por pcollazo | Sep 16, 2018 | En pocas palabras
Cada vez se hace más difícil disimular las ausencias. Pero ella se ha prometido reponerlo todo cuando los números cuadren mejor.
Por ahora, con la Barbie doctora ha conseguido pagar la última factura de teléfono y con su automóvil rosa, evitar que les corten el gas.
El coche con mando a distancia ha durado apenas unas horas en Wallapop, como la bicicleta con ruedines de Hugo, que de todos modos, seguro ya le iba a quedar pequeña el próximo verano. Gracias a ellos podrá llevar a la niña al dentista rogando que ese diente torcido no requiera tratamiento.
– ¿Mamá, tú sabes dónde están mis patines?
Publicados en Segunda mano, piensa. Pero sonríe negando con la cabeza. Como cuando le preguntan si sabe cuándo regresará papá.
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
por pcollazo | Sep 16, 2018 | En pocas palabras
Ya no hay bicicletas colgadas en el garaje. Del cajón de la cocina han emigrado las cucharas soperas. Una ráfaga de viento norte ha desnudado las fotografías y sus habitantes tiritan en veranos lejanos. Las últimas pompas han explotado contra los azulejos del baño dejando una huella de alma aplastada. El bote de Colacao contiene un peñasco petrificado, que no cede al agua caliente ni a las lágrimas con lejía.
Los guantes de goma ya no protegen tus manos, pero te los dejas, porque te recuerdan al pato amarillo que se suicidó en la bañera.
Es día de limpieza general. Aunque de aquella suciedad, no quede ni rastro.
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
por pcollazo | Sep 14, 2018 | En pocas palabras
Y cómo es que no utilizaron la bomba, preguntan en la bicicletería. Mi madre mira sin entender.
– La bomba, esto, para hinchar los neumáticos. – dice el hombre señalando el cilindro negro.
Ambos descubrimos entonces el aparato enganchado al cuadro.
– Ya… – sigue diciendo él sin percatarse de nuestras caras de asombro – Es que con el tiempo, normalmente fallan. Seguramente no ha funcionado, ¿no?
En realidad no hemos intentado utilizarlo. Desde que estamos solos, mamá tiene alergia a las herramientas. Si algo se rompe, se tira.
Salimos de la bicicletería con los neumáticos y los ojos de mi madre hinchados. Una estúpida bomba, repite para sí. Me detengo hasta obligarla a agacharse. Entonces le planto dos besos y un abrazo. Ella llora. Y me deja montar en bici aunque no lleve casco.
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
por pcollazo | Sep 14, 2018 | En pocas palabras
María da un portazo y baja apresurada las escaleras. Intenta recordar dónde han aparcado el coche, pero su mente está nublada y solo recuerda los últimos reproches entrecruzados.
Pablo sube las escaleras del trastero manteniendo en equilibrio su bicicleta sobre el hombro. La apoya junto al portal y la mira orgulloso. Tanto tiempo ahorrando para conseguirla y allí está, invitándolo a atravesar las calles silenciosas de mañana de domingo hasta salir de la ciudad.
María ha dado con el coche y desplomada en el asiento del conductor, no consigue que la llave se deslice en el contacto. Tiene ganas de vomitar. La cabeza le duele junto a la sien derecha y la voz hiriente le lacera en las costillas.
Pablo pedalea acompasado, con el viento abombando la camiseta que empieza a humedecerse con el sudor. Atento a cada sonido, a cada pequeño matiz en el traqueteo suave de las ruedas sobre el asfalto. Respira profundo para encarar la cuesta de la avenida que lo pondrá sobre la carretera. Observa la serpenteante línea gris que le invita como una amante sensual y sonríe imperceptiblemente.
María se ha saltado dos stops y ha pasado un semáforo en dudoso verde. Lo único que quiere es alcanzar la carretera y poner distancia. Se habían prometido no volver a beber pero otra vez lo han olvidado, alcanza a pensar antes de poner el coche a 120 en la recta.
Pablo empieza a notar el esfuerzo pero intenta mantener el ritmo. La carretera solitaria, el sol brillante, la franja blanca a su derecha como una guía lo invitan a perseverar. Y lo hace. El sudor resbala entre sus omóplatos en un serpenteante río que se detiene justo al llegar al filo de su malla. Debajo del casco, el pelo húmedo se le pega al cuero cabelludo como si estuviera nadando en la piscina y el agua clorada se estuviera colando bajo su gorra de agua.
María ve un punto a lo lejos. Una figura indescifrable que va creciendo en tamaño, como un molesto lunar sobre el asfalto, que la distrae de sus pensamientos y no le permite encauzarlos.
Pablo ve que un coche se acerca por el carril contrario y piensa que parece ir de prisa, que será mejor que se mantenga bien a la derecha porque. Allí se cortan sus pensamientos. Los de María, salen disparados por el impacto en todas direcciones. En un arcén, que cree haber atropellado a un animal, en el otro, la imagen de los números de la camiseta de Pablo y una rueda de bicicleta aplastada. No se detiene a recoger sus pensamientos porque intuye que no le gustará lo que vea. Intenta concentrarse en huir aunque no quiere saber de qué.
Los pensamientos de Pablo han regresado aunque no consigue acomodarlos y formarse una imagen de lo que está pasando. Un coche azul se detiene a su lado. Escucha gritos, voces nerviosas, y poco después, sirenas. Quisiera que callen que todos callen. Le obligan a abrir un ojo y no ve su bicicleta nueva en la pupila preocupada que lo observa.
– Menos mal que llevaba casco – dice alguien.
– Eso no ha sido suficiente – replica otra voz.
Y Pablo sabe que se está muriendo sin entender cómo ni dónde.
Sus pensamientos, cada vez más confusos, se derraman sin remedio para entremezclarse con los de María, que permanecen temblorosos y asustados en el arcén.
Después, alguien le cierra los ojos. Como si el sol cada vez más alto, pudiera hacerle daño en las pupilas.
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...