En la II Maratón de microrrelatos Valencia Escribe – Massalfassar

En la II Maratón de microrrelatos Valencia Escribe – Massalfassar

Hace unos días he tenido el placer de repetir mi experiencia del año pasado, participando una vez más en la Maratón de microrrelatos de Valencia Escribe. Esta vez con más suerte ya que he llegado a la final para quedar clasificada en el cuarto puesto. Un verdadero honor, ya que he estado rodeada de grandes y admirados escritores.

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Lo más importante ha sido lo bien que nos lo hemos pasado, el clima de camaradería que acompañó el desarrollo de la competición y la posibilidad de jugar con las palabras, con el tiempo, con el desafío.

Después de tres rondas y la final, me he llevado a casa muchas satisfacciones, mucha complicidad, esa sensación de vértigo que produce el no saber con qué te encontrarás y cuatro textos que compartiré a continuación. Todos ellos escritos en el plazo máximo de media hora.

Aquí un resumen de mi paso por las pruebas:

Primera ronda: un microrrelato de entre 75 y 150 palabras que comience con la frase «Elegí un mal día para dejar de fumar». Allí surgió mi Séptimo cumpleaños.

Segunda ronda: un microrrelato de entre 75 y 150 palabras que termine con la frase «No sé cómo acabé en la cama con tres desconocidos». Mi respuesta, estas Memorias.

Tercera ronda: un microrrelato de entre 75 y 150 palabras que incluya las palabras Boxeador y Telegrama. Surgió entonces este Profesiones.

Gran final: un microrrelato de entre 50 y 75 palabras que comenzara con la siguiente frase: «El tren se retrasa». Allí me la jugué con este 25 de julio.

 

Un gran día lleno de letras y amigos. ¿Qué más se puede pedir?

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25 de julio

25 de julio

El tren se retrasa. Ella vuelve a plegar el kleenex y lo guarda. Lo necesitará. Intenta visualizarlo subiendo al tren en Madrid. Esta vez es la definitiva. Acordaron que si alguno de ellos faltaba a la cita, todo terminaría.

La noche de Santiago está cargada de fiesta. Recorre el andén. La gente se altera. Los altavoces escupen las palabras accidente, curva, informaremos… Tiembla. Estruja el pañuelo. Ahora puede visualizarlo cogiendo ese tren. Y también sabe que nunca llegará.

25 de julio

Profesiones

– Boxeador, quiero ser boxeador.

Alicia lo miró extrañada. Había bomberos, profesores, futbolistas, pero ¿boxeadores? Nunca antes un niño  había contestado eso a la pregunta que hacía cada curso, al estudiar los oficios.

Marcos supo que había dicho algo que no debía. Algo de lo que su mamá le recomendaba no contar jamás.

Por eso, cuando la profe preguntó ¿por qué?, él regresó a su lenguaje monosilábico de telegrama y se encogió de hombros.

Ya en casa no quiso contarle a mamá lo sucedido. Temía hacerla llorar, como cuando le decía que de mayor sería príncipe para rescatarla del ogro y llevarla lejos. Esos son cuentos, cariño, le contestaba siempre. Por eso él había cambiado de plan. Sería boxeador. Como ese que en la tele había volteado a un hombre enorme con un solo golpe. Un hombre enorme y sudoroso. Y en calzoncillos. Sí, de mayor sería boxeador. Ya se enteraría papá.

25 de julio

Memorias

Salir aquella noche fue el primer error. Debería estar prohibido por ley pisar un bar cuando recién has roto. No se piensa con claridad ni siquiera antes de la primera copa. Menos si se llevan seis, como cuando ella apareció.

Se acercó a la barra y me sonrió. Me había elegido. O eso creí entonces. La invité a una copa. Hablamos. No sé de qué. Reímos. Tampoco sé de qué. Y bebimos más. Quién sabe qué. Empecé a creerme Cristian Grey. A olvidar a María. ¿Quién era María? El olvido es un camino fácil de transitar. Como el pasillo por donde seguía sus piernas enfundadas en seda negra. Poco recuerdo de lo que pasó después. Memoria selectiva. Inoportuna, más bien. Porque cuando me dejó encerrado, ella tenía la cara de María. Me eché a llorar. No era el único. Otros lloraban sus carteras o sus iphones perdidos. No sé cómo acabé en la cama con tres desconocidos.

25 de julio

Reencuentro

Lo de esforzarse lo decían todos los profesores. Pero yo solo la escuchaba a ella. Cuando encargó el trabajo del poema, escribí los versos de amor más cursis de todos los tiempos esperando impresionarla con mis dotes de poeta. Ella me lo devolvió con un discreto seis y varias observaciones sobre mi ortografía. No había entendido que la dedicatoria “Para A.C.” contenía sus iniciales. O eso creí hasta que ayer, después de tantos años,  volvimos a encontrarnos.