Lo de esforzarse lo decían todos los profesores. Pero yo solo la escuchaba a ella. Cuando encargó el trabajo del poema, escribí los versos de amor más cursis de todos los tiempos esperando impresionarla con mis dotes de poeta. Ella me lo devolvió con un discreto seis y varias observaciones sobre mi ortografía. No había entendido que la dedicatoria “Para A.C.” contenía sus iniciales. O eso creí hasta que ayer, después de tantos años,  volvimos a encontrarnos.