por pcollazo | Dic 30, 2017 | En pocas palabras
El problema de que te toque ser Papá Noel en un país del hemisferio sur, es que aún no se ha inventado el terciopelo de verano, ni las pelucas con ventilación, ni las botas que no te achicharren los pies cuando hay cuarenta grados a la sombra.
Te cuestionas entonces cómo puede ser que esta gente mantenga una tradición tan anacrónica que no solo te obliga a perder dos kilos por día mientras te sacas cientos de fotos y escuchas pedidos, si no que también les obliga a ellos a atiborrarse de turrones, mazapanes y chocolate caliente en pleno verano.
Entonces, piensas, mientras sostienes la barba para que el siguiente niño que sientas sobre tus rodillas no la descoloque cuando tire de ella, que el milagro de Navidad sería que le permitieran a Papá Noel usar traje de baño y dejaran de comprar árboles con nieve simulada sobre sus ramas, si aquí no nieva ni siquiera en invierno.
Aunque lo del traje de baño, piensas, te dejaría sin trabajo. Porque esa misma protuberancia abdominal que te ha dado puntos para ganártelo, no sería bien vista si quedara al descubierto. Y en el mejor de los casos, si consiguieras mantener tu trabajo, los niños en lugar de tirarte de la barba, te apretarían los pechos como si quisieran ordeñarte.
Entonces, despegándote disimuladamente el traje empapado en sudor, decides que es mejor seguir siendo un Papá Noel tradicional y preguntas a la niña que la madre sienta sobre tus rodillas contra su voluntad, qué quiere que le traigas. La niña llora desmesuradamente y te llena la chaqueta de mocos, por lo que agradeces que no haya calado la lógica en la mente de la gente de este país y que sigan idolatrando a un señor vestido de rojo gracias a la coca cola.
El veinticuatro de diciembre llega al fin y tu trabajo está a punto de acabar. Resistes sentado en tu sillón (que por cierto es también de terciopelo) estoico y decidido hasta las tres de la tarde, momento en que se cierran oficialmente los buzones cubiertos de nieve y debes retirarte a prepararlo todo para el reparto de la medianoche.
En los vestuarios del centro comercial, antes de comenzar a desvestirte, te miras al espejo: la barba ladeada, la chaqueta empapada en sudor, el gorro a punto de descoserse y las gafas sin cristales resbalando por tu nariz por última vez.
Entonces decides que el trabajo hay que hacerlo bien y hasta el final, y dejando pasmados a los elfos que aliviados bromean entre ellos, silbas con ese silbido fuerte y limpio que solo un Papá Noel auténtico es capaz de producir.
Al instante, tu trineo aparece a las puertas del centro comercial, sobre el asfalto que parece a punto de derretirse. Y tus renos disimulan el calor que da una piel de reno en estas latitudes, mientras cargas los sacos llenos de cartas y coges las riendas.
Un silbido corto, un movimiento enérgico y el trineo sale volando bajo el sol sofocante de la tarde de verano.
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por pcollazo | Dic 30, 2017 | En pocas palabras
Estudiado hasta el cansancio, el plan no podía fracasar. Esta vez, al menos tendrían que dejarnos carbón. O darnos una explicación.
Organizamos turnos de guardia entre Laura, los mellizos y yo.
Me tocó el segundo. Recibí el testigo sin novedad. Los zapatos seguían vacíos.
A las seis desperté a los mellizos. Somnolientos se sentaron en el pasillo temblando de frío. Agotado, me fui a dormir.
Cuando papá llegó ebrio, como casi cada noche, los encontró allí y pagó con ellos que mamá no estuviera esperándolo. Los mellizos acabaron en urgencias.
Fue así como supimos que los reyes eran los padres.
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por pcollazo | Dic 23, 2017 | Noticias
Hoy he tenido la alegría de comprobar que mi relato Fin de fiesta, está entre los 22 seleccionados por el jurado del X Concurso de Microrrelatos Sol Cultural para participar en el libro que publicarán el próximo año.
Debo agradecer a Ángel Atanasio Rincón, en cuya serie de fotografías «Abuelos», se ha ha basado mi relato:

Un orgullo, ya que ha sido escogido entre 268 relatos. Mi enhorabuena al ganador del concurso, mi amigo y compañero de finales Francesc Barberá.
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por pcollazo | Dic 23, 2017 | En pocas palabras, Premiados
Mi madre había dicho que por respeto no iríamos a la feria. Yo no lo entendía. Pero tampoco tenía mucho ánimo. Además, llevaba días enferma.
Las fiestas estaban ligadas al abuelo desde que de pequeña se montaba conmigo en el tiovivo y no se cansaba de dar vueltas sosteniendo mi inseguridad al vaivén de aquellos corceles sin crines. O cuando me enseñaba a apuntar en el tiro al blanco y ganaba para mí aquellos enormes peluches.
De todos modos, aquel año, las fiestas fueron suspendidas. Una tormenta de lluvia y viento impidió abrir los puestos y montar las atracciones.
Cuando paró de llover, el abuelo vino a buscarme con un globo rojo y su sonrisa de siempre. No me importó que llevara muerto un mes. Cogí confiada su mano y nos fuimos a la feria.
Allí estamos, saltando charcos entre los puestos vacíos, desde hace una eternidad.
Relato basado en la serie de fotografías “Abuelos” de Ángel Atanasio Rincón


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por pcollazo | Dic 4, 2017 | Noticias
El viernes 1 de diciembre, Día mundial de la lucha contra el Sida, mi relato Estreno ha sido reconocido entre los cinco finalistas del VI Concurso de Relatos breves sobre la Prevención del Sida organizado por Madrid Salud (Ayuntamiento de Madrid).
En el acto celebrado en el Palacio de Cibeles, en el marco de una jornada científica relacionada con la lucha contra esta enfermedad, he leído mi relato y he recibido un detalle por parte de la organización.
Escribir sobre un tema como el Sida, es una forma de aportar un pequeño granito de arena para evitar que se olvide la importancia de los mecanismos de prevención, el apoyo a la investigación y la lucha por terminar para siempre con esta enfermedad. Y recibir un reconocimiento por ello, es un lujo.
Gracias a Madrid Salud por darme la satisfacción de resultar finalista en este concurso por segunda vez.

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