Tercer Premio en el XI Concurso de Relatos Marbella Activa

Tercer Premio en el XI Concurso de Relatos Marbella Activa

Ayer he tenido la suerte de visitar Marbella por tercer año consecutivo para recibir en esta oportunidad el tercer premio en el XI Concurso de Relatos Marbella Activa.

He tenido el honor de que el jurado decidiera conceder este reconocimiento a mi relato Paraíso Low Cost (puedes leerlo aquí).

En esta edición el tema era «Paraísos«, una palabra muy inspiradora y que da para explorar una gran diversidad de caminos.

Mi enhorabuena a Lola Sanabria que se ha alzado con el primer premio con su fantástico relato «El viaje de mamá», así como al resto de premiados y finalistas.

Muchísimas gracias Marbella Activa por esta apuesta permanente por la cultura y la literatura en particular.

Paraíso Low Cost

Paraíso Low Cost

Este año nos vamos de vacaciones al reloj de arena. Papá dice que el presupuesto no da para más y mamá murmura por lo bajo, mientras fríe los filetes empanados y prepara la nevera azul.

A mi hermano Guille ya no le sirven las chanclas del año pasado, por lo que mamá le ha fabricado unas con el envoltorio de los huevos. Y como ha escuchado que el protector solar caduca de un año a otro, ha cambiado con rotu permanente la fecha que aparecía en los dos botes que teníamos por la mitad.

Después de todo, el sol no será tan fuerte dentro del reloj, ha razonado. Algo con lo que papá no ha estado de acuerdo. Que ya verá el calor que hace ahí dentro por el efecto invernadero que generará el cristal. Porque eso sí, nuestro reloj de arena no es de plástico. Es de cristal del bueno, al menos eso decía siempre su abuelo que fue quien se lo dejó en herencia a papá.

 A mí me toca reciclar el bañador de Leo, a Leo el de Guille y a Guille uno de cuando papá era flaco. La abuela trajo una sandía que el abuelo compró en la carretera. Está caliente, pero mamá la ha metido en la bañera para que se refresque mientras cotillea con la abuela en la cocina. Que si la suegra de no sé quién está en una playa paradisíaca del Caribe, que si los del cuarto se han ido a Marbella, que si su mejor amiga ha publicado una foto en la piscina del poli, que si hasta el conserje se ha pasado una semana en el pueblo…

Nosotros no tenemos pueblo, o por lo menos nadie sabe dónde queda, tampoco coche para irnos a Marbella, ni polideportivo con piscina, menos aún dinero para viajar al Caribe. Pero sí tenemos paraíso propio en el reloj de arena, remata papá entrando a la cocina triunfal con una bolsa del Día bien atada y llena de aire. Será nuestra pelota inflable.

Está todo preparado: las sombrillas hechas de paraguas rotos, las esterillas con los felpudos que papá distrajo en todo el bloque, las sillas plegables que fabricó con la cesta de la colada, las toallas coloridas que la abuela confeccionó con los paños de cocina viejos y hasta un par de palmeras que los niños dibujamos en cartulina con sus cocos y todo, las plantaremos en una duna no muy cerca de la orilla para que no se nos mojen y se destiñan.

Se respira la expectativa de un día largamente esperado. Los niños estamos alborotados, las mujeres locuaces y los hombres inusualmente amables entre ellos.

Papá y el abuelo sacan el reloj al patio. Lo depositan en la mesa de metal cubierta de decenas de capas de pintura blanca. Entre todos acarreamos los bártulos y los acomodamos en torno a la mesa. Luego, los mayores se sientan en las sillas cubiertas con almohadones plastificados y los niños sobre las faldas de las mujeres o como indios en el suelo.

Papá dice que para poder entrar tenemos que darnos las manos. Una cadena circular de brazos enlazados rodea la mesa, los enseres y el reloj.

Cerramos los ojos. Papá insiste en que todos tenemos que imaginar a la vez, y con mucha fuerza, que ya estamos en la playa, que ya estamos disfrutando de nuestro paraíso. Yo lo hago con todas las ganas. Me parece que ya empiezo a escuchar el sonido del mar y el graznido de las gaviotas. Hasta pareciera que se percibe el grito de un vendedor ambulante ofreciendo refrescos. ¡Vamos, vamos! Estamos a punto de conseguirlo. Me siento flotar, deslizarme por un tubo y caer de culo sobre la arena tibia del fondo del reloj. Hasta que papá no lo ordene no podemos abrir los ojos.

Y cuando lo hace, lo primero que veo es la mano de mamá echándome protector solar. Gritamos de alegría, nos abrazamos triunfales y hasta el abuelo ensaya una carrerita hasta la orilla.

