por pcollazo | Feb 5, 2016 | En pocas palabras
Mi madre dice que mis ideas son descabelladas. Que eso de ser actriz es para niñas bien y no para una jovencita de barrio como yo. Pero yo no le veo la lógica. Me parece un razonamiento absurdo. Descabellado es pretender escalar el Everest si no has subido ni al monte de tu pueblo. Descabellado es conducir una moto después de cinco copas, en plena tormenta y de noche, como hizo el de la Paqui, en paz descanse. Descabellado es llegar a casa una hora después de lo permitido y no esperar que tu padre te de una buena tunda.
A veces, cuando me dejan un rato en el baño, cosa bastante inusual en una casa en que vivimos ocho personas y un baño, me paro frente al espejo y tiro de mi pelo hacia arriba para comprobar si mi madre tiene razón. Si mis ideas fueran tan descabelladas, mi melena lisa y larga se soltaría y me quedaría con ella en la mano. Pero no es así.
Anoche le dije a mi madre que iría a un casting en la capital, y por supuesto, puso el grito en el cielo. Lo colgó de una nube y tuvo que ir a la azotea a por él. Porque mi madre sin su grito, no es nadie. Para demostrarle lo equivocada que está, aproveché ese momento en que se había quedado sin grito, y me colgué del pelo desde una rama del árbol que está junto al portal. Hay que ver lo bonito que es el atardecer contemplado desde allí.
Cuando mi madre recuperó su grito, vino a por mí, y me cantó cuatro verdades. Verdades para ella, que para mí eran todas mentiras. El asunto es que yo no me bajé de mi árbol ni por esas y comencé a balancearme para demostrarle que de descabellada no tengo nada.
Así nos tiramos horas Ella poniendo el grito en el cielo y yendo a buscarlo, y yo columpiándome en mi rama.
Hace ya un buen rato que se ha ido a buscar su grito, tal vez se haya quedado dormida en el camino. No digáis nada, voy a aprovechar para descolgarme, peinarme la melena y coger el primer autobús que vaya para la capital.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Mike Dempsey:

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por pcollazo | Ene 29, 2016 | En pocas palabras
Cuando nuestra casa fue blanco del primer bombardeo, mi padre estaba tocando el piano junto a la ventana, encerrado en su sala de ensayo. No pensó en mi madre, que murió en la cocina atravesada por las esquirlas, ni en mis hermanos y yo, que en el cuarto de las partituras, hacíamos los deberes. En cambio, se abrazó a su tesoro, el piano Steinway & Sons, intentando protegerlo del desastre. Y lo consiguió. Pero a cambio de salvarle la vida, se quedó sordo a causa de las explosiones.
Los niños, como cucarachas, sobrevivimos a todo. Y más allá del susto, resultamos ilesos. Ilesos si no se tiene en cuenta que perdimos a nuestra madre y fuimos testigos del ataque de locura que sufrió mi padre cuando se dio cuenta de que estaba sordo.
Las lágrimas con que no lloró a mi madre, las vertió todas mientras se golpeaba los oídos contra la cola de su piano y la frente contra el teclado.
Sobrevivimos a que permaneciera encerrado en su sala de ensayo y no nos diera ni una palabra de consuelo. Porque así como dejó de escuchar, dejó de hablar.
Los bombardeos, como todos sabéis, se han convertido en cosa de día sí y día también. Mi tía, que es quien nos cuida, insiste en que permanezcamos en la sala de partituras cuando las sirenas empiezan a tocar, más por superstición que por seguridad. Como la primera vez nos salvamos, no es cuestión de intentar desafiar al destino.
El bombardeo de ayer destrozó el tejado por completo, hizo estallar puertas y ventanas y echó a volar las partituras de mi padre desde los desaparecidos estantes. Los niños quedamos cubiertos por ciento de páginas plagadas de notas musicales. Y parece que eso, una vez más nos salvó. Mi padre no salió de su sala de ensayo ni siquiera después de que su adorado piano quedara destruido por completo y la puerta cediera. Con su traje de gala, como si fuera a dar un concierto de un momento a otro, se pasea entre los restos de madera murmurando palabras que no llegamos a comprender. No quiere vernos, por eso procuramos escucharle a escondidas, por si estuviera diciéndonos algo importante. Pero creo que no. Creo que simplemente le está hablando a su piano, confiándose a él.
Y lo cierto es que esas astillas desperdigadas nos están dando un poco de celos. Pero no hay tiempo ni de ponernos celosos. Las sirenas vuelven a sonar.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta foto de Arthur Tress

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por pcollazo | Ene 24, 2016 | En pocas palabras, Premiados
Aburridos, se rascan los lomos unos contra otros, pugnando por terminar con la inmovilidad a la que están sometidos.
De vez en cuando, un conejo echa un vistazo a su reloj de bolsillo y confirma que se está haciendo tarde. Los zapatos rojos de una bruja corretean sobre la madera, y una oruga fuma aburrida de tanto esperar. Los naipes de corazones juegan solitarios, y un globo presto a partir, espera nuevos ocupantes.
La rosa del niño rubio aún no se ha marchitado, a pesar de llevar años presa entre dos páginas. Eso, es lo único que les impide claudicar.
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por pcollazo | Ene 22, 2016 | En pocas palabras
Siempre me he creído asimétrica. Al menos con respecto a los ejes conocidos. Por más que me acercara al eje de ordenadas, no conseguía aceptar ninguna orden. Quizá, porque la primera y más importante de ellas en mi familia, era encontrar un marido.
Desechado el eje de ordenadas, lo intenté con el eje equis. Otro fracaso. Nunca me gustaron las ambigüedades, el camuflarme detrás de una incógnita, los fingimientos, vamos, otro de los pilares del orgullo en mi círculo familiar.
Por eso me salí del círculo, y avancé sin rumbo, sin traza, sin dirección fija. Conocí planos inclinados, concavidades insospechadas, espacios de dimensiones no catalogadas.
Hasta que tangencialmente, me acerqué a ti. Tan bella y libre. Tan alejada de todos los ejes convencionales. Tan transparente y curva. Tan mujer.
Entendí entonces que mis variables no eran las que creía. No eran las que me habían forzado a asumir colmando mi infancia de muñecas y barnices de uñas. Entendí que no soy asimétrica, sino que lo estaba intentando con los ejes incorrectos.
Me enamoré. Para mi sorpresa, nos enamoramos. Nuestra perfecta simetría de senos desnudos contra senos desnudos, ocupó todo el espacio. Y contra toda razón trigonométrica, me supe par.
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por pcollazo | Ene 18, 2016 | Noticias
Hoy he tenido el orgullo de que mi relato «En sepia» recibiera el Segundo Premio en el quinto certamen de microrrelatos “Escríbeme una foto” organizado por la revista “Escritores de Rivas”.
Tuve la suerte, además, de estar acompañada en el podio por mi amigo Ángel Saiz Mora que se ha llevado el primer premio con su excelente relato «El remiendo».¡Enhorabuena, Ángel!.
Como en las otras oportunidades, ha sido una experiencia muy gratificante.
Me han regalado libros, entradas para el teatro y un bonito diploma que buscará hueco entre las fotos y diplomas familiares. Un reconocimiento que me ha hecho mucha ilusión.
¡Gracias a todos por el apoyo, los aplausos, y sobre todo por estar siempre ahí!

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