Me dejaban tranquilo en la sala, con el sofá y la play para mí solo en la tele grande.

Pero, como dice mi madre, la curiosidad mata al gato. Así que dejé pasar algo de tiempo, y fui a espiar lo que estaban haciendo encerrados en el cuarto de mi hermana, por una rendija de la persiana que da al balcón. Mucho no se veía, en verdad. Se los escuchaba reír, y mi ángulo de visión sólo me permitía atisbar las bragas de mi hermana tiradas en el suelo.

En ese momento, la llave de mi madre girando en la puerta hizo que me volviera corriendo a la sala y cogiera el mando de la play.

– ¿Tu hermana? – preguntó oliendo el ambiente como un sabueso. Sospechaba algo.

– Estudiando – respondí – me ha dicho que no la molestemos que mañana tiene examen de mates y debe concentrarse.

Me vi en la obligación de cubrirla. Si mi madre entraba en el cuarto y veía las bragas tiradas en el suelo, las arrojaría por la ventana, y resultaría muy vergonzoso para mi hermana tener que ir a recogerlas a los jardines.

Por supuesto, que mi madre hizo caso omiso a mi advertencia, y fue directo al cuarto.

– ¿Por qué has trabado la puerta, Ana? ¡Ábreme de inmediato!

Se escucharon algunos movimientos rápidos al otro lado y mi hermana abrió con su mejor cara de inocencia

– ¡Qué pronto has regresado, mamá! –  dijo sin terminar de abrir la puerta y encajando dos sonoros besos en las mejillas de mi madre.

Mi madre empujó la puerta y entró al cuarto. Yo, detrás de ella. Todo parecía en orden. Las bragas de mi hermana ya no estaban en el suelo y del tonturrón de su novio, no había ni rastro.

Mi madre le dijo que era la última vez que se encerraba y volvió muy digna a la cocina.

Mi hermana y yo nos miramos y ella se llevó un dedo a los labios mirándome entre agradecida y amenazante.

Yo sabía que el tal Richi no podía haberse esfumado, por lo que tenía que estar debajo de la cama, no había otro sitio posible.

– Una vez, mamá me tiró todos los Lego porque, por no guardarlos, los metí debajo de la cama. Ten cuidado – le advertí mirando hacia adentro.

– Gracias, enano – dijo simplemente.

Estoy seguro de que aquella noche, cuando me fui a dormir, a juzgar por lo nerviosa que estaba mi hermana, su novio seguía bajo la cama.

No sé cómo terminó aquello, porque me quedé dormido. A veces creo que mi hermana encontró la forma de distraer a mamá y hacerlo salir. Pero otras, casi estoy convencido de que mi mamá lo descubrió y lo arrojó sin dudar por la ventana.

Porque lo cierto es que el chaval, desde aquel día, no ha vuelto a pisar nuestra casa.

 

Escrito para los Viernes Creativos a partir de un dibujo de la página Petites Luxures.

IV Concurso de Relatos breves sobre la Prevención del Sida – Madrid Salud

IV Concurso de Relatos breves sobre la Prevención del Sida – Madrid Salud

Ayer, 1 de diciembre, Día mundial de la lucha contra el Sida, han reconocido mi relato «Hermanos» (presentado con el pseudónimo Lucía Anderson) entre los cinco finalistas del IV Concurso de Relatos breves sobre la Prevención del Sida organizado por Madrid Salud (Ayuntamiento de Madrid).

En un acto celebrado en el Consulado francés en Madrid, en el marco de una jornada científica relacionada con la lucha contra esta enfermedad, he leído mi relato y me han entregado un bonito obsequio en calidad de finalista del concurso.

Ha sido una gratificante experiencia a nivel personal, porque he ido acompañada de mi familia, y mi relato fue un buen disparador para hablar de muchas cosas y contestar muchas preguntas (de esas que a los padres nos ponen los pelos de punta) a mi hijo menor. Una forma natural y no forzada de abordar estos temas.

 

foto_noticia_795