Conciencia

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El mar lo ha engullido. Con su alma de ballena, ha abierto la boca para tragarse la embarcación entera. Si las cerillas no estuvieran mojadas, haría lumbre. Está oscuro. Una ameba pasa flotando a su lado y le sonríe. Entonces lo entiende. En la muerte nadie enciende la luz.

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Primera línea

Parte en cuanto despunta el sol. A los héroes no les importa madrugar. Cruzada sobre la espalda, la sombrilla grande, y repartidos entre sus brazos, la nevera azul, esterillas, cubos, palas, toallas y tumbonas.

Ella niega con la cabeza. Tampoco esta vez ha podido convencerle de que se quede. Desde el balcón lo ve subir con dificultad la cuesta hacia el paseo marítimo.

Él disimula los resoplidos con un silbido gastado y transita por la arena recién rastrillada hasta el lugar preciso: húmedo pero lejos del alcance de la pleamar. Allí clava la sombrilla y marca los lindes del terreno con esterillas, tumbonas y chanclas.

Sentado, observa al mar gelatinoso a través de sus cataratas. Esa es la única licencia que se da. Luego, todo será litigar contra los desaprensivos que llegan a la playa a cualquier hora.

Nada puede contra sus poderes. Imperturbable, detecta y neutraliza cada pie descalzo, cada toalla ajena invadiendo su parcela.

Al atardecer, recoge esterillas, tumbonas, cubos que nadie ha usado (los hijos y nietos hace rato que prefieren veranear en el extranjero) y se marcha a casa con su piel de camarón y la satisfacción  del deber cumplido cubierta de arena.

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Duelo desigual

De un certero bocado, le arrebató el pincel. Juanma no se amedrentó. No era el primer tiburón que pintaba. Sostuvo en alto la paleta emborronada de témperas y esperó. Cuando el muy tozudo saltó para alcanzarla, con un movimiento rápido de la mano izquierda, estrujó el papel en el que ondulaba un mar  azul. El tiburón no pudo masticar la paleta que sostenía triunfante entre sus mandíbulas. Los colores tiñeron disímiles su dentadura. Juanma pensó que parecía un absurdo arcoíris y se cruzó de brazos a esperar. Entre violentos espasmos, el escualo se retorció sobre la mesa hasta morir.

En la final semanal de Relatos con Banda Sonora

En la final semanal de Relatos con Banda Sonora

Hoy he tenido el orgullo de participar en la final semanal de la IV Edición de Relatos con Banda Sonora, concurso organizado por el programa La Ventana de verano de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.

Mi relato, Contrastes, está inspirado en la canción «True love will find you in the end» Daniel Johnston.

 

Además he tenido la suerte de estar acompañada por dos grandes de las letras Rafa Olivares y Francesc Barberá, Un verdadero lujo. Gracias a todos los que me habéis acompañando.

El audio en este enlace a partir del minuto 38.

 

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Contrastes

Para que el amor verdadero, ese que sin duda la estaba buscando, la encontrase, fue dejándole pistas. Empezó por depositar sus mejores ilusiones sobre un banco del parque. Desde allí un rastro de sonrisas que lo condujeran hasta la salida norte. Como un reguero de migas de pan, esparció a continuación, sueños, noches de luna, besos furtivos. Con eso consiguió llegar hasta el cruce sobre las vías. Al otro lado, agotadas sus mejores posesiones, fue deshaciéndose de miedos, pensamientos oscuros, y obsesiones.

Vacía, llegó a casa, donde el otro amor la esperaba impaciente. Era hora de preparar la cena.