Salir aquella noche fue el primer error. Debería estar prohibido por ley pisar un bar cuando recién has roto. No se piensa con claridad ni siquiera antes de la primera copa. Menos si se llevan seis, como cuando ella apareció.

Se acercó a la barra y me sonrió. Me había elegido. O eso creí entonces. La invité a una copa. Hablamos. No sé de qué. Reímos. Tampoco sé de qué. Y bebimos más. Quién sabe qué. Empecé a creerme Cristian Grey. A olvidar a María. ¿Quién era María? El olvido es un camino fácil de transitar. Como el pasillo por donde seguía sus piernas enfundadas en seda negra. Poco recuerdo de lo que pasó después. Memoria selectiva. Inoportuna, más bien. Porque cuando me dejó encerrado, ella tenía la cara de María. Me eché a llorar. No era el único. Otros lloraban sus carteras o sus iphones perdidos. No sé cómo acabé en la cama con tres desconocidos.