Hoy mi microrrelato «El bosque de los suicidas» ha resultado seleccionado entre los tres finalistas semanales y ha pasado a la final mensual de Relatos en Cadena, el concurso organizado por el programa La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.
La llamada de los lunes, siempre alegra el día, y más aún si resulta que te aseguras una nueva llamada el último lunes del mes.
Muchas gracias a tod@s l@s que me habéis deseado suerte, y me habéis acompañado a través de las ondas.
En unos días, sí, no os salvaréis de eso, os pediré que me apoyéis con vuestros votos siempre que mi relato os parezca merecedor de pasar a la final anual.
Podéis escuchar mi participación en el programa a partir del minuto 36 en este link:
El bosque estaba ahí,
esperando. Con sus sogas anudadas colgando de los árboles. Las había de todos
los colores, enganchadas a mayor o menor altura, con diámetro talla adulto o
niño. Para todo tipo de motivos: en forma de corazón para los despechados,
redondas como ceros para los arruinados, cuadriculadas para los calculadores, emulando
lágrimas para los depresivos crónicos.
El bosque estaba ahí, como última
salida. Por eso aguantábamos despidos injustos, sueldos de mierda, amores
perdidos, hijos descarriados, enfermedades, vacíos, ausencias y adicciones.
Porque el bosque estaba ahí. Y en cualquier momento podíamos ponernos a la cola
y pagar la entrada para acceder a él.
Este no es nuestro estilo de familia y sin
embargo ahí estábamos, aunados por los sueños, por las expectativas, por las
ganas, pero, sobre todo, por las letras. Hay tiempo para todo,
pensábamos. Por eso nos regodeamos en los abrazos, las anécdotas, las risas,
las fotos compartidas en uno y otro grupo. Pero el tiempo se iba muy rápido, y
de la comida bajo la sombra oscilante de una sombrilla enorme, salimos
corriendo sin pagar.
La terraza de la Ser, ese ansiado podio al que llegar,
estaba inundada de fotografías de años pasados, de rostros que nos salían al encuentro
desde julios lejanos y cercanos. Recuerdos que, a quienes posábamos ante el
señor que había salido a fumar, nos ahogaban sin remedio en esa casa
navegable. Y el pobre fumador sin poder encender su cigarrillo, nos sugería
sitios, culos de estatuas, sol, sombra, ¿cómo iba a imaginarse que no
sabíamos nadar?
Calados hasta los huesos, vivimos el encuentro con Francino,
siempre tan cercano, siempre tan acogedor, ¡y las fotos que nos sacaron con un
móvil que no era nuestro! ¿Me estás escuchando, tía?¡Que nos
quedamos sin foto con Carles! ¿Cómo no le dimos un móvil de los nuestros? ¿Dónde
la van a publicar?
Prueba de cascos. Decid algo. Nosotros no sabemos decir sin
boli, sin un teclado, sin una frase inicial que dispare el torrente de
palabras. Y empieza el programa. Y queremos que termine y queremos que no acabe
nunca. Le pedimos al técnico que haga todo lo posible por mantenerlo con
vida un poco más. Pero el final llega, y el veredicto y la alegría en
vivo de dos campeones que arañaron el premio gordo.
Fotos de familia, charla con el jurado, más codos y abrazos.
Y promesas, y desafíos. El año que viene estaremos aquí otra vez, nos decimos los
repetidores con nuestra incontrolable afición por los viajecitos
interplanetarios.
Al salir, en la puerta de la Ser nos esperaba una comitiva. Ganadores
de Rec, amigos de siempre, representantes del gremio microrrelatista dispuestos
a brindar por las letras, vendedores de magma y cenizas y alguien que
pasaba por ahí.
Después de las cervezas de rigor, nos despedimos buscando
las luces de la Gran Vía porque la noche ya había caído sobre Madrid. Entonando
promesas de reencuentros terraceros que ojalá podamos cumplir todos. Y sabiendo
que pase lo que pase nos volveremos a abrazar. Si no, no seríamos nosotros
mismos. Esa era fácil. Subordinada condicional.
Hoy es un día de fiesta. Como siempre lo es el día de la final anual de Relatos en Cadena.
Sí, siempre hace la misma ilusión. Siempre produce ese cosquilleo, ese nerviosismo, esa anticipación entre los omóplatos, hayas pasado las veces que hayas pasado por allí.
Puede sonar conformista, pero aquí lo importante no es ganar. Es llegar a la ansiada terraza, es hacer nuevos amigos y estrechar lazos con aquellos con los que ya se ha compartido la experiencia.
Y el premio está en disfrutar de este día especial.
A aquellos que queráis acompañarme, hoy estaré asomándome a La Ventana desde la Gran Vía entre las 18 y las 19:20, momento para el cual ya conoceremos al ganador/a REC 2021.
Mucha suerte a todos mis compis. ¡A pasarlo bien, que eso es lo importante! (consejo de una veterana en estas lides).
Final Relatos en Cadena 2017La terraza de la Ser en 2018Mi dream team de 2019
Mañana, añadiremos una nueva foto a la colección. ¡Gracias a tod@s por el apoyo de siempre!!
Solo puedo agradecer. Agradeceros cada uno de los 175 votos con que me habéis dado el empujón definitivo hacia mi objetivo de alcanzar esta «cuarquinta» final anual consecutiva de Relatos en Cadena, el concurso organizado por el programa La Ventana de Cadena Ser y la Escuela de Escritores.
Agradeceros todos esos mensajes de aliento. Todos esos tréboles y esos corazones que me habéis hecho llegar durante todo el día. Agradeceros ese mensaje repetido con que os habéis alegrado de mi triunfo: «se ha hecho justicia poética».
Me gusta la justicia, y más aún la poética. Mi relato Experta me ha servido de pasaporte para sacarme la última partícula de espinita que pudiera tener clavada. Ya no hay espinas, estamos a mano.
Ser reconocida en los concursos es un aliciente que me empuja a seguir escribiendo. Pero no es el único. Por esta temporada, ya no será para REC… ¡Pero hay tanto otros buenos motivos para escribir!
Si queréis escuchar la final mensual, podéis hacerlo en este enlace a partir del minuto 19.
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