por pcollazo | Abr 10, 2023 | Noticias
Hoy he recibido la buena noticia de que mi relato«Son los hijos» ha obtenido el segundo premio en el concurso organizado por Zenda #Historiasdepadres en el que había que escribir un relato en el que hubiera un padre.
Una alegría más, siempre renovada. Gracias, Zenda y gracias a todos quienes me apoyáis y me seguís.
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por pcollazo | Abr 10, 2023 | Cuentos enredados, Premiados
Empezábamos
en septiembre. Llevábamos las capas al tinte, lustrábamos las coronas,
cepillábamos los camellos y zurcíamos a conciencia los sacos de transporte. A
mediados de noviembre empezábamos a recibir cartas e íbamos adelantando
trabajo. Por experiencia sabíamos que después había muchas de última hora, que
llegaban el mismísimo cinco. Eran unas semanas de vorágine, de no dormir más de
un par de horas seguidas, de quebraderos de cabeza para conseguir deseos
complicados con un presupuesto que había que estirar y repartir entre muchos.
Doblábamos
prendas que seguramente tendrían que ser descambiadas, armábamos paquetes
imposibles, escribíamos los nombres de los destinatarios e íbamos tachando los
terminados de la larga lista general. Eso siempre que en nuestra lista de
comportamientos anuales el receptor mereciera recibir regalo. De lo contrario
siempre teníamos a mano los pequeños sacos de carbón, que en realidad muy pocas
veces entregábamos, porque en general los interesados se redimían a último
momento y había que envolver de prisa y corriendo su regalo.
Después
de revisar y registrar cada pedido, pensábamos regalos adecuados para aquellos
que no nos habían hecho llegar el suyo. Eso era complicado, pero nos gustaba
mucho analizar costumbres, gustos y aficiones para encontrar lo mejor en cada
caso.
Alimentábamos
equilibradamente a nuestras monturas y entrenábamos a diario largas caminatas y
levantamiento de elevados pesos.
Planificábamos
recorridos, rutas rápidas, estudiábamos atajos, accidentes geográficos y
previsiones meteorológicas.
Los
últimos días nos poníamos a dieta. Sabíamos que después nos atiborraríamos de
turrón, roscón, galletas, polvorones y todo lo que hubiera sobrado de las
celebraciones navideñas. No podíamos defraudar a nadie y en cada casa había que
hacer los honores y comer, aunque fuera un poco.
A
pesar de que parecía que nunca lo haría, el gran día siempre llegaba. Nos
vestíamos con esmero, nos cobijábamos en nuestras capas y montados en los
camellos seguíamos la estrella arrastrando los sacos cargados de regalos.
Procurábamos
pasar desapercibidos y dejar los paquetes sobre los zapatos mientras todos
dormían, pero siempre había algún niño que nos veía desde un par de ojos
restregados a causa del sueño y la incredulidad. Y la ilusión de aquellas
caritas hacía que todo el esfuerzo valiera la pena.
Por
eso, desde que nos dijeron la verdad, echamos tanto de menos todo aquello.
Alguna vez teníamos que saberla, sí. Es ley de vida. Pero no por eso es menos
decepcionante. De un día para otro, un hermano mayor o un amiguete que nos saca
unos años y que ya tiene bisnietos, nos lo deja caer.
Al
principio no lo crees. ¿Qué los niños son los hijos? ¿Qué todas esas caritas
ilusionadas que nos esperaban cada año no existen? ¡Anda ya! Al principio no te
lo crees ¿Cómo va a ser verdad que no eres rey y menos que menos mago si
durante tantos años has estado comportándote como tal? ¡Pero si hasta en las
noticias aparecían las novedades sobre nuestros preparativos y nuestro viaje!
¡Si en cada ciudad nos recibían con grandes cabalgatas y emoción!
Que
no, te dicen. Es que los niños han querido mantenerte la ilusión. Porque no hay
nada más bonito que la inocente ilusión de un padre entregado.
Y
te quedas de piedra, y lloras un poquito procurando que no se note. Y te
preguntas qué harás el próximo 5 de enero por la noche, cuando ya no tengas que
andar de puntillas porque ya sabes que todo el mundo dejará de simular que eres
un verdadero rey.
Lustras
tu corona, llamas a tus hijos y les explicas cómo sacar mejor partido de un
presupuesto limitado, cómo alimentar correctamente a los camellos, cómo
organizar las cartas por zona geográfica y mantener el inventario de regalos
siempre actualizado. Cómo identificar el regalo perfecto para los que no envían
carta, y por último pones a su nombre el apartado de correos al que te ha
llegado la correspondencia durante toda la vida. Les entregas la corona y haciéndoles
todo tipo de recomendaciones, les dices que tienes un secreto muy importante
que contarles y les haces creer que ellos son los reyes. Te da un poco de pena
mentirles, pero la ilusión con que palpan tu capa de terciopelo y acarician los
camellos hace que sientas que estás haciendo lo correcto.
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