Plantamos orgullosos nuestras palmeras y el paraíso está completo. Convenzo a Leo para que me ayude a armar un castillo de arena. Pero la alegría no dura mucho. Cuando estamos excavando el foso de los cocodrilos, el suelo empieza a temblar, se mueve, se sacude. Nos desplomamos sin remedio hacia el cielo y todo empieza a caer sobre nuestras cabezas: sombrillas, nevera, sandía, palmeras, esterillas y filetes empanados. Mamá grita nuestros nombres y papá, puño en alto maldice al tío Joaquín, que, como siempre ha llegado tarde, y de pie en medio del patio, con los brazos en jarra, acaba de depositar el reloj invertido sobre la mesa de metal pintada de blanco. Y extasiado nos observa traspasar uno a uno, entre arena y enseres, el diminuto tubo de cristal hacia el compartimento vacío.

«En abril especialmente» en La Ventana

«En abril especialmente» en La Ventana

Hoy he tenido una oportunidad única que me ha hecho muchísima ilusión.

Abrazada a mi «En abril especialmente» entré en el estudio de la Ser, ya no con los nervios y la expectativa de una final anual sino con los nervios y la expectativa de presentar un hijo de palabras y papel ante la audiencia de un programa que ha significado tanto en mi historia en la escritura.

Como siempre, el equipo de La Ventana me ha hecho sentir en casa y acompañada en la aventura. Me he emocionado escuchando el comienzo de mi novela envuelto en la música de Serrat, he contestado con tanta firmeza como los nervios me permitieron las interesantes preguntas que me fueron lanzando, he disfrutado de la compañía a la distancia de Tomás del Rey que como siempre ha tenido las palabras justas y hasta he oficiado de jurado del concurso que tantas satisfacciones y enseñanzas me dio, mi querido REC.

¿Qué más se puede pedir? Yo diría que nada más, pero sin embargo, fue más lo que este día me ha regalado. Una deliciosa conversación con Carles Francino antes de empezar el programa, en la que me confesó que le había encantado mi novela, que la había leído del tirón, que estaba tan contento de «verme crecer». Su generosidad y calidez es bien conocida por todos los que hemos tenido la oportunidad de tratarlo. Para despedirnos, uno de sus abrazos gigantes y la alegría de sentir que tantos años de perseverancia han dado fruto. No solo en lo literario, sino también en lo personal.

Pinchando aquí podéis escuchar el podcast de este momento tan especial. O directamente dando Play:

Gracias, Carles Francino. Gracias La Ventana por permanecer siempre abierta y por la invitación a asomarme una vez más.

Me asomo a La Ventana para hablar de mi libro

Me asomo a La Ventana para hablar de mi libro

El próximo lunes 6 de mayo entre las 18:00 y las 19:00 hs tendré el gusto y el honor de volver a asomarme a La Ventana, ese programa que tantas alegrías me dio durante más de siete años, hasta llegar a la más grande de todas, que fue ganar la edición 2022/2023 de Relatos en Cadena.

Tengo tanto que agradecer a este espacio, que me ha impulsado a escribir microrrelato, a crecer, a perseverar, a volverlo a intentar una y otra vez.

Ahora, una vez conseguido aquel sueño, Carles Francino y su equipo me regalan uno nuevo: participar de la sesión La Ventana de los Libros, ya no como participante de Relatos en Cadena, sino como escritora invitada para hablar de mi novela En abril especialmente.

Estoy emocionada, nerviosa, agradecida, entusiasmada, alegre, entusiasta, temblorosa, decidida, motivada, fantástica, complacida y una lista de cien adjetivos más (todos los que no se usan en los microrrelatos han venido a acompañarme en estas horas previas).

Gracias a Carles Francino y a la Cadena Ser por mantener La Ventana siempre abierta para mí. Allí estaré envolviéndome de aire fresco, palabras y literatura. ¡Os espero!

Visionarias me entrevistará en directo: Entre códigos y palabras

Visionarias me entrevistará en directo: Entre códigos y palabras

El próximo 16 de abril a las 18 horas España (14 horas Argentina) tendré el placer de ser entrevistada por la revista de negocios para la mujer Visionarias.

Será una charla en la que ahondaremos en distintos temas. Desde el proceso creativo hasta la conciliación entre mis dos mundos (el de la consultoría tecnológica y el de la escritura) pasando por mi experiencia vital entre dos países y mi novela 𝗘𝗻 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝗶𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲.⁣
Será una conversación distinta que no os dejará indiferentes y quisiera que me acompañéis ya que se emitirá en 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗬𝗼𝘂𝗧𝘂𝗯𝗲.

¡Acompañadme, estoy segura de que lo pasaremos muy bien!

⁣ ¡Os espero!