En la playa

En la playa

Cuenta la leyenda que el dueño del castillo mataba a los niños que osaban perturbar su sueño de arena. Esos personajes portadores de rastrillos, palas y gritos asombrados ante las olas que insistían en acercarse a su feudo.  Pequeños guerreros en traje de baño, cuyo único propósito parecía ser desenterrar su castillo y dejarlo a merced de los enemigos.

Cuando los osados chiquillos, terminaban de perfilar las torres, de cavar el foso,  horadar las ventanas en la fachada que daba al mar, y clavaban una pajita usada a modo de bandera en lo más alto, a él se le acababa la paciencia.

Entonces se desperezaba y emergía furioso en la orilla. Se sacudía la arena que lo cubría por completo y perseguía a los rebeldes hasta darles caza.

Los  niños corrían inútilmente, ya que no era posible escapar de sus garras. Atrapaba dos o tres con cada mano. Después los enterraba, justo después del límite de la marea alta, y cubría sus tumbas con conchas, invirtiendo mucho tiempo y paciencia en que quedaran perfectas.

Cuenta la leyenda, que los niños, solo habían simulado estar muertos, y que en cuanto el dueño del castillo regresaba a sus aposentos, se escabullían de sus tumbas y sentados en la playa esperaban, cubos y palas en mano, un nuevo amanecer.

Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de un cementerio inglés en Málaga

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En la final mensual de Relatos en Cadena

En la final mensual de Relatos en Cadena

Hoy he tenido la suerte  de que mi relato Planta infantil, finalista semanal, haya sido seleccionado para la final mensual del concurso Relatos en Cadena que organiza La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.

Una gran alegría, ya que mi relato ha resultado ganador semanal entre 877 relatos con una frase muy motivadora «Al otro lado de la ventana».

Si no me habéis podido acompañar en directo, aquí podéis escuchar el podcast (desde el minuto 29).

Y si queréis apoyarme un poco más, aquí mismo podéis darme vuestro voto para superar la final mensual y por primera vez llegar a la anual (seleccionando el relato ganador de la Semana 6).

¡Muchas gracias a todos por vuestro constante apoyo!

Planta infantil

Planta infantil

Al otro lado de la ventana, pasan dos señoras regordetas, aunque Nico opina que son dos vacas. Tampoco nos ponemos de acuerdo con respecto al hombre de barba. Él cree que se trata de un cachorro de ornitorrinco. Menos aún si nos centramos en el coche de carreras. El muy terco dice que es ¡una cuadriga romana!

Al final termino echándolo de mi cama. Él se levanta remoloneando y dice que mañana volverá a visitarme. Y que le diga a mis nubes que se porten mejor. Yo muevo el tubito del suero que se ha puesto en medio, y sigo observando mi trocito de cielo.

Deserción

Deserción

Cuando nos enteramos de que la guerra se había desatado y que tendríamos que ir al frente, nos pusimos todos muy nerviosos. Ya no era cuestión de levantarse con el alba, satisfacer los caprichos del Teniente, jugar a las cartas con los compañeros y montar guardia nocturna de vez en cuando. La cosa era mucho más seria.

Nadie quiere morir con veinte años. No sé con treinta, pero con veinte os aseguro que no.  Llegado el momento, cuando el Teniente vino a buscarnos para ordenarnos estar preparados para partir al alba, hubo quienes se echaron a llorar. Algunos se pusieron repentinamente enfermos: ataques de tortícolis en los tobillos, sarampiones en la lengua, meningitis en las plantas de los pies. El Teniente no se conmovió ni un poquito.

Al amanecer, cuando sonó la diana, no nos vestimos, porque habíamos pasado la noche en vela, con los uniformes puestos. El Teniente pasó revista en el patio. O eso intentó. Porque era nombrar a uno de nosotros, y el mencionado, empezaba a inflarse y a inflarse y a inflarse hasta conseguir flotar. Despegaba un pie, luego el otro y subía como un globo por sobre las tapias del cuartel.  El Teniente intentaba asirnos por los tobillos, pero no lo conseguía. Uno a uno lo fuimos dejando con su voz de mando atragantada de tanto gritar y dar órdenes al aire.

Desde lo alto lo vimos caer de rodillas con las manos en la cabeza. Y reímos a pesar de que sabíamos dónde nos habíamos metido. Esquivar los cables eléctricos, las aves, y los disparos que empezaron a arreciar desde tierra, no iba a resultar fácil. Menos aún regresar a tierra sin  estallar.  Un detalle que no habíamos tenido en cuenta en nuestro perfecto plan.

 

Escrito para los Viernes Creativos a partir de este fotograma de la película de 1916 «Maciste alpino», de Giovanni Pastrone:

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Batalla perdida – Ganador semanal en Hoy por Hoy – Cadena Ser Castellón

Batalla perdida – Ganador semanal en Hoy por Hoy – Cadena Ser Castellón

Hoy, mi cuento Batalla perdida, ha resultado ganador semanal en el Concurso de Microrrelatos del programa Hoy por hoy de Cadena Ser Castellón. Una alegría muy grande y un placer escucharlo tan bien leído. Lo podéis escuchar a partir del minuto 1:23:25  aquí.

Batalla perdida

El mayor de los errores ha sido menospreciar su poder. Nos miramos desafiantes. Ella desde su frasco de cristal. Yo desde mi cuerpo desnudo. La jeringuilla tiembla en mi mano. Ella parece disfrutar oscilando sobre el lavabo. Aprieto la goma en mi brazo usando los dientes y la cojo, vencido. Podría jurar que sonríe mientras penetra por mis venas. Me ovillo sobre las baldosas frías